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Jueves, 6 de agosto de 2009

DEMASIADO AMOR, DE LINA WERTMÜLLER, CON SOPHIA LOREN

La vuelta del “cinema più brutto del mondo”

 Por Horacio Bernades

3

DEMASIADO AMOR

Peperoni ripienei e pesci in
faccia, Italia/España, 2004

Dirección: Lina Wertmüller.
Guión: Umberto Martino, Elvio Porta y L. Wertmüller.
Intérpretes: Sophia Loren, F. Murray Abraham.
Estreno en proyección DVD en los cines Arteplex (Centro, Caballito y Belgrano).

En los años ’70, Arcangela Felice Assunta Job Wertmüller von Elgg Spanol von Brauchich (más conocida como Lina Wertmüller) logró cierta fama, y hasta un aura artística y progre, gracias a una serie de subcomedias all’italiana de humor gruesísimo, que mechaban referencias políticas más gruesas aún. Siempre con Giancarlo Giannini como depositario de los dardos, Mimí metalúrgico, Amor y anarquía, Pascualino Sietebellezas e Insólito destino llegaron a gozar de carácter legendario en el circuito “de arte” argentino. A la altura de Amor, muerte, tarantela y vino, su primera película con Sophia Loren (1978), ya era evidente que el espejismo se sostenía sobre los más vulgares estereotipos culturales, sexuales, regionales, cinematográficos y políticos. Algo que las películas siguientes (Sotto, Sotto..., Noche de verano con perfil griego, etc.) confirmaron hasta el hartazgo. Reunión de Wertmüller & Loren un cuarto de siglo más tarde, Peperoni ripieni e pesci in faccia –que se estrena en Argentina con cinco años de demora, en proyección DVD y el título Demasiado amor– no podía sino profundizar la decadencia de ese arte que nunca fue.

Con 70 años encima, la Loren es un ejemplo perfecto del retoque bien hecho, y para más de una candidata al bisturí sería bueno observar el trabajo con atención. Eso es, seguramente, lo único salvable de esta comedia alla Campannelli, en la que la familia de Sophia se reúne a celebrar el cumple de la nonna. Si resulta curioso que el padre sea un ex periodista estadounidense devenido humilde pescador napolitano (F. Murray Abraham, Salieri en Amadeus), más curioso es que no sólo él sino todos los que lo rodean estén doblados al italiano. El motivo es muy sencillo: por cálculos de distribución, el idioma original de esta típica commedia napolitana no es, como podría suponerse, el de Dante, sino el de Shakespeare (con perdón por ambas referencias). También a la Loren le toca hablar fuera de syncro. Y como si estuviera todavía en Dos mujeres (1960), Sophia hace de la sufrida mamma, que carga sobre sí el peso de la familia en pleno y cree que el marido la engaña. Ya descubrirá que no es tan así, como las reglas de la complacencia lo indican. Entre postales mediterráneas, va fangulos, gesticulaciones, madonnas mias, chistes de cantina, mannaggias, mujeres que abandonan a su familia y les pegan por eso (Wertmüller siempre fue una campeona de la misoginia), parmigianas, canzonettas, actores de telenovela y actrices españolas que están ahí por cuestiones de coproducción, Demasiado amor es la clase de película que explica por qué hay un libro sobre cine italiano llamado Il cinema più brutto del mondo.

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La Loren, un modelo de bisturí.
 
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