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Viernes, 13 de febrero de 2009

MUSICA › PETER MURPHY DIO UN SHOW SIN FISURAS EN EL GRAN REX

Entrevista con el vampiro

El show con el que el músico inglés al fin desembarcó en Buenos Aires dejó conformes a todos: hubo revisitas al universo de Bauhaus, covers de Joy Division e Iggy Pop y un potente menú de material propio, que canalizó en una performance inolvidable.

 Por Roque Casciero

Suena “Burning from the inside” y en el Gran Rex es como si el tiempo hubiera retrocedido hasta principios de los ’80: en una especie de pasarela montada en el fondo del escenario, Peter Murphy aletea sus brazos como un vampiro elegante. Porque de ningún modo puede uno imaginar que esos movimientos de vuelo puedan corresponder a un ave o a otra cosa que a un murciélago; al fin y al cabo, el cantante inglés fue líder de Bauhaus y, por lo tanto, figura pionera del rock gótico. El vampiro, entonces, aletea sus brazos y un par de miles de hombres y mujeres –todos de rigurosa vestimenta negra, como los músicos– sienten que por fin le ven la cara y los colmillos a ese tipo que admiraron a la distancia, sin haber podido verlo más que en videos o en la película El ansia. La voz de ultratumba de Murphy hace que a muchos se les erice la piel y hay alguno que hasta deja que se le piante un lagrimón, a riesgo de que se le corra el maquillaje. Las sensaciones para el comienzo de un show, entonces, no podrían ser mejores.

Lo curioso es que, durante su debut porteño, Murphy no recurrió en demasía al repertorio clásico de Bauhaus, e incluso dejó con las ganas de escuchar el inmortal “Bela Lugosi’s Dead”, de la que apenas hizo un fragmentito. Y es más extraño todavía porque la gira que lo trajo a Buenos Aires es una retrospectiva de la obra del inglés. Murphy eligió el balance, porque mezcló unos cuantos temas de su carrera solista (entre los cuales sobresalieron “Gliding Like a Whale” y “Deep Ocean, Vast Sea”), con un par de la reciente despedida de Bauhaus (el muy buen álbum Go Away White), un cover de “Hurt” (hace poco salió de gira con Nine Inch Nails), y una despedida conmovedora y electrizante con otras dos versiones: “Transmission” de Joy Division, en la cual imitó los movimientos epilépticos de Ian Curtis, y “Lust for Life” de Iggy Pop, una de las referencias de Murphy. David Bowie, el gran faro del ex Bauhaus, apareció con fragmentos de “Oh You Pretty Things”, “Quicksand” y “Be my Wife”, intercalados en “The Sweetest Drop” (lo más pop de la noche), “Huuvola” (uno de los momentos épicos del show, que levantó al público de sus butacas) y el reciente “Adrenalin”, respectivamente.

A esta altura hay que aclarar que lo del vampiro sólo duró un tema, porque incluso cuando volvió a encarar clásicos de Bauhaus como “She’s in Parties”, Murphy se mostró como un frontman carismático y amigable. Cada vez que se movía hacia los costados del escenario, el público se agolpaba en los pasillos y él, sonriente, le daba la mano a todo aquel que quisiera saludarlo o darle algún presente. Más tarde, directamente le entregó el micrófono a una chica de las primeras filas, para ver si ella quería preguntarle algo (decepción: la dama se limitó a pedir un tema). También bromeó sobre su pancita (“Tengo 50 años, es espantoso”), que no pareció importarle tanto al final, cuando salió con una remera transparente y una larga estola de plumas negras. Y todo el tiempo estuvo metido en la interpretación de cada letra, incluso al punto de sobreactuar un poco (la tentación de tener semejante gola) en “Hurt”, que cantó colgado de una escalera.

Es obvio que a los fans les hubiera encantado ver a Bauhaus en pleno, pero la banda que acompañó a Murphy no mostró fisuras. El guitarrista Mark Thwaite, que ya había trabajado antes con el cantante, sabe lo que es moverse en la oscura densidad gótica, porque fue parte de Sisters of Mercy y colabora seguido con Tricky. Nick Lucero, el baterista, les dio a los parches con la misma enjundia que cuando tocó en Queens of The Stone Age. Y Jeffrey Schartoff aguantó bien con su bajo de cinco cuerdas, aunque en los temas clásicos de Bauhaus se extrañara el fretless de David J. Murphy tocó una guitarra de doce cuerdas (que al final, sacado, revoleó al piso), una melódica y algunos acordes de teclados. Y en ciertos pasajes se apoyó en grabaciones de su propia voz un poco más aguda y a menor volumen que la que ponía en vivo: el efecto rendía sus frutos porque generaba una épica especial. En la página web del músico dice que el concierto fue grabado para ser editado como disco en vivo. Si realmente eso sucede, existirá entonces un testimonio de una noche intensa y emocionante. Pero si nunca sale, tampoco será tanto problema para los fans que estuvieron ahí: ellos difícilmente podrán olvidar el concierto del miércoles.

8-PETER MURPHY

Músicos: Peter Murphy (voz, guitarra, teclados y melódica), Mark Gemini Thwaite (guitarra), Jeffrey Schartoff (bajo) y Nick Lucero (batería y teclados).

Duración: 130 minutos.

Público: 2500 personas.

Teatro Gran Rex, 11 de febrero.

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A pesar de su leyenda oscura, Peter Murphy se reveló como un frontman carismático y amigable.
 
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