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Sábado, 15 de abril de 2006

ENTREVISTA A HORACIO ALTUNA, QUE EXPONE EN EL RECOLETA

“El Señor López no se animaba a enfrentarse con la realidad”

El dibujante que, junto al guionista Carlos Trillo, creó algunos de los personajes de historietas más populares de las últimas décadas, como El Loco Chávez o Las puertitas del Señor López, expone su obra retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, bajo el título general de Imaginario.

 Por Oscar Ranzani

Uno de los grandes nombres de la historieta adulta argentina, Horacio Altuna, está en Buenos Aires por escaso tiempo ya que reside en España desde 1982, época que marcó la génesis de la disolución de esa dupla talentosa que formó junto a Carlos Trillo hasta 1987. Actualmente se está presentando la muestra retrospectiva Imaginario, compuesta por cientos de dibujos de Altuna en el Centro Cultural Recoleta (ver aparte). Junto a Trillo, Altuna vivió uno de sus momentos de esplendor a través de dos historietas tan distintas pero que acapararon la atención de sus lectores: El Loco Chávez y Las puertitas del Señor López. Altuna nació dibujante. Por eso nunca aprendió en ninguna escuela. Antes de agarrar la pluma se dedicaba a criar pollos a los 23 años, pero fundió con ese negocio. “Mi socio en la granja era dibujante y me dijo: ‘¿por qué no empezás con esto?’. Y así fue desde 1965”, comenta durante la entrevista con Página/12. Sus inicios en la historieta no pudieron ser mejores: trabajó para –nada menos– Héctor Germán Oesterheld, creador del El Eternauta. “Es el padre fundador de la historieta moderna en la Argentina y el fundador de la historieta adulta en el mundo”, sostiene Altuna. “Yo lo he tratado muy poco –agrega–. Tengo el respeto casi reverencial por un tipo así; es decir, por su vida y por su obra.”

–¿Cómo era trabajar de historietista hace cuarenta años? ¿En qué cambió?

–En la Argentina era más fácil. Ahora no hay trabajo, es simple. Cuando empecé podía elegir. Ganaba poco en algunas editoriales y podía elegir editoriales donde publicar. En la actualidad no hay esa posibilidad. En España es más o menos lo mismo, pero hay más posibilidades. Pero lo que pasa es que en España ahora el 95 por ciento de lo que se publica no es español. Son mangas o publicaciones de superhéroes. Empezar allá también es más difícil que hace cuarenta años. Bueno, hace cuarenta años había muy poca historieta. El panorama ahora es malo (dentro de la historieta) para alguien que no haga mangas ni superhéroes. Y son cosas que yo no hago. El mundo del manga y del superhéroe está abarcando y desembarcando con una potencia tan fuerte en todos los países que deja sin trabajo al profesional del lugar. Al editor le conviene más comprar derechos de mangas o superhéroes a muy bajo precio que producirlo con un autor nacional tanto acá como en Francia o en España.

–¿Cómo nació El Loco Chávez?

–Nos enteramos con Trillo de que en Clarín había una especie de convocatoria pero que no era tal. Entonces, presentamos un personaje que lo aceptaron. Pero como casi todos los personajes, El Loco Chávez no nació tal como fue durante trece años sino que nació de una manera y después fue derivando y cambiando. Al principio, en los primeros seis meses desarrolla todas sus historias fuera del país. Cuando lo trajimos a Buenos Aires, cambió. Y empezó a ser una historieta costumbrista con más inserción dentro de una realidad... Ojo, era la época de la dictadura y muchas cosas no se podían hacer.

–¿Por qué considera que tuvo tanto impacto?

–En la época de la dictadura no se podía leer nada. La gente se refugiaba en donde podía encontrar mensajes. Y en la última página de Clarín o de la revista Humor, los encontraba. Entonces, era una especie de salida, de aire fresco. La gente podía tener un poquito más de posibilidad de encontrar otro tipo de mensajes.

–¿Y cómo era mostrar la realidad a través de Las puertitas del Sr. López?

–En ese caso, teníamos el espacio. La idea que teníamos era reflejar un poquito lo que nos pasaba: a través del miedo y de la imposibilidad de modificar la realidad que teníamos cómo procedía alguien que era especialmente miedoso y pusilánime. Se evadía, le iba peor por evadirse tanto en el espacio de su imaginación como cuando regresaba a la realidad. La idea era que había que enfrentar la realidad y no evadirse.

–Teniendo en cuenta que el humor permite efectuar críticas más sutiles, ¿cómo era crear en el marco de una dictadura que censuraba?

–Todo lo hicimos sin que nos dijeran “esto no se puede hacer”. Todo el mundo sabía qué se podía hacer y qué no. Pero los límites los vamos corriendo en Las puertitas del Sr. López como en cualquier otra historieta. El Loco Chávez en la última época de la dictadura decía más cosas que al principio. Nunca nadie nos dijo “esto no se puede decir”. Cuando El Loco Chávez se hizo por televisión la dictadura lo prohibió (duró cinco programas). Esa era una manera de decir cuáles eran los límites. Y lo prohibieron porque estaba “en contra del ser nacional”, porque “no obedecía a los jefes” y porque “le gustaban las mujeres”.

