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Viernes, 2 de octubre de 2009

MUSICA › EL CLUB ATLETICO LIBERTAD RECUPERA LAS CANCIONES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Diatribas contra el nido del fascismo

“La Internacional” y “La hierba de los caminos”, revisitadas con arreglos novedosos, son parte del espectáculo Rojo y Negro, Canciones Republicanas de la Guerra Civil Española, que se presenta hoy en el Auditorio de la Biblioteca Nacional.

 Por Cristian Vitale

“La Internacional” es la que mejor atravesó el poder malamente corrosivo del tiempo. También “La hierba de los caminos”, tal vez porque la cantaba el Che o la grabó Víctor Jara. Sin embargo, todas forman parte de un rico acervo de la historia, de una huella no tan lejana: la Guerra Civil Española. Catorce jóvenes músicos –socios, o algo así, del Club Atlético Libertad– que no superan los 31 años le manotearon al pasado una serie de canciones revolucionarias, las arreglaron con ritmos “modernos” y se atreverán a tocarlas esta tarde, a las 19, en el Auditorio de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502). En principio hay una fecha redonda: 70 años del fin de la revolución y el comienzo de la reacción. Pero también lazos familiares, recuerdos, inquietud, reminiscencias de melodías que se cantaban puertas adentro. Demian Casaubon, cantante, guitarrista, coordinador y gestor de la idea, evoca a su bisabuela Fe, una anarquista que cantaba aquellas canciones en reuniones familiares. “Un buen día se me ocurrió buscarlas por Internet y encontré algunas. Fue una linda sensación la de escuchar la voz de mi abuela en las voces de otra gente como la Corale Durruti. Casi jugando, se me ocurrió tocar algunas con la guitarra, y el tema prendió”, dice él.

Faltaba que el pibe empezara a coleccionar antologías de canciones de la época, se topara con los colegas del club y, en conjunto, profundizaran sobre los orígenes, las letras y los ritmos de esos temas, muchos de ellos transmitidos oralmente. Así nació el espectáculo Rojo y Negro. Canciones Republicanas de la Guerra Civil Española, que viene acompañado por un CD poblado de esas diatribas contra el nido del fascismo europeo. Se apropiaron, Casaubon y el resto, no sólo de “La Internacional” y “La hierba de los caminos” –algo así como los “hits”– sino también de otras que brillan en el imaginario de la resistencia: “¡A las barricadas!”, “Paloma”, “¡Ay, Carmela!” (que Carlos Saura transformó en película) o “El quinto regimiento”, entre otras. “Es lo que tenemos hasta ahora”, señala el guitarrista. “Pero de ningún modo diremos que son ‘las’ canciones de la Guerra Civil Española. La idea es seguir la investigación.”

Las versiones, nutridas de una variada instrumentación y un abanico multirrítmico que no descarta el blues, el tango, el jazz y algunos toques de rock, fueron pacientemente reconstruidas tomando diversas fuentes: por un lado, el banco de datos virtual –Internet, claro–, pero también mediante material en soporte físico –casetes y hasta discos de pasta– que gente ligada al proyecto capturó de viejas bateas caseras. “Por lo general, la gente que tiene este tipo de reliquias en su casa se pone feliz al compartirlas, y esos aportes enriquecen muchísimo el trabajo. El licenciado Horacio Cagni, por ejemplo, ha compartido con nosotros un material excelente”, cuenta el músico.

–Y en cuanto a la reconstrucción, ¿cuál fue el método?

–La reconstrucción no es fácil, porque las canciones que forman parte de nuestro repertorio son canciones que se cantaban directamente en las trincheras, como en el caso de “¡Ay, Carmela!”. Sí hay cosas que se repiten en diferentes versiones pero, al ser canciones de neto corte popular, es difícil a veces tratar de establecer una letra definitiva. No es así con otras que circularon en la época y fueron igual de representativas, pero tienen un autor, una partitura escrita y una letra más o menos establecida. Me refiero a “La Internacional”, “Hijos del pueblo” o “¡A las barricadas!”. Como intérpretes, muchas veces nos vemos en la injusta encrucijada de tomar partido por una u otra estrofa, y por lo general el criterio que predomina en esos casos es el del sentido integral de la poesía y el sentido estético.

Yanina Getar es la única voz femenina de la agrupación. Se acercó a la gesta estética a través de Demian y quedó atrapada por la riqueza de las versiones. “Me parecieron canciones lindas de escuchar por su orquestación. Sonaba como una orquesta de tango, pero diferente”, define. Juan Manuel Arias, saxo alto, vivió el proceso como un aprendizaje acelerado, cercano y grupal: “Cuando se arma un trabajo de apoyo mutuo, la satisfacción es doble. Además es importante que no sólo se trabajan detalles musicales sino también históricos y, cuando se da esto, hechos y momentos se sienten de una manera distinta. Las letras pesan mucho”. El resto del plantel –el más chico tiene 22 años y el mayor, 31– es algo así como la columna vertebral del CAL: Alexander Covalschi en guitarra; Carlos Sculli en bajo eléctrico; Demian De Gennaro en bandoneón, saxo tenor y armónica; Facundo De Gennaro en batería y percusión; Ignacio D’Aquila Urtubey en piano; Ignacio Etcheverry en contrabajo, guitarra y bajo; Iván Covalschi en violín, cajón peruano, derbake y batería; Rolando Ortmann en acordeón; Paz Maiaru en violín; Matías Yohai en piano; y Federico Niño en gaita, flautas y derbake.

Pero el club, en tanto agrupación independiente, es un colectivo artístico que también incluye danza, teatro, video, artes visuales, una escuela-club en formación, y una mirada indie que los engloba desde su nacimiento, en febrero de 2009. “Muchos de los músicos venimos de años de tocar en bandas de rock y algunos nos cansamos del ambiente, del modo de producción y reproducción que hay en el rock. Por eso empezamos a pensar en otro tipo de organización y producción, en desarticular un poco esa idea de ‘llenar River’, de siempre tener que pagar para tocar en algún lado, etcétera... Se nos ocurrió que podía pasar que en un proyecto la gente pueda circular libremente y así es el Club: los músicos vienen cuando pueden o quieren, y se construye sobre lo que hay. Es la manera que inventamos para intentar ser libres”, epiloga Casaubon, uno de sus fundadores.

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Las edades de los integrantes del Club Atlético Libertad oscilan entre los 22 y los 31 años.
 
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