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Sábado, 13 de octubre de 2012

MUSICA › MARIANA CARRIZO PRESENTA LA COPLERA, EN EL TEATRO ND/ATENEO

“El protagonista es el canto”

Desde su consagración en el Festival de Cosquín 2004, la cantante ha recorrido un camino que la llevó por toda la Argentina, pero también la hizo trascender fronteras. “El espíritu de la copla sucede cada vez que suena la caja, donde sea”, dice.

 Por Karina Micheletto

Armada tan solo con el sonido profundo de su caja y su forma única de cantar, con la que logra transmitir la fuerza ancestral de un arte milenario, pero también con las grandes posibilidades expresivas de su voz, Mariana Carrizo ha marcado en estos años un lugar propio en la cancha de la música popular argentina. Ella dirá que es la copla la que lo ha logrado, en la medida en que su sabiduría fue ganando lugar para mostrarse, para darse a conocer o para recordar que, lejos de ser un arte perdido, se trata de una expresión absolutamente viva y actual. Lo cierto es que, desde que asomó en la escena casi con una carga de exotismo, en aquel Festival de Cosquín de 2004 en el que se alzó con el Premio Consagración, la coplera ha andado caminos que las llevaron –a ella, a su caja, a sus coplas– en giras por España, México, Brasil, Colombia, Panamá, Uruguay, Paraguay, Bolivia y por toda la Argentina, incluidos los escenarios de los principales festivales. Hoy vuelve a presentarse en un teatro de Buenos Aires, a las 21 en el teatro ND/Ateneo (Paraguay 918), con su espectáculo que se llama, sin más, La coplera.

La coplera es, cuenta Carrizo, un espectáculo que tiene mucho de performance, de corte multidisciplinario, en el que la salteña no sólo compartirá escenario con el cantautor Nahuel Porcel como invitado. Estará también trabajando en escena el pintor Andrés Gauna, también salteño, que actualmente exhibe parte de su obra en el marco del Festival Músicas de Provincia, en el Espacio Cultural Nuestros Hijos. Y, en otros segmentos del espectáculo, hará intervenciones poéticas, recitadas o contadas, el periodista especializado Marcelo Simón. Allí jugará, seguramente, la picardía repentista de la coplera –todo un condimento de su propuesta–, acompañada por alguien capaz de hacerle “la segunda”. Más allá de esto, Carrizo se pone seria: “El protagonista será, como siempre, el canto de la copla, y la característica principal que tiene esta expresión cultural es su intimidad, su espíritu vallisto”, advierte.

–¿El desafío es trasladar ese espíritu a un teatro y a las formas del espectáculo?

–Seguro, pero eso no me preocupa, porque la copla lo logra sola. Es algo que sucede cada vez que suena la caja, ya sea entre los cerros o en cualquier escenario: la caja te traslada hacia un lugar de otro orden, espiritual; te sitúa en otro sitio que quizá no pertenece a la realidad. Eso me sucede en cada escenario que me presento, y eso es lo que se transmite. Por eso en esta ocasión quiero cantar desde ese lugar, y desde ese lugar llevar las diferentes melodías, las diferentes formas de cantar las coplas. En algunos momentos, por ejemplo, cantaré sin caja: así es como se canta en la región del Chaco boreal, a pura voz y corazón. Y luego claro, desde ese lugar es que invito a otros artistas, de otras disciplinas, a compartir este arte.

–Desde que usted ganó en el Festival de Cosquín, en 2004, el canto de la copla parece haberse vuelto más conocido. ¿Cree que hubo un crecimiento de la copla en estos años?

–No sé si de crecimiento, porque la copla siempre tuvo ese lugar, que es mayor a cualquier existencia y a cualquier tiempo. Lo que sí ha habido es una apertura dentro de las cabezas de algunas personas y un mayor conocimiento. Por ahí muchos no conocían esta expresión cultural, o la conocían y había quedado atrás en el olvido, o en el lugar de los recuerdos, como algo lejano y ajeno. Sin embargo, el canto de la copla es una expresión cotidiana, totalmente viva para la gente que lo interpreta y que pertenece a esta cultura, como es mi caso.

–¿Los encuentros de copleros que usted organiza serían un testimonio de eso?

–¡Claro! El primero lo hicimos en Salta en 2010, allí logramos reunir a 250 copleros. Luego se hizo en Cafayate, en Chilecito, La Rioja, y cada vez son más los copleros que se dan cita. Algunos lo toman como un arte, como una forma de vida; para la gran mayoría es parte de su vida, aunque no anden subiendo a ningún escenario. En el último encuentro hice un documental, Topamiento del canto madre, que fue estrenado en el Festival Internacional de Culturas Indígenas que se hizo en Ixmiquilpán, México. Ese es un buen testimonio visual de hasta qué punto la copla es algo muy presente para tanta gente que la siente una parte de su vida.

Si de testimonios se trata, Carrizo tiene otros proyectos, además de los musicales. Está trabajando en un libro de coplas recopiladas, que será distribuido en las escuelas de todo el país. Y en otro libro con coplas del poeta Dardo del Vallo Gómez –quien le legó su obra– y otras recopiladas del monte santiagueño. En apoyo al monumento a la mujer originaria, impulsado por el artista Andrés Zerneri y Osvaldo Bayer, invita al público en todos sus espectáculos a llevar llaves para juntar el bronce necesario. Sus próximas presentaciones serán en el Festival de la Copla Formoseña de Las Lomitas y luego –el 1º de noviembre– estará en la Sala Zitarrosa de Montevideo, con un homenaje al maestro de la sala.

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“Hubo una apertura en las cabezas de algunas personas.”
 
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