–¿Cómo llegó a especializarse en el dibujo de mujeres?

–A mí me gusta dibujar la figura humana. Entonces, yo puedo dibujar mujeres lindas, regulares y feas. Y con los hombres me pasa lo mismo: puedo dibujar tipos muy pintones y monstruosos. Mi fuerte es ese manejo de la figura humana y así como hago chicas lindas también puedo hacer hombres lindos. Creo que podría hacer hombres muy sexies también. Pero el éxito que tengo a partir de las minas que dibujo es porque en general no hay muchos dibujantes que dibujen chicas lindas. En cambio, hombres lindos, sí. Y mis personajes hombres no son muy buen mozos, no son tipos pintones. El Loco Chávez era moderadamente pintón, pero no era un galán. Y eso es porque no me gusta emparentar la belleza física de un hombre con un héroe o con la bondad de un personaje. En ese sentido, las concesiones de la historieta son que los buenos son lindos y los malos son feos. Yo he hecho malos muy lindos y buenos que eran feos.

–¿El cuestionamiento a la figura del héroe es por la dimensión sobrenatural y alejada de la humanidad que tienen?

–Yo no creo en los héroes porque hay tipos que tienen conductas heroicas: un bombero que salva gente, por ejemplo. Pero un tipo que salga todos los días a hacer heroicidades no existe. Es decir, el héroe de profesión nunca ha existido. Sí existen un misionero, un médico en Africa. Esos son héroes. Pero ésos no son personajes de historietas. Esos podrían ser personajes de cualquier historia, porque son heroicas sus actitudes y sus conductas. Y ésos sí son tipos que todos los días de sus vidas están haciendo un trabajo heroico.

–Además de ser dibujante, es guionista. Lo suyo es un proceso completo.

–A mí me gusta tanto narrar como dibujar. Si no fuera dibujante sería escritor. Siendo dibujante, y guionista junté las dos vertientes.

–¿Un dibujante es una especie de escritor que narra con imágenes?

–El que es autor, sí. En la actualidad hay millones de dibujantes que no son autores. Hay un colega que una vez me dijo: “Hay dibujantes y dibujadores”. El dibujante es el autor, el que le da la impronta a la obra. Es decir, yo puedo trabajar con un guionista pero, al mismo tiempo, darle la personalidad al trabajo. Ese trabajo con otro dibujante no podría ser lo mismo. El dibujo le da el sello al trabajo. Además, el que es dibujante quiere participar totalmente en la obra. Tiene que participar cuestionando el guión, viendo qué es lo que quiere hacer. Digamos, teniendo mucho que ver con lo que es la narración propiamente dicha y no moviéndose dentro de un esquema cerrado que le proporciona el guionista. En ese sentido, reivindico el trabajo de autor del dibujante.

–¿Cómo se le da forma a la psicología de un personaje a través del dibujo?

–Es una fórmula. Antes de hacer la historieta en mi cabeza tengo la biografía del personaje: de dónde viene, en qué barrio nació, dónde estudió, de dónde son los padres. Cada personaje tiene una historia, una psicología, un retrato robot. El Loco Chávez nació en Barracas, el padre era ferroviario, la madre era ama de casa. Era hincha de Racing. La madre del Nene Montanaro era manosanta, el padre era quinielero, tenía un hermano que nunca se vio. El quería ser escritor y estaba en el mundo del periodismo. Todos los ingredientes que tiene la vida de cualquier persona,yo los meto en la vida de un personaje para darle forma. Es decir, ese retrato robot te da una psicología, un parámetro con el que moverte y no errar las conductas de los tipos. Si vos no conocés la personalidad de cada uno, no vas a encontrar la gracia en las conductas que puedan tener.

–Algunos entienden la historieta como una evasión de la realidad. Pero muchas veces, ¿no es sólo un juego ficcional precisamente para cuestionar la realidad, para desmenuzarla?

–La historieta tendría que ser como cualquier género narrativo donde se podrían abordar todas las temáticas, pero desde que nació está como encasillada y destinada como lectura de evasión y casi infanto-juvenil. La historieta adulta, en general, no tiene la importancia de los otros géneros que son de evasión y de lectura infanto-juvenil como, por ejemplo, los superhéroes. A mí me parece que en la historieta se tendrían que abordar contenidos sociales y todos los contenidos adultos que están en el cine, conviviendo con las otras temáticas. Lo que pasa es que por alguna razón ese tipo de cosas no se da. Yo imagino que tiene que ver con la voluntad de los editores y con un público y un mercado al que está destinado, que es infanto-juvenil. Es lo que siempre digo: en la actualidad tanto aquí como en España como en gran parte del mundo la historieta es manga o superhéroe. Poco tiene que ver con la vida cotidiana de la gente. Por otro lado, un chico que empieza a leer manga o superhéroes a los quince años (o antes), y si a los veinticinco años la historieta no aborda otras temáticas, deja de leer historietas o a los treinta años sigue leyendo historietas de superhéroes únicamente. Entonces, es como si la historieta no acompañase el crecimiento intelectual del lector.

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Horacio Altuna, antes de dibujar, criaba pollos.
 
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