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Lunes, 4 de junio de 2012

FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO EN PORTUGAL

Escenas en la tierra del fado y del vino

Nacida en los ’70 tras la caída del dictador Salazar, la muestra de Oporto contó con la presencia del teatrista argentino Lautaro Vilo, que presentó Un acto de comunión, inspirado en la historia de Arwin Meiwes, el alemán que cometió un acto de canibalismo consentido.

 Por Carolina Prieto

Desde Oporto

A orillas del río Duero, la ciudad portuguesa de Oporto mantiene su encanto de callecitas empedradas que suben y bajan, construcciones medievales y hasta romanas, iglesias barrocas y mosaicos que embellecen las fachadas. Pero sobre todo, conserva un aire nostálgico que lo tiñe todo. Tierra del fado y del vino que le da su nombre, esta ciudad ubicada al norte del país fue fundada en el siglo X y posee un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad. En este marco se desarrolla el encuentro de artes escénicas más antiguo del país: el Festival Internacional de Teatro de Expresión Ibérica (Fitei), nacido en la década del ’70 tras la caída del dictador Salazar. La 35ª edición contó con la presencia del autor, director y actor argentino Lautaro Vilo, que en Buenos Aires está dirigiendo Escandinavia, protagonizada por Rubén Szuchmacher. Creador de obras como La tumba del niño moral, Cáucaso y American Mouse, Vilo presentó aquí Un acto de comunión, un trabajo inspirado en la historia de Arwin Meiwes, el alemán que cometió un acto de canibalismo consentido. La versión local es de la Compañía Teatro Oficina, con actuación y dirección del actor y pianista Marcos Barbosa. Mezcla de recital y confesión, la puesta une belleza y horror al narrar en forma fría, detallada y con toques de humor cínico la vida de este hombre que encontró a través de Internet a otro dispuesto a someterse a su plan. Tras la función, Vilo conversó distendidamente con el público. Comentó cómo las noticias pueden funcionar como metáforas potentes para la creación artística y aseguró que más que una pieza sobre un crimen, “es una obra sobre la soledad”. “Comer al otro es, para el protagonista, un acto de comunión, una forma de estar más cerca”, deslizó el argentino ante un público tan interesado como sorprendido.

Durante siete días, el teatro y la danza tomaron las salas más importantes de la ciudad, algunas muy modernas y otras cuyos exteriores conservan todo su esplendor, como el Teatro Nacional São João. La fiesta se extendió a espacios abiertos como la Estación de trenes de São Bento, un carrefour de líneas equivalente a Constitución. Allí, un grupo de jóvenes estudiantes extranjeros ofrecieron una performance de música y movimiento que tomó por asalto a los habituales usuarios y los envolvió en una atmósfera alegre. El festival también ingresó a los patios de los conventos: la apertura del Fitei fue en el interior del Monasterio de São João con Indian Tempest, una versión colorida y globalizada aunque demasiado larga de La Tempestad, de Shakespeare, con actores ingleses, franceses e indios. Diferentes lenguas, máscaras, música y canto en vivo, baile y rito para narrar el exilio de Próspero y su hija Miranda. Verdadera conmoción provocó la española Alba Sarraute, una joven actriz, cantante, clown y acróbata de una potencia y entrega arrolladoras. Junto a tres eximios músicos, presentó Soy la otra (la diva), una suerte de cabaret decadente en el que despliega su derrotero con sinceridad, humor y crudeza. Canta con desgarro, baila y vuela en el aire realizando proezas hasta quedar exhausta. Su destreza no es efectista: acaso refleja la soledad y la búsqueda exaltada de una mujer frágil y sensible que se ríe de sí misma. Delirante, grotesca y extrema, generó la ovación del público. También participó una de las compañías italianas más prestigiosas de teatro para niños, el Teatro di Piazza o d’Ocassione. El grupo trajo Farfalle (Mariposa), una puesta interactiva en la que dos bailarinas invitan a los chicos a descubrir las posibilidades del juego y del movimiento en una atmósfera de sonidos e imágenes alucinantes. Mediante un sistema de sensores, los propios movimientos de los chicos dibujaron figuras en el espacio.

Saramago no podía estar ausente. La coproducción ítalo portuguesa As intermitencias da morte, inspirada en su novela homónima, creó un espacio irreal aunque reconocible. Una suerte de alegoría de la sociedad moderna en la que la muerte deja de existir, inaugurando la desestabilización de la iglesia, la política y otras formas de poder. Es que tal como dice uno de los personajes: “Sin muerte no hay resurrección, y sin resurrección no hay iglesia”. La programación se completó con otras dos producciones locales: El enfermo imaginario, de Molière, a cargo de la Compañía Ensemble, en una puesta clásica y con sólidas actuaciones que gustó al público más tradicional, y una versión de Las lágrimas amargas de Petra von Kant, primera incursión en las tablas del cineasta Antonio Ferreira, que sorprendió con un dispositivo escénico tan claustrofóbico como las relaciones descriptas por Fassbinder. El último día ofreció dos platos exquisitos. Por la tarde, en los jardines del Museo de Arte Contemporáneao Serralves, una máquina excavadora y el bailarín francés Dominic Boivin protagonizaron un dueto cautivante. La enorme dimensión de la máquina y sus movimientos rígidos en oposición a la plasticidad del intérprete hicieron de Transports Exceptionnels (Transportes Excepcionales) una propuesta poética de múltiples lecturas. Por la noche llegó el turno de la compañía española de danza teatro de Sol Picó. Los tres personajes femeninos de Las lágrimas amargas de Petra von Kant reaparecieron en el montaje titulado Petra, la mujer araña y el putón de la abeja maya: un circo freak y en ruinas donde el amor se tuerce y deviene monstruoso, humillante y destructivo con un lenguaje corporal extremo y visceral.

De carácter mixto, el Fitei es financiado por el Ministerio de Cultura local junto a instituciones culturales y sponsors. La crisis produjo un recorte que superó el 50 por ciento en relación con las ediciones pasadas. Sin embargo, fueron siete días para descubrir tendencias y búsquedas diversas que el público acompañó con mucho entusiasmo. En plena primavera, las calles, los bares y el vino fueron el marco perfecto para una muestra que se mantiene vital y enérgica a pesar de las dificultades económicas.

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Versión teatral de Las lágrimas amargas de Petra von Kant.
 
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