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Lunes, 16 de enero de 2012

MUSICA › RAúL CASTRO, DIRECTOR DE LA MURGA FALTA Y RESTO

“Transformamos la realidad en alegría”

A punto de desembarcar nuevamente en Buenos Aires, el líder de la histórica agrupación uruguaya explica el sentido de su nuevo espectáculo, que recrea la competencia, en pleno Carnaval montevideano, entre dos murgas, una clásica y otra vanguardista.

 Por Cristian Vitale

Raúl Castro, que la fundó, lleva un registro escrito del intenso derrotero de la murga. Desde sus comienzos (Falta y Resto nació en junio del ’80, “una noche de dictadura”) hasta el 2005, año por año. El, su principal letrista, es quien escribe su propia historia, página web mediante, y la tiñe, leal, de sus claroscuros. Desde los primeros toques, proletarios y barriales, por sindicatos clandestinos, cooperativas y barrios resistentes, pasa por la censura “de época”, el debut en Argentina (1983, vieja Trastienda), la “explosión” de 1984 (370 actuaciones en aquel febrero), el feeling con Alfredo Zitarrosa (Obras, 1984), el inolvidable “Brindis por Pierrot”, junto a Jaime Roos y el malogrado Canario, y los litigios con el “jurado político” que no los dejaba ser primeros en el Carnaval. Esos son los claros. Y ciertos oscuros de los noventa: discrepancias en la dirección, deserciones, la incomprensión de los porteños, intentos sinfónicos, los últimos lugares en el Carnaval del ’95, y deudas que balancean con el cambio de look (más rocker), el “polémico” segundo puesto en el verano del ’92, la exitosa gira de 45 días por Europa, y el renacer del ’96, cuyas estelas explotan en Argentina, duran diez años, y meten 130 mil personas en Plaza de Mayo, en el 2004. Retazos de una historia.

–Faltan los últimos seis años para completar el relato...

–Vamos en ésa, entonces.

Raúl “Tintabrava” Castro se compromete a consumar la tarea inconclusa ante Página/12. A punto de recalar con su Falta por enésima vez en Argentina (viernes y sábado próximos en La Trastienda) engloba la última etapa en dos espectáculos: Anarquía, la leyenda de la murga del viruta y la Comedia del barrio, que adobó con rap (junto a Malena D’Alessio, ex Actitud María Marta) al género histórico. “Y ahora se viene el carnavalazo 2012 con una puesta que va contra la discriminación, y a favor de los músicos y los payasos callejeros: un canto a la alegría consciente y una denuncia constante contra todo lo que vaya en dirección contraria a la alegría popular”, anticipa el director de la murga más influyente del país celeste. Una previa cuya impronta coincide con el espectáculo que la Falta trae esta vez: la historia de Los Eternos Cachafaces y La Loca del 19, dos murgas que compiten entre sí en medio del Carnaval de Montevideo. Ambas, claro, representadas por el mismo elenco. “Se trata de dos murgas contrarias: Los Eternos Cachafaces, responden al viejo estilo, al clásico, y la otra, La Loca, a la vanguardia, a todo lo joven”, explica Castro.

–Y la Falta como nexo, como ocupando el rol del medio, si se quiere.

–Yo diría que se trata de una forma de ampliar la posibilidad de decir de diferentes maneras y con profundidades diferentes, inclusive de opinar de un mismo tema con planteos discrepantes en un mismo espectáculo. Es un poco lo que está sucediendo en nuestra sociedad, donde las cosas que antes eran negras y blancas han tomado diferentes tonalidades y visiones dentro de un mismo sector, incluso dentro de una misma persona. Las tres murgas son el abanico amplio que queríamos para meter el dedo en la llaga de la actualidad y transformar la realidad en alegría. Y sí, de alguna manera la Falta está formada por las opiniones y las estéticas de las dos, porque en sí misma contiene todas las contradicciones de un grupo vivo políticamente y que opina desde la sinceridad sobre todos los temas.

–¿Las crearon ustedes o se espejaron en murgas reales?

–Las dos tienen algo de imaginario y bastante de reales. Son base de la discusión estética que siempre se procesa en todo género, entre lo nuevo y lo tradicional, aunque la Falta sigue siendo esencialmente innovadora. Siempre se ha caracterizado por el riesgo. La innovación es su huella de identidad.

–Como en los comienzos, sí. Otro signo del origen, a propósito, fue la resistencia que encaró la murga contra la dictadura. ¿Contra qué lucha la Falta hoy, con Pepe Mujica en el poder, y una realidad sudamericana que no es la misma de entonces?

–Los gobiernos pasan, las murgas quedan. Siempre y ahora más que nunca hay que estar atentos para que la murga diga todo lo que sienta que es criticable o plausible de mejorar a través de la alegría. Y ni que hablar de la importancia de la denuncia de los casos y las cosas que se entienda que se están haciendo mal. Si con los gobiernos elitistas fuimos duros, con los populares debemos estar más atentos y sinceros que nunca. Esa es la credibilidad de la Falta.

–Un tema clave es, seguro, la política de derechos humanos en Uruguay, sobre todo los plebiscitos que impidieron revocar la Ley de Caducidad. La Falta no puede dejar de opinar.

–Lo que sucede con los derechos humanos nos sigue avergonzando. Es una vergüenza que la mayoría del pueblo en dos plebiscitos se haya negado a la verdad. Pero las causas son varias. Entre ellas, una equivocada politización del tema y una equivocada política de la izquierda mayoritaria, y aquí hay mucho por hacer porque hoy, que el Carnaval se ve por televisión y ha sido asumido por las capas medias de una manera mucho más fluida que antes, los murguistas corremos el riesgo de creernos artistas de la corona real. Ojo, porque somos pueblo que canta. Nada más ni nada menos.

–¿Le quedó algún rencor por las veces que los jurados impidieron votar a Falta y Resto como la mejor murga durante buena parte de la década del ‘80?

–No tengo ningún rencor con nadie. La Falta está cumpliendo una tarea que no pasa precisamente por los premios. Desde hace treinta años estamos tratando de cambiar y mejorar el mundo desde la alegría. Y nunca perdimos todavía.

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Falta y Resto actuará el viernes y el sábado próximos en La Trastienda.
 
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