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Domingo, 25 de febrero de 2007

JULIAN WEICH COMIENZA UN NUEVO CICLO DE ENTRETENIMIENTOS

“Si no me divierto, no lo hago”

El conductor arranca hoy con X el re$to de tu vida, por Telefé. “Lo tomo como un debut, como si no hubieran existido los otros programas. Uno no sabe qué va a pasar con el público”, señala.

 Por Emanuel Respighi

La televisión, últimamente, se ha vuelto indescifrable para los televidentes, ante tantos cambios repentinos de horarios y movimientos de ciclos. Pero no sólo para los que están del otro lado de la pantalla, sino también para los propios hacedores del medio, mareados ante tanta incertidumbre. Algo de eso dejó entrever, al menos, Julián Weich durante la entrevista que Página/12 le hizo con motivo del estreno en Telefé de un nuevo programa de entretenimientos bajo su conducción. “Creo que este nuevo programa... ehhh... ehhh ¿cómo se llama? ¿Para toda la vida? ¿se llama así?”, pregunta Weich, no retóricamente, sino buscando una respuesta a productores. Respuesta que nunca llega. “Lo que pasa es que es tan bueno el programa –sale con oficio– que el nombre es lo que menos importa, je.” El ciclo, finalmente, se llama X el re$to de tu vida y se estrena hoy a las 22, por Telefé.

Más allá del blooper, que pone en evidencia el estado actual de la TV argentina, X el re$to de tu vida es el programa con el que Weich retornará a la pantalla, tras haber probado el año pasado otros dos formatos que finalmente fueron desechados. “Tengo la suerte de que hace 10 años que trabajo en Promofilm y nunca me sentí presionado por la empresa para hacer un programa”, explica el conductor de ciclos como El agujerito sin fin, ¿Quién quiere ser millonario?, Trato hecho y Buena fortuna, entre otros. “Si no me gusta un ciclo, no rindo. Por suerte, Telefé también entiende que si no estoy cómodo no voy a rendir. Y no le conviene a nadie que no rinda. En los dos proyectos que pasaron y no llegaron a buen puerto pasó que no estábamos convencidos. Se hicieron pilotos, pruebas y suponíamos que necesitábamos hacer algo mejor. No eran malas ideas, pero no nos cerraban”, subraya.

–Un ciclo de entretenimiento más, ¿y van...?

–No hago la cuenta. Cada programa es uno nuevo. Lo tomo como un debut, como si no hubieran existido los otros. Esa es la sensación que tengo, obviamente con la experiencia que uno ya tiene. Pero cada nuevo ciclo es empezar de nuevo, porque uno no sabe qué va a pasar con el público, cómo va a desarrollarse el ciclo, qué va a ocurrir con mi manera de conducir...

–Pero usted posee una serie de recursos que le facilitan la tarea. No debió sentir lo mismo cuando hizo El agujerito sin fin.

–No. Pero no me gusta copiarme. Hay muchas cosas que hice en programas, como el sapito, que no los uso eternamente, que no las quiero hacer más. Es como que un artista pinte el mismo cuadro todos los años, usando el mismo color. Como me considero un actor que conduzco, tengo que ser lo suficientemente creativo como para hacer algo nuevo. Sin dejar de ser yo, tengo que darle siempre algo diferente a la gente. No me gusta usar el mismo par de zapatos durante 10 años. La gente no se merece eso.

–Por lo general, los programas de entretenimientos y concursos basan su éxito o su fracaso en su estructura, tomando el conductor un rol complementario. Pero usted toma formatos que poseen cierta flexibilidad para jugar y demostrar sus dotes de actor.

–Yo me tengo que divertir en la conducción. Si no me divierto, no lo hago. Es como conducir un noticiero: yo nunca podría hacerlo porque me aburriría mucho, teniendo que limitarme a leer una noticia y, la mayoría de las veces, mala. Sentiría que no estaría en el lugar correcto. En un ciclo de entretenimientos, yo no podría no divertirme. Aunque no tengo que ser más divertido de lo que el ciclo permite. Yo vi conductores del mismo programa que hice para otros países, que para mí eran aburridos, pero que para el público que los veía eran bárbaros. No sé si sería buen conductor en otro país, con otra cultura. Yo siempre tengo que pensar en hacer algo divertido para la forma de ser de los argentinos y que refleje lo que la gente está acostumbrada a ver de mí. En Expedición Robinson dijeron que estaba muy serio, pero yo no podía divertirme con gente que la pasaba muy mal, que casi no tenía para comer, extrañaba. No hubiera sido digno. Uno debe acomodarse a las circunstancias.

–¿Pero cuánto cree que hay de usted en el resultado final de un programa de concursos y juegos? La gente habla del programa de Julián...

–Lo único que puedo decir es que yo me involucro. No soy de los que hacen lo que se les dice. Yo discuto las ideas de igual a igual con la producción. Cada programa que hago lo siento como mío. Soy la garantía: en todo lo que pasa yo estoy de acuerdo.

–¿Algo que no puede lograr formando parte de un elenco de ficción?

–No es como la ficción, en la que uno dice continuamente frases de autores. En cambio, cuando yo conduzco soy garantía de lo que hago. La gente descree de la TV y tiene motivos para ello. Es diferente en la ficción, donde yo puedo decir algo pero el que habla, en realidad, es un personaje según lo que escribió un autor.

–¿O sea que está muy lejos de hacer ficción hoy?

–Si en lugar de este proyecto, hubiera aparecido una sitcom que me entusiasmara, la habría hecho. Pero no apareció. Además, tengo más carrera como conductor que como actor. Sólo actué en Pelito, Clave de Sol y La banda del Golden Ro-cket.

–¿Y no le agarran ganas de actuar?

–Siempre tengo ganas de actuar. Pero es algo que a través de la conducción lo transpiro. Yo no conduzco sin actuar. Mientras pueda crear en la conducción, no voy a cambiar de rubro.

–¿Lo que lo aleja de la ficción es que no va a poder controlar todas las variables, que va a formar parte de un elenco, con horarios planificados?

–Eso juega un poco, porque yo soy respetuoso de los horarios. Soy puntual y responsable. Soy de la vieja televisión. Igualmente, creo que si un compañero del elenco llega tarde porque se le antojó, yo me muero. No lo mato, me muero yo. En cambio, en la conducción, soy responsable del programa y de las grabaciones. Sólo falté una vez a un programa y fue cuando murió mi viejo. Ni siquiera falto cuando estoy enfermo. Compartir un elenco y que no respeten lo que yo aprendí a respetar de chico, la verdad es que me molestaría.

–Se percibe que confía mucho en usted...

–Confío mucho en lo que hago, no en el resultado. Confío que el programa está bien, si no no salgo. El resultado es otra cosa: depende del canal, la competencia, el minuto a minuto y que la gente tenga ganas de verlo, en ese momento. El éxito de El agujerito sin fin fue porque la gente quería ver en televisión en ese momento un programa infantil en el que no hubiera chicas con minifaldas bailando y vendiendo discos.

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“Soy de la vieja televisión”, plantea Weich.
Imagen: Ana D’Angelo
 
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