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Martes, 28 de octubre de 2014

CINE ONLINE › UNDER THE SKIN, DE JONATHAN GLAZER, PROTAGONIZADA POR SCARLETT JOHANSSON

El peligro de una alienígena en combi

La película, que no llegará a los cines argentinos, presenta a la heroína de Los Vengadores y Lucy en un tono absolutamente diferente: en una Escocia brumosa, es una extraterrestre que recorre las carreteras “levantando” hombres con oscuros propósitos.

 Por Horacio Bernades

Tal vez la condición de bomba sexy haya ayudado a disimularlo, pero siempre hubo algo alien en ella. La sonrisa medio torcida, la mirada robótica, cierto aire como de desgano existencial, hasta una forma de andar más propia de la mala de Terminator 3 que de la Loren o Marilyn... Lo cierto es que los últimos “papeles” de Scarlett Johansson (uno de ellos justifica las comillas) parecen reconocer ese costado no del todo humano de quien se convirtió en estrella global hace sólo una década. Aunque parezca haber estado hace mucho más tiempo entre nosotros. Fue con Perdidos en Tokio (2003) que esta hija de un señor danés y una señora judía empezó a llamar la atención. En tres de sus últimas películas la ex esposa de Ryan Reynolds goza o sufre de superpoderes: en Los vengadores, ambas entregas de Capitán América y la reciente Lucy. En Ella le daba voz a una computadora y en Under the Skin es una alien lisa y llana. De origen británico, Under the Skin se estrenó en marzo en el Reino Unido, en abril en Estados Unidos y aquí no va a estrenarse. El navegante solitario de Internet sabe cómo y dónde rellenar esos huecos de la exhibición, así que bien vale el comentario.

El primer dato raro es que Under the Skin está basada en una novela. Raro, porque no es la clase de película en la que los acontecimientos abunden. La novela la escribió un señor llamado Michael Faber y se publicó en el año 2000, momento a partir del cual otro señor, llamado Jonathan Glazer, comenzó a obsesionarse con filmarla. Realizador de La bestia salvaje (Sexy Beast, 2000) y Renacimiento (Birth, 2004), Glazer es de esos realizadores que antes de filmar su primera película ya son famosos. Famosos, generalmente, por dos razones: sus comerciales y videos musicales. Glazer (Londres, 1965) no es la excepción. Entre sus comerciales más celebrados están los que filmó para las cervezas Guinness y Stella Artois (previos a su debut cinematográfico) y para Levi’s y Sony (posteriores).

Hubo también un spot que no llegó a salir al aire. Era para un nuevo modelo de celulares Motorola, en el que los cuerpos desnudos de dos afroamericanos emergían de un pote de alfarero, donde lo que giraba no era arcilla sino carne humana. Motorola lo archivó para siempre. El videocatálogo musical de Mr. Glazer no es extensísimo, pero sí llamativo. Filmó piezas para Blur (“The Universal”, que utilizaba una estética sospechosamente similar a la tapa de Sueño Stereo, de Soda Stereo, realizada antes que ese clip), Radiohead (“Street Spirit” y “Karma Police”), Nick Cave (“Into My Arms”) y Massive Attack (“Karmacoma” y “Live With Me”). Sus dos películas previas se estrenaron en Argentina. Sexy Beast era una de mafiosos por la cual Ben Kingsley, que hacía de uno de esos psicópatas que no se olvidan, ganó un Oscar al Actor Secundario. En la segunda, Reencarnación, la viuda Nicole Kidman estaba convencida de que el difunto había reencarnado en un chico de diez años, producto de lo cual su relación con el niño se volvía cuanto menos inquietante.

En el curso de los últimos tres lustros, Glazer buscó darle forma al guión de Under the Skin junto a distintos guionistas. En algún momento los protagonistas eran una pareja de aliens que pasaban por granjeros, con Brad Pitt fichado para el papel masculino. Descartada esa idea, Glazer y su coguionista Walter Campbell (con el que había trabajado en aquellos avisos de Guinness) terminaron cortando, eliminando y desechando a destajo. Tanto que llegaron a un guión de 50 páginas. En los guiones “normales”, una página equivale a un minuto de película. Sin embargo, Under the Skin dura más del doble que lo que indicaría el paginado de su guión. Esto tiene que ver con esa reducción al mínimo del “acontecimiento”, haciendo prevalecer el clima, la atmósfera y cadencia. Los hechos pueden resumirse en una frase: una alienígena con forma humana recorre en una combi los caminos de Escocia, “levantando” tipos a los que luego... ¿Qué es exactamente lo que les hace? No está muy claro, pero está buenísimo.

Las escenas “de caza” de la alien –que no tiene nombre y habla más bien poco– son absolutamente realistas, dominadas por la bruma, la humedad y la escasa luz del norte de Escocia. Aquellas en las que “dispone” de sus presas son, por el contrario, absolutamente irreales, claramente filmadas en estudio, en algunos casos con cuerpos asiluetados sobre un luminoso fondo blanco. Y hay un motoquero que es como el control de la alien y chequea que la chica (o lo que sea) haga las cosas bien, atravesando esos caminos sinuosos a la velocidad del rayo. Hasta tal punto Glazer buscaba el realismo que ninguno de los tipos que levanta Johansson (morocha y con el pelito corto) es actor. Son verdaderos paseantes a los que la superestrella global subía realmente a la combi. ¿Cómo puede ser que no la reconocieran? ¿Tal vez por tratarse de una alejada zona rural, sin una sala de cine en cientos de kilómetros a la redonda? Tal vez.

Tanto como para ahorrarse una cadena de juicios en serie, antes de filmar a esos no-actores se los ponía al tanto, se les consultaba si estaban de acuerdo en aparecer en cámara y se les pedía que firmaran un consentimiento. Uno de ellos es un hombre que sufre de neurofibromatosis, enfermedad degenerativa que lo hace lucir como el Hombre Elefante y que genera una mezcla de extrañeza, piedad e incomodidad. No sólo al espectador sino al personaje de Johansson, que frente a él no está tan segura de cumplir la misión asignada. Para lograr el documentalismo buscado, Glazer filmó con pequeñas cámaras ocultas, logrando hacerlo en una disco un sábado a la noche, sin que ninguno de los concurrentes se enterara.

Todas las escenas de exteriores generan un clima de latencia, marcado por las vueltas y recorridos que describe la heroína (o lo que sea) en esa zona escasamente urbanizada, así como por los planos sobre sus ojos de cazadora impávida. Las de interiores, en las que ella dispone de la presa, transpiran un clima más logrado aún, en el que las extrañas disonancias de un cuarteto de cuerdas (gentileza del compositor Mica Levi, que es cellista) generan un aura fantástica infrecuente, en la senda de un Badalamenti. Ante una película llamada Under the Skin, que tiene a Scarlett Johansson por protagonista, no faltará quien se pregunte si ha llegado el momento en que, después de tantos años, es posible verla como siempre se la quiso ver. La respuesta es que sí, y que en esa hora de la verdad la chica confirma su condición más que humana.

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Los paseantes a los que captura el personaje de Johansson no son actores sino personas reales.
 
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