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Viernes, 9 de diciembre de 2011

MUSICA › LOS QUE VENDRáN, EN EL TEATRO SHA

El Sub 23 del fueye

 Por Cristian Vitale

Ninguno, entre los que están y los que no, supera los 23 años. Nicolás Enrich acusa 21, Federico Santisteban también. Y Santiago Polimeni, algo más experimentado, los supera apenas año y medio. Son tres de los que están entre otros cuatro que les han legado la representación en los medios. Los acompañan Alejandro Guerschberg, productor y guía, y un propósito: contar de qué va Los que vendrán, el septeto de bandoneones Sub 23 que esta noche presentará su disco debut (Bandoneón Sub 23) en el Teatro Sha (Sarmiento 2255). “Yo creo que, más allá de lo llamativo que pueden resultar siete tipos de nuestra edad haciendo tango juntos, lo principal del grupo es que trata de demostrar que se puede hacer algo musical con tantos bandoneones a la vez, porque la mayoría de la gente entiende al bandoneón metido en una orquesta pero no como solista”, introduce Polimeni, un ex rockero precoz convertido al tango cuando su profesor de guitarra le puso un fueye entre rodillas. “Y no hubo vuelta atrás”, se ríe.

“Yo tampoco pude volver atrás –engancha Enrich–. Empecé tocando temas de Piazzolla en la guitarra, hasta que me quedó chica y luché como un loco para comprarme un bandoneón.” “Y yo orejeaba con el piano, porque estaba en la búsqueda de qué instrumento tocar hasta que, igual que Nicolás y buena parte de nuestra generación, entré por Piazzolla y me enloqueció el bandoneón”, se presenta Santisteban. Historias imposibles de rastrear, vértigo epocal mediante, veinte, diez o hasta cinco años antes cuando el pulso central de la generación aún no se desprendía de la teta del rock –o afines– y el tango resonaba en la juventud como reminiscencia de cerrazón, tozudez o antigüedad. O todo junto. “Yo lo viví en carne propia –interviene Guerschberg–. Hace diez años eras un bicho raro si te veían con un bandoneón en la calle, y es algo que, felizmente, a estos pibes no les pasa. Mi lectura es que en la década anterior era todo Miami, el uno a uno y la cultura superficial iban muy en contra de nuestra identidad, hasta que nos dimos cuenta de que no había cosa mejor que ser nosotros mismos. Es un orgullo hacer algo que nos represente.”

Bandoneón Sub 23, muestra clave de este trasvasamiento identitario y generacional, consta de diez piezas, excepto “La Calandria” (de Isaco Abitbol), monopolizadas a fueye completo por tangos y milongas clásicas y de las otras. “Lo que vendrá”, “Loca Bohemia” y “Danzarín” conviven con “A Pedro Láurenz”, homenaje al gran bandoneonista compuesto por Agustín Guerrero, otro sub de lujo, y “Milonga para tu ausencia” y “Dos retratos”, ambas escritas por el cerebro musical del grupo, Polimeni. “Lo principal, igual, no es quién componga sino la posibilidad de juntarnos, tocar y no competir entre nosotros, porque la competencia ensucia y traba. Por lo que sé de historia del tango, me parece que no se hubiese podido dar una situación así en otra época... había mucho ego entre aquellos músicos”, arriesga Guerschberg. El disco, solventado por el Fondo Nacional de las Artes, cuenta también con las intervenciones de dos master-fueyes que bien podrían leerse como los “Sub 23” de los ’70: Juan José Mosalini y Daniel Binelli.

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