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Sábado, 12 de mayo de 2012

MUSICA › YUSA MOSTRARA EN LA TRASTIENDA SU DISCO LIBRO DE CABECERA, TARDES DE CAFE

“Cada canción representa una época”

La cantante y multiinstrumentista cubana grabó por primera vez un álbum con canciones de otros autores, entre los que están Charly García y Liliana Herrero. Y aunque dice que no puede vivir sin el rock, también advierte que su música “es mucho más que eso”.

 Por Cristian Vitale

Preguntarle si su power trío suena a Divididos es correrla totalmente de eje. Desenfocarla. Yusa no lo entiende bajo tal categoría. Lo entiende por lo que es. Y lo que ella es, es lo que siente en cada momento. Yusa es rock, y de hecho se le ha atrevido al “Kashmir” de Led Zeppelin alguna vez. Pero también es lo que sintetiza como una “melange a la cubana”. Su suma ontológica, entonces, da rock, sí, pero también un sinfín de etcéteras: da bolero, guajira, funk, rumba, trova, bossa nova y jazz, entre ellos. Da un power trío que lo es por poderoso y versátil, pero no por aplanadora. “Todo bien con Divididos, pero lo mío va por otro lado”, despeja, y el entre eléctrico de Libro de cabecera, tardes de café –su nueva criatura– ahora sí rota en su eje. Se monta sobre un trío power (Quique Ferrari en bajo y Cris Faiad en batería forman la base) que sostiene el infinito universo de matices que esta cubana mágica, primera “tresera” que parió al mundo la academia cubana, propone cada vez. Pasadas en blanco, su idea y praxis de power trío se reorienta en función de quienes la nutrieron: Noel Nicola, Charly García, Gilberto Gil, Kelvis Ochoa, Sara González y The Carpenters, entre ellos. Y de quienes, entre amigos, colaboran en el disco: Hugo Fattoruso, Hilda Lizarazu, Raly Barrionuevo y Liliana Herrero, por nombrar algunos. “Es el primer disco en que hago temas de otros. Antes de seguir haciendo mis propias canciones, quería agradecer a los compositores que me han acompañado en las buenas y en las malas. De ahí lo de libro de cabecera: amo la literatura, y el disco está estructurado de esa manera. Cada canción representa una época y toda una literatura que leía en tal época, algo que tiene que ver con la persona que soy hoy. El discurso que quiero dar es sobre lo que nos ha precedido en la historia, porque para ser presente y futuro, uno tiene que agradecer al pasado, festejarlo. Siempre he sido deudora de los músicos que me han precedido”, explica en la previa del show presentación del disco que dará esta noche en La Trastienda (Balcarce 460).

–De ahí, entonces, lo del libro de cabecera. ¿Y las tardes de café?

–Tiene que ver con el tiempo en que una suele compartir esas canciones mientras toma café: los momentos en que una está tranquila. Yo tomo mucho café, es parte de mi diario. Como verá, no hay tanto en misterio en el título (risas).

Libro de cabecera... es el quinto disco de la cosecha solista de esta inspirada multiinstrumentista de rulos mota y risa permanente. Le sigue a Yusa (2002), Breathe (2004), Haiku (2008) y Vivo (2010), pero su historia no se restringe a lo que eterniza en soportes. Yusimil –tal su nombre real– nació frente al mar, en La Habana, el 24 de septiembre de 1973. Estudió música entre los 9 y los 23 años. Se graduó en tres y música clásica en el Instituto Superior de Arte, pero lo suyo no fue academia pelada: se trenzó con grupos de rock en el Patio de María –lugar clave para el género en la isla–, entre clase y clase se “mataba” sacando temas de Chick Corea, fue bajista de un quinteto de jazz, mamó a Silvio y a Pablo de su padre marino mercante, hizo música para teatro, fue trovadora en las peñas de la Casa de la Amistad de La Habana, grabó con Lenine, giró por Europa con Lila Downs y Susana Baca, tocó en el Maracaná con Jorge Drexler, Paulinho Moska y Ramiro Musotto, y cien mil personas la vieron junto a León Gieco y la Bomba de Tiempo, durante los festejos por el aniversario de la ciudad de La Plata. “Siempre, en Cuba y desde que me radiqué en Buenos Aires, fui muy inquieta. Me encanta el roce que te dan las giras y los toques con todo tipo de músicas y músicos”, resume.

–Otra forma de entrarle a Libro de cabecera..., tal vez.

–O de sintetizarlo, porque estas son canciones-paradigma para mí, que vienen conmigo desde diferentes etapas de mi vida. Charly, por ejemplo, tiene que ver totalmente con mi adolescencia: lo escuchaba mientras estudiaba en el conservatorio. Fue muy difícil elegir una canción suya, pero tuve que dejarme llevar por el momento que estaba viviendo y recalé en “Buscando un símbolo de paz”, porque si no iba a volverme loca. Las canciones fueron viniendo a mí, de a poco: “Tardes de café”, el tema de Kelvis Ochoa que nombra al Flaco Spinetta, me llevó a esos inquietos ’90 en Cuba, en los que escuchábamos mucho rock argentino; “Oración del remanso” tuvo mucho que ver con mi llegada a este país y mi contacto con Liliana Herrero... En fin, son como diferentes capítulos de mi vida, contados desde hoy.

–En el disco, usted toca bajo, guitarra eléctrica, piano y tres, pero en vivo se le ha visto meter mano en teclados, tumbadoras, chimes, claves. ¿Es el tres su instrumento de cabecera o se incorpora, digamos, a una horizontalidad de gustos y recursos?

–Ocupa el mismo rol que los demás instrumentos. La diferencia es que en este disco lo uso más que en otros. En el primero ni siquiera lo usé porque lo tenía roto y no encontraba quién me lo arreglara (risas). Además, mi música estaba yendo por otros lugares: empecé a tocar el bajo, el piano, hasta que en Haiku conseguí uno y recomencé, lo nutrí de otros colores, y en este disco las mismas canciones me hicieron buscar ese color. Para “Alguien siempre me espera” u “Oración del remanso” siempre pensé en el tres, porque había elementos análogos a la guajira, a cosas de la música cubana. A ver, si tuviera que diferenciar a Haiku de Libro de cabecera... diría que aquel es más introvertido, minimalista, y éste es más extrovertido, rockero. Y lo mágico del tres es que puede brindarles colores distintos a los dos.

–De la música rural cubana al rock...

–(Risas.) No puedo vivir sin el rock, es vital. Pero mi música es más que eso: tiene que ver con mi necesidad en cada momento. No premeditarla es la única constante en mi vida.

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“En este disco usé más el tres que en los anteriores”, reconoce Yusa.
 
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