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Viernes, 28 de abril de 2006

“LOVE IS HELL”, DE MATT GROENING

Los conejos de la era pre-Simpson

El libro del dibujante es un paseo por sus obsesiones sobre las relaciones humanas.

Quién mejor para empezar a hablar del amor que dos conejos. Binky (dos orejas grotescas, ojos saltones, tics constantes) y Sheva (básicamente, Binky travestido) componen una pareja de novios no convivientes. Los acompañan Akbar y Jeff, dos tipitos con ropa egipcia que parecen “amantes, hermanos o ambas cosas a la vez”. Por último, hay un tercer conejo –Bongo– que tiene una sola oreja. Con ese staff, Matt Groening se las arregló para inventar su primer libro de comics, El amor es un infierno (Love is Hell), que se dio a conocer en Estados Unidos en 1984 y que acaba de ser publicado por primera vez en castellano por la revista La Mano, como anticipo de una colección que recupera varios títulos de la ya mítica serie Vida en el infierno (Life in Hell). La presentación convocó al encargado de la edición, Martín Pérez, quien estuvo acompañado por el escritor y periodista Juan Sasturain y por el humorista Liniers.

Los panelistas recorrieron la obra de un hombre ineludible de la cultura masiva contemporánea. No era para menos: los tres conejos y la parejita de petisos llegan a la Argentina después de haber iniciado un linaje que empezó como fenómeno under, pero terminó haciendo tambalear el mundo de la televisión cuando Los Simpson se ubicaron como los líderes del prime time estadounidense. En esa paternidad, como en la mayoría de las paternidades, hay mucho de azar. Pérez explicó que “cuando el escritor y productor James Brooks llamó a Matt para ir a firmar el contrato con la Fox, Groening tuvo que esperar unos minutos sentado en una sala. Leyendo las cláusulas, se dio cuenta de que estaba a punto de dejar a su querida Vida en el infierno en manos de la cadena televisiva, y entonces decidió dibujar en quince minutos a Los Simpson, basándose en su propia familia”.

No es difícil explicar la actitud del artista en aquel momento clave. El mismo se ha ocupado de señalar que cada vez que se sentía mal se arrastraba a su “sucio y desordenado departamento de soltero”, se sentaba “a la mesita que escondía abajo de la pileta”, y dibujaba otro episodio con aquellos personajes fundantes, buscando en cada trazo una forma de sobrevivir a sus angustias. “Hacer esa historieta –declara en la introducción a El amor...– fue mi terapia durante años.” Se trata de páginas que transmiten un humor ácido mezclado con dosis de cinismo y depresión que revelan la presencia de un corazón destrozado, pero siempre listo para volver (¡a equivocarse!).

Dicen los que saben que el dueño de aquellas penas viejas convertidas en chiste sigue siendo el mismo de siempre. Sirve como pista comprobar que pocas cosas han cambiado en la relación que tiene con los cinco seres neuróticos que lo acompañan desde el día en que su auto se rompió en plena autopista camino a Los Angeles. Así es como Life in Hell se ha mantenido a través de los años como un punto no negociable de la vida del creador de Futurama. A propósito de esa continuidad, Sasturain resaltó el hecho de que se trata de un engendro nacido en lo profundo de una suerte de trinchera: “Groening llegó a Los Angeles a fines de los ’70, en la época de Reagan, cuando la contracultura y el movimiento por los derechos civiles estaban en retroceso, y mantener una revista era muy difícil”, describió. A pesar de esas restricciones, los dibujitos se las arreglaron para colarse en los fanzines de rock que los punks leían en tugurios de cincuenta personas. Aunque muchas cosas han cambiado desde entonces, todos los jueves a la noche, Groening deja cualquier cosa que esté haciendo para encerrarse solo en una pieza y seguir dando vida a Binky, Sheva, Akbar, Jeff y Bongo. Doscientos cincuenta medios de todo el mundo –incluida La Mano– publican sus trabajos.

Ahora bien: como sucede con muchas presentadoras de televisión locales, se han elucubrado las más diversas teorías para explicar el hecho de que estos seres levemente despreciables sigan vivos. Durante la presentación en la Feria, el humorista Liniers confesó que entiende perfectamente la pasión por dibujar conejos una y otra vez: “Cuando empecé, sabía que Matthabía hecho lo mismo, pero no pude resistirme a la tentación de caracterizarme a mí mismo como un conejo. Son tontos y fáciles de dibujar; y a partir de eso son cómodos para trabajar casi como si escribieras un diario personal”. Y agregó: “Además, aunque el tipo que hizo este libro era pésimo técnicamente, tenía una cualidad rara e indispensable: sabía darle humor a cada viñeta que hacía, por mal dibujada que estuviera”.

“¿Hace política?”, se preguntó Sasturain a su turno. “No en el sentido clásico. ¿Hace costumbrismo? No. Está trabajando en el registro de las relaciones interpersonales, que también influyen en la vida de las sociedades.” A propósito de esa combinación de crítica social y llamada de atención individual que Groening mostraba en los ’80, Pérez puntualizó que las primeras obras del hombre nacido en Portland (Oregon) “te hacen dar cuenta de que tenías una gran bronca adentro y te sacan de la soledad... ¡es como sentirse acompañado por la furia propia!”.

“¿Van a ser felices alguna vez los personajes de esta tira?”, dice una viñeta perdida entre las centenares que pueden encontrarse en la serie. Y se responde: “Qué pregunta tonta. Binky y su pandilla van a ser tan felices como vos”.

Informe: Facundo García.

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Martín Pérez y Juan Sasturain, en la presentación.
Imagen: Pablo Piovano
 
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