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Sábado, 27 de octubre de 2012

MUSICA › JORGE CUMBO EN BUSCA DEL REENCUENTRO CON EL PUBLICO PORTEÑO

“Mucha improvisación, mucha libertad”

A punto de concluir una gira por buena parte del país, que cierra mañana en Notorious, el quenista y compositor explica su credo, pilar de toda su carrera: “Rescatar lo profundo de la música latinoamericana, sin objetivos de éxito comercial”.

 Por Cristian Vitale

Jorge Cumbo es esencialmente un quenista y se incomoda ante un giro en la nota: “¿Canto raro yo?, ¿y Goyeneche no?, ¿y Zitarrosa? ¿Y Spinetta? ¿Qué es cantar raro?... Se trata de cantar con lo que la naturaleza te dio y, bueno, a mí mucho no me dio, pero lo intento desde donde puedo”, descarga. Jorge Cumbo es esencialmente un quenista y, sí, hablar de su voz es introducir un giro arbitrario que se desprende del eje medular sobre el que orbitan sus músicas. Un detalle tal vez aleatorio si se sopesa con lo que el compositor argentino radicado hace más de veinte años en Europa viene desarrollando desde los 16. Hoy tiene 70 y su mochila carga con quince discos, cruces vitales con Manolo Juárez, Paul Simon, Leo Masliah y Lito Vitale y un derrotero de tournées universales que lo transformaron en un notorio embajador del folklore amerindio en tierras conquistadoras. “Me ha pasado de todo en estos años, malas y buenas experiencias, pero el saldo se arrima al respeto que implica rescatar lo profundo de la música latinoamericana, sin objetivos de éxito comercial”, dice, a punto de concluir una gira por Argentina que incluyó paradas en Bahía Blanca, Junín de los Andes, Bariloche, Paraná y ciertos puntos de la provincia de Buenos Aires y que concluye el domingo 28 de octubre en Notorious.

La excusa no es la presentación puntual de un disco. El último que sacó (100 viejos caballos) tiene cinco años y corresponde más con aquella pretensión de jugarse por el riesgo que con el impulso de “éxito comercial”. “Autoproduje 500 y, entre los que vendí y regalé, más o menos salvé los gastos, porque la verdad es que se trató de un desafío de hacer música casi sin quenas y compartir composiciones con músicos de todo el mundo a través de Internet”, cuenta él. La excusa, entonces, no es presentar un disco, sino recuperar tiempo perdido ante un público que aún lo recuerda más por su intervención en el Quinteto Tiempo y el trío Cumbo o las juntadas con Vitale y Juárez que por su devenir europeo. Es recrear esa simbiosis entre “tachos” y aerófonos con tecnología renovada (electrónica en tiempo real) que pintan, como pocas expresiones, el status de la música folklórica latinoamericana en el mundo. “Tuve la satisfacción de ser recibido con interés por el instrumento y creo que es por mi forma de encararlo, porque utilizar no sólo las escalas acostumbradas y la monotonía de tocar todo al mismo volumen, sino los silencios, es poner en juego la imaginación del oyente, es hacer que éste pase de ser pasivo a activo”, señala.

A diferencia de su escala el año pasado, en la que se presentó junto a un cuarteto conformado por Ana Archetti, Marco Archetti y Pablo Venegas, el compositor confluye esta vez con Sergio Gruz –pianista argentino radicado en Francia– y el latir que los une ancla en un cruce entre jazz, folklore e improvisación. “Cada formación me da otra manera de soplar mi instrumento. Este dúo surge de un concierto en Barcelona que titulé Sudajazz que, desglosado, significa tocar jazz sudamericano sudando la gota gorda. Conservo la ilusión de que sudajazz sea en un futuro cercano el punto de convergencia de los que hacemos folklore latinoamericano con intenciones universales”, define.

–Algo que, a considerar por sus antecedentes, lo ha acompañado durante buena parte de su producción...

–Sí, mucha improvisación, mucha libertad, mucha creación en el escenario y poca partitura. Una música visceral que deja de lado lo aprendido en la escuela y da lugar a los hallazgos y los errores que puedan surgir en un concierto. Yo creo que ensayar a muerte una obra para después exponerla sin errores es una cuestión artístico-laboral que, aunque aprecie, no me atrae hacer.

–¿Por qué considera la tecnología como una parte nodal de sus músicas?

–Cuando yo estaba en la apasionante búsqueda de acercar al folklore sudamericano nuevas sonoridades, tal como pasó en el tango importando el bandoneón, el violín o el piano, apareció en mis manos un mimimoog con sonoridades sorprendentes, que aportaban a mi folklore la creación de nuevas melodías, armonías, ambientes y climas. Hoy, treinta años después, tengo la satisfacción de comprobar que me tocó estar entre los primeros, junto a Waldo de los Ríos, el Chango Farías Gómez, Lito Vitale, Manolo Juárez, Dino Saluzzi y muchos otros que aportaron las bases de lo que está pasando hoy en el país.

Cumbo llegó al cenit de su popularidad cuando realizó aquella gira junto a Paul Simon, como parte del grupo Urubamba: “Yo soy ecléctico por naturaleza y, mientras pueda, voy a seguir amando y adoptando otras culturas lanzándolas al aire a través de ese simple y expresivo tubito de caña y sonoridades envolventes”.

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Cumbo tiene 70 años, quince discos publicados y toda una vida como embajador del folklore amerindio.
 
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