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Sábado, 26 de noviembre de 2005

MUSICA › ENTREVISTA CON LA CANTANTE LILIANA VITALE

Los caminos de la voz

Maestra de canto, construyó una carrera silenciosa y plena de matices. Ahora acaba de editar Al amparo del cielo, el disco que está presentando en Gandhi con músicos invitados.

 Por Karina Micheletto

Hay algo perturbador en la voz de Liliana Vitale. Algo que lleva a quien la escucha por recorridos que nunca son los que estrictamente propone a priori cada canción. Algo que deja claro que la suya no es una forma liviana de mostrarse, y mucho menos cándida. Maestra de canto por vocación familiar heredada, con años de búsqueda y experimentación vocal, Vitale fue construyendo una carrera artística en constante cambio. Ahora acaba de editar Al amparo del cielo, un disco en el que su voz se entrelaza con diferentes ritmos sudamericanos, con bellos temas de su autoría o firmados por Alberto Muñoz (uno de sus compañeros históricos), Jorge Fandermole, Horacio Fontova o Gustavo Cordera. Hoy a las 22 será la última presentación del CD en Gandhi (Corrientes 1743), en un ciclo por el que pasaninvitados como Fontova, Verónica Condomí, Lucho González, Juan Carlos Baglietto, Lito y Luciano Vitale (hermano y sobrino de Liliana, respectivamente).
“La fe ciega requiere el agotamiento de la razón, el suicidio consciente de la facultad de crear, de dudar, de buscar la última senda”, dice uno de los fragmentos que Vitale seleccionó de Radiografía de la Pampa, de Ezequiel Martínez Estrada, y que incluyó al final de este CD. La inclusión parece bastante atinada, aunque su relación con el resto del disco necesite explicación. La biografía de Vitale ubica un primer momento de gestación de su carrera en los ’70, en la casa familiar de Villa Adelina, “un hervidero de jóvenes artistas en torno al empuje y orientación de Rubens Vitale” (Donvi, padre de Liliana y Lito). De aquel hervidero surgió MIA, un grupo de cerca de veinte artistas entre los que formaban nombres como Alberto Muñoz, Mex Urtizberea, Verónica Condomí y Gustavo Mozzi, además de Liliana y Lito, y que se transformó en la primera propuesta independiente –en cuanto a su contenido y forma de trabajo– en tiempos de dictadura.
La carrera de Vitale registra un par de duetos fundacionales: el que formó con el poeta Alberto Muñoz (y del que surgió su primer disco como intérprete, aquel sorprendente Mama, deja que entren por la ventana los siete mares) y el más reciente, junto a Verónica Condomí. De allí en más, Vitale puede expresarse musicalizando al poeta belga Henri Michaux (La vida en los pliegues), a través de una obra coral atravesada por el espíritu del reiki (Siete cielos), o, como en este disco, con canciones bellas y precisas, cruzadas por algún vals peruano, un candombe o tango.
–Su carrera es diversa e impredecible. Cuando parece que va a tomar un rumbo, al disco siguiente cambia. ¿Es algo ex profeso?
–Sale así, qué le vamos a hacer... (se ríe). Uno mismo se desorienta en el camino, pero para mí es la consecuencia inevitable de buscar. En un momento lo super reflexioné: primero fue la música, la madre del borrego, el juego musical de chica y todo el laburo con MIA, el dúo con Vero (Condomí), con Alberto Muñoz... Ese fue el germen de la búsqueda, que después se abrió sola por diferentes caminos. En un momento también fue el escenario, como en la presentación de Mujeres argentinas, que tuvo mucho de teatral. Siento que con este disco vuelvo al juego de la música, con tantos ritmos como fueron apareciendo luego de tocar con los músicos; ahí apareció esta cosa colorida, sudamericana. Mientras lo tuve en el piano no me había dado cuenta de que era tan así.
–¿A qué vino la inclusión de Martínez Estrada?
–El origen está en Alberto Muñoz, en cuanto al juego de la textura de la voz. Me gustaría haber podido desarrollarlo más y me ayudó a producirlo mi hermano. Durante este tiempo de acumulación de canciones, Radiografía... fue el libro de compañía permanente. De hecho, el disco se iba a llamar Radiografía de la vuelta. Martínez Estrada es un universo amplísimo, de una gran riqueza.
–Como muchos, es un autor mucho más citado que leído.
–Desgraciadamente. El que lo descubre se da cuenta que es como Osho, pero mejor. Quiero decir: es un autor de autoayuda argentina, en el mejor sentido de la función de Osho.
–Hay una dedicatoria especial en el disco: “A mi padre, que rompió el molde”.
–Sí, porque mi viejo es uno de mis grandes admirados. El no se quedó con ningún fundamentalismo, fue deshaciéndose de cosas que van quedando pegadas con el tiempo. Como maestro de música bajó una línea de enseñanza: estar con la cabeza abierta, despierta, sacarse las carcazas. Con eso tiene que ver el título del disco, no con ninguna lectura religiosa.
–¿Por qué lo dice? El disco no parece ir en esa dirección.
–Es que recibí algunos mails con ese tipo de interpretaciones y me preocupé. Yo siento que Al amparo del cielo es el lugar donde uno queda en pelotas. Estás al desamparo de cualquier tipo de institución en la que creías y esa situación te obliga a volver a reconocerte en las personas y las cosas que querés, en lo que te gusta hacer en la vida.
–Usted siempre se reconoció orgullosamente como docente.
–Es cierto, soy de la rama docente de los Vitale.
–¿Qué es lo que puede enseñar una maestra de canto y qué no?
–Me animo a contestar porque fue largo el recorrido hasta encontrar algo que realmente tenía para enseñar, y no sanata. Se puede enseñar el funcionamiento y el desarrollo posible de la voz en libertad. El tema de la voz es un misterio, por ahí el que descubre un fragmentito de la verdad cree que tiene la bocha total, y es apenas un fragmentito. Por suerte la ejercitación que hago me permite confirmar que el descubrimiento de la voz no tiene límite. En la expresión de la voz está toda la esencia de lo que te pasa y lo que sos. Es como una linterna... ¡o como un electro! El tema es cómo sacás afuera todo eso, es un recorrido personal, y el maestro tiene que saber acompañarlo.
–Encontrar un maestro de canto suena a encontrar un psicólogo.
–Sí, por eso en mis clases tengo un cartelito que dice: “No soy psicóloga”. Yo transmito la técnica. Para el resto, hay otros profesionales.

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Vitale, una artista ecléctica e impredecible.
 
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