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Sábado, 2 de enero de 2016

OPINIóN

Una voz necesaria (y en peligro)

 Por Federico Vázquez *

A las ya conocidas medidas oficiales contra la ley de medios y distintos organismos públicos dedicados a la comunicación, debemos agregar con preocupación que la nueva gestión macrista decidió en forma abrupta sacar del aire a la actual programación de la FM Nacional Rock 93.7, una de las emisoras de frecuencia modulada de Radio Nacional.

Con el apoyo indispensable de Tristán Bauer y María Seoane, a partir de 2013 asumimos la dirección de la emisora. Desde Nacional Rock nos propusimos agregarle algo más al sistema de medios públicos, sumando a ese esfuerzo colectivo por poner en valor un espacio que históricamente había sido relegado a lugares menores.

El desafío era complejo: se trataba de construir una radio para jóvenes que diera cuenta de los cambios culturales, identitarios, políticos y sociales que se habían desarrollado en los últimos tiempos en nuestro país. Una apuesta generacional.

Las FM comerciales, que habían tenido sus buenos momentos como amplificadores de rebeldía o discurso contrahegemónico en los 80 y 90, habían caído en una repetición de fórmulas hasta convertirse en lugares menos arriesgados e interesantes, donde era difícil encontrar voces nuevas, diversidades temáticas, formatos novedosos.

Como estamos convencidos de que el Estado debe y puede regirse por otros parámetros a los del mercado, nos pareció un objetivo políticamente noble construir una voz disonante frente a ese escenario hegemónico de las radios comerciales.

En nuestra especificidad de radio de rock, nos propusimos apoyar un movimiento musical tan potente como poco publicitado. El rock, más allá de lo que dicen, no murió. Los pibes siguen armando bandas, los fines de semana hay decenas de shows en Buenos Aires en lugares chicos, medianos y grandes. Y, como pudimos constatar desde las oficinas de la radio, casi todos los días, músicos con guitarra al hombro o representantes de un sello importante nos acercaron un disco nuevo a la emisora. Al no regirnos por parámetros publicitarios ni arreglos con discográficas, pudimos darle espacio a todos ellos.

Pero, al mismo tiempo, queríamos escapar a la tentación de hacer una radio de nicho o de culto. En vez de eso, nos propusimos construir audiencia. Porque también creemos que esa debe ser una tarea de un medio público: navegar en esa tensión, en general mal ubicada en los vectores de “calidad” y “masividad”, y que creemos se entiende mejor como la tarea de representar a otros –a todos los que se pueda– al tiempo que se ofrece algo nuevo, lo más alejado posible del status quo y el conservadurismo.

Y para eso fuimos a la mezcla, a la impureza. Convocamos a gente con mucha trayectoria y galardones y a otros que venían de caminos interesantes en radios on line o las redes sociales. Programas para públicos amplios y programas que hacen un punto en un lugar preciso. Hicimos convivir segmentos periodísticos, de información dura y segmentos puramente musicales, programas donde se habla de una obra de teatro nueva y otros donde se homenajea la inmensa historia del rock argentino.

Construimos también una línea editorial. Si hay un balance indiscutible en estos años con relación a la discusión sobre los medios es el corrimiento del velo que los hacía aparecer como espacios neutros, diáfanos, de “sentido común”. Hoy sabemos que todos ellos, públicos y privados, tienen orientaciones, miradas, sesgos, vacíos. Nuestra línea editorial estuvo construida a partir del convencimiento político de que vivimos un tiempo de recuperación de derechos y ampliación democrática, donde el Estado protegió a los más débiles y discutió con los más fuertes. No creemos que eso haya sido un pecado ni una falla. Menos aún en un contexto donde la mayoría de los medios privados jugaron abiertamente en sentido opuesto.

Eso sí: nos autoimpusimos una regla de oro. Como dirección de la radio teníamos el trabajo de decidir quienes estaban al frente de los programas y las características de la programación. Pero al mismo tiempo, cada persona frente al micrófono debía tener la más absoluta libertad para decir lo que quisiera, sin condicionamientos de ningún tipo.

Y también, en esa misma línea, siempre creímos que debían escucharse todas las voces. No sólo lo pensamos y lo hicimos, sino que lo medimos: en el 2015, año electoral y por demás complejo para cualquier equilibrio periodístico, en Nacional Rock salieron al aire 107 dirigentes opositores (muchos de ellos varias veces) y 115 dirigentes oficialistas o cercanos al oficialismo. La pequeña diferencia es tan sutil que sin dudas podemos hablar de un medio plural. Cualquiera que haya escuchado las mañanas de Nacional Rock en Casi despierto o Segurola y Habana habrá encontrado esa diversidad de voces. Al igual que los periodísticos del fin de semana, como Territorio Comanche y El fin de la metáfora. Los conductores de esos programas, Pablo Marcovsky, Julia Mengolini, Daniel Tognetti e Iván Schargrodsky son periodistas respetuosos y convencidos de la necesidad de contar la realidad política desde esa multiplicidad de palabras e ideas.

En esa misma línea editorial nos propusimos dar debates aún incómodos. Somos una radio donde las mujeres tienen roles protagónicos en todas las franjas horarias y no ocupan el lugar de “acompañantes” como lamentablemente sigue siendo la media de las radios. El discurso feminista no fue una bandera de moda, sino una declaración de principios, que asumimos como parte de la gestión.

También lo hicimos con el humor, un elemento en general bastardeado como mero “entretenimiento” o el tic de la “imitación” como único recurso posible. El humor es humor si tiene acidez, si molesta, si hace pensar. Gillespi, Malena Pichot, Pepe Rosemblat o Gustavo Sala hacen ese humor todos los días en la Rock y estamos orgullosos de eso.

Pero una radio no es sólo las voces que salen, sino un trabajo cotidiano de un equipo de mucha gente. Sin inversión en las personas, sin recursos para los trabajadores no hay forma de construir nada. En 2015, Radio y Televisión Argentina Sociedad del Estado, empresa de la cual depende Nacional Rock, terminó de conformar un equipo de productores jóvenes que forman el capital humano más importante de la radio. Ojalá la gestión que entre no sólo siga reconociendo a esos trabajadores como tales sino que amplíe esa plantilla. Nacional Rock es todavía una radio pequeña, con todas las dificultades que puede tener un medio con sólo tres años de impulso y crecimiento. Necesita más gente y más voces, no menos.

Las primeras novedades no son alentadoras: se nos comunicó que el ministro Hernán Lombardi tomó la decisión de levantar la programación de Nacional Rock, dejando de un día para el otro sin trabajo a un tendal de periodistas, musicalizadores y productores.

Quienes ocupen los lugares de dirección de acá en más tenían la posibilidad de demostrar que estaban dispuestos a construir desde un piso más alto que el que encontramos nosotros. Que venían a agregar los ladrillos que faltaban sin derribar nada, sin dejar ninguna voz afuera, ningún periodista sin micrófono, ningún productor sin trabajo. Lamentablemente, en vez de eso, tenemos que empezar a denunciarlos como censores disfrazados de demócratas.

* Periodista, director de la emisora Nacional Rock FM 93.7.

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