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Jueves, 29 de abril de 2010

MUSICA › LOS TANGUEROS ARIEL ARDIT Y ANDRéS LINETZKY ARMARON UNA ORQUESTA A MEDIDA

Una típica para viajar en el tiempo

En A los cantores, el vocalista y el pianista repasan el repertorio bailable de los años ’40. Grabarán un CD y un DVD en vivo.

 Por Karina Micheletto

A los cantores es el tributo que pensaron Ariel Ardit junto al pianista y compositor Andrés Linetzky y una orquesta típica especialmente concebida, como homenaje a las voces que marcaron el tango en la década del ’40, en el contexto de las grandes orquestas de la época de oro del género. Este homenaje no se plantea simplemente como un recorrido por imitación: la búsqueda, explican sus mentores, es la de poner la lupa en cada estilo, para recrearlos a todos con una impronta propia. Y en esa búsqueda, revelan también, fueron muchas las sorpresas con las que se encontraron. La presentación formal de A los cantores será mañana a las 21 en el teatro ND/Ateneo (Paraguay 918), pero no sólo de música está hecha la invitación: Ardit, Linetzky y compañía proponen un despliegue escénico de impronta teatral y allí planean grabar un CD y un DVD en vivo. La idea es que el trabajo esté listo para ser presentado en el Festival de Tango de Buenos Aires, en agosto próximo, y también antes, en la inauguración del Festival de Tango de La Falda.

Junto a la voz de Ardit y al piano, los arreglos y la dirección musical de Linetzky sonarán algunos de los mejores exponentes de la guardia actual del tango: Gustavo Mulé, Ramiro Gallo y Pedro Pedroso en violines (estos últimos, ex compañeros de Ardit en El Arranque), Elizabeth Ridolfi en viola, Pablo Chaile en contrabajo y los bandoneones de Federico Pereiro, Renato Venturini, Nicolás Capsitsky y Mario Vega. Con este formato de típica serán recreados los “grandes éxitos” de los cantores homenajeados, esos que los milongueros han bailado durante años sobre las grabaciones de los discos.

Angel Vargas, Alberto Marino, Raúl Berón, Enrique Campos, Alberto Castillo, Floreal Ruiz, Roberto Rufino, Julio Martel, Jorge Durán, y por supuesto Alberto Podestá –gran referente de Ardit–, serán algunos de los cantores a los que irá dedicado este espectáculo. Para rastrear los pasos de estas voces por las orquestas de Troilo, D’Arienzo, Di Sarli o Caló, por ejemplo, Ardit y Linetzky trabajaron durante meses en la escucha en detalle de sus grabaciones, como punto de partida de los arreglos. Y en ese trabajo, cuentan, se encontraron con varias sorpresas. “Escuchamos a estas orquestas desde siempre, pero aun así siguen apareciendo cosas que nos siguen enseñando. Fueron veintiún arreglos, un trabajo faraónico, y para lograrlo tuve que estudiar mucho”, dice Linetzky. “Es sorprendente lo que encontrás cuando ponés la lupa. Eran orquestas funcionales, pensadas para el baile, pero tenían una concepción rítmica elaboradísima, y creo que eso fue lo que ha ido perdiendo nuestra generación, la del ’90 para acá. Nosotros estamos muy lejos de aquellas maravillas. Lo que hacían parece muy fácil, pero lo complicado, justamente, es hacer que lo difícil parezca sencillo.”

“Esta idea tiene que ver con una ilusión muy vieja, el sueño de hacer el repertorio de los cantores de orquesta típica en formato original, con aquella misma formación”, cuenta Ardit. “De hecho, con mi cuarteto anterior ya estaba buscando representar eso, la idea ésta ya estaba como sueño: formar una orquesta típica que sea bailable y que mantenga la estructura que tenía en los ’40, donde el cantor era un instrumento más.” Ardit y su orquesta típica ya probaron lo que pasaba con la propuesta en un par de milongas, sin previo aviso, en forma “camuflada”, sólo a modo de testeo con el público. “La respuesta fue inmediata”, se alegra Ardit. “Claro, los bailarines vienen escuchando estos temas hace cuarenta o cincuenta años en el disco; en vivo y con el mismo formato, cobran otra dimensión.”

–¿Creen que estos cantores han sido suficientemente reconocidos fuera del ámbito de la milonga?

Ariel Ardit: –Cada uno tiene su hinchada entre los milongueros, pero fuera de ese ámbito, ¿quién conoce a Enrique Campos? Son dos ámbitos bien definidos: para el bailarín, Campos o Raúl Berón no perdieron vigencia nunca; por fuera de la milonga sólo son conocidos los que han trascendido el género: Goyeneche, Rivero, Sosa. Más allá de la referencia máxima, que es Gardel, por supuesto. Con esta orquesta y este repertorio, la intención es arrojar un poco más de luz sobre estos cantores, dentro y fuera de la milonga.

–¿Y desde el punto de vista de los arreglos?

Andrés Linetzky: –Ponemos la lupa en la época en que más desarrollo tuvo el tango, y creo que también, implícitamente, planteamos algunas preguntas. Muchos culpan al rock por la caída que sufrió el tango en su momento. Yo invitaría a pensar, también, en qué grado se perdió ese contacto con lo que era el tango puro, con aquella potencia rítmica que ahora nos sorprende. Esta orquesta vuelve atrás en el tiempo: desandamos el camino, nos detenemos a pensar cómo trabajaban estos genios. Y siempre terminamos sorprendidos.

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Ardit y Linetzky revisaron cada estilo para recrearlo con una impronta propia.
 
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