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Lunes, 5 de marzo de 2012

MUSICA › HOMENAJE A HORACIO SALGáN EN EL TEATRO COLóN

El maestro dijo presente con su música

El autor de “A fuego lento” no pudo asistir al máximo coliseo argentino por sus problemas de salud, pero su obra deleitó al público. Al frente de la orquesta estuvo su hijo César y a lo largo de la jornada se fueron sumando músicos para completar la celebración.

 Por Carlos Bevilacqua

Escuchar música creada o arreglada por Horacio Salgán es siempre un lujo para el alma. Anteanoche ese privilegio se concretó en el Teatro Colón, ese que sigue vigente como el máximo reconocimiento posible para un artista. No era la primera vez que ocurría, pero sí la primera planteada exclusivamente como homenaje a su figura. Por eso, en el concierto organizado por el Ministerio de Cultura porteño reinaron la emoción, la atención, el aplauso reverencial de pie y, sobre todo, la sensación de que se estaba haciendo justicia.

El concierto fue en realidad una reedición de otro ofrecido en agosto último como parte del Festival de Tango de Buenos Aires en el Centro Municipal de Exposiciones. Como en aquel entonces, se reprodujo la orquesta típica de Salgán con catorce talentosos músicos que ejecutaron sus arreglos originales bajo la supervisión del propio Horacio. El garante del estilo fue su hijo, César Salgán, como pianista y encargado de la dirección. César, a su vez, se valió de sus compañeros en el Quinteto Real para armar la base de la típica: Carlos Corrales (bandoneón), Julio Peressini (violín), Juan Pablo Navarro (contrabajo) y Esteban Falabella (guitarra).

Sin amplificación, aprovechando la increíble acústica del Colón, arrancaron con el vértigo de “Canaro en París” y dos de los primeros tangos que grabó Salgán, a principios de los ’50: “Gallo ciego” y “Recuerdo”. La versión que entregaron a continuación de “La Puñalada” fue algo así como una lección de cómo tomar una pieza, desarmarla y volver a entregarla armada, como para que nadie note la travesura. Tal como adelantó César al presentar los primeros temas, “Ojos negros” fue luego una excelente oportunidad para el lucimiento de las cuerdas, pero también para explotar los contrastes de energías. Algo similar habilitó de inmediato el tono vivaz que de por sí ostentan el tango “Tierra querida” y la milonga “Mano brava”. Era la entrada en calor de un repertorio amplio, que tuvo la virtud de incluir algunos clásicos insoslayables pero también algunas perlitas, como una lúdica versión de “Hotel Victoria” a cargo de los solistas del Quinteto Real. O los remedos de gorgeos en el violín de Peressini durante la interpretación de “El amanecer”.

A pesar de que Salgán tuvo grandes cantantes, anteayer fue todo meramente instrumental, con lo cual ninguna voz distrajo de los entramados sonoros meticulosamente urdidos por don Horacio. A tal fin, César resulta ser una manzana que no cayó demasiado lejos del árbol. Porque así como tiene un fino sentido del humor cada vez que toma la palabra y desde el teclado es un eficaz intérprete del estilo de su padre, anteanoche se reveló además como un inspirado creador, según se desprende de “Entre dos mujeres” y “Milongas y milongueros”, dos piezas propias que se permitió intercalar en la lista de la orquesta tributo.

Como en 2011, durante la segunda mitad del concierto se fueron sumando bandoneonistas históricos de la típica de Salgán. Así, Corrales fue reemplazado primero por Juan José Mosalini para una regeneradora versión de “El choclo”, luego por Julio Pane para un hermoso juego de contrapuntos en “El entrerriano”, más tarde por Ernesto Baffa para la gravedad lírica de “Responso” y, sobre el final, por Néstor Marconi para una rareza: la versión nunca grabada del vals “La pulpera de Santa Lucía”. En estos dos últimos temas, con el agregado de Martín Pantyrer en clarón, ese clarinete bajo que Salgán quiso sumar cada tanto al canon tanguero para reforzar los graves. No fue la única licencia tímbrica que se tomó: también supo agregar un cello (anteanoche en manos de Paula Pomeraniec), y una viola (esta vez a cargo de Rubén Jurado). La línea de cuerdas se completó con los violinistas Humberto Ridolfi, Lucas Furno y César Rago, mientras que la fila de fueyes terminó de cobrar cuerpo gracias a los aportes de Lautaro Greco, Nicolás Perrone y Federico Santiesteban.

Como falsa despedida, todos juntos conmovieron con una voluminosa versión de “A fuego lento”, la más famosa creación de don Horacio. Respondiendo a dos ovaciones, deleitaron luego con “La llamo silbando” (también del homenajeado) y con “La cumparsita” en una versión antológica, poblada de solos cuasi jazzeros.

El evento, inaugural de un ciclo de tango en el máximo coliseo porteño, despertó una gran expectativa. Como las entradas se agotaron a poco de ponerse a la venta, el Ministerio de Cultura de la ciudad decidió abrir al público un ensayo previo, ofrecido también en el Colón, y a sala llena, durante la mañana del mismo sábado. Por la noche, el concierto fue transmitido en directo por radio y televisión. De hecho, fue a través de la pantalla chica que Horacio recibió el afecto del público. Si bien hasta último momento se especuló con la posibilidad de que apareciera con sus 95 a cuestas en el palco presidencial, prefirió preservar su salud de los “achaques” que sufre cada vez con mayor frecuencia. Sí estuvo presente, en espléndida forma, su maravillosa música.

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César Salgán, como pianista y encargado de la dirección. El repertorio incluyó clásicos y rarezas.
Imagen: Bernardino Avila
 
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