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Sábado, 1 de diciembre de 2012

MUSICA › LOS BAJISTAS DE SPINETTA EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Tarde de anécdotas y emoción

La charla en la muestra Los libros de la buena memoria fue coordinada por Javier Malosetti, quien luego dejó su bajo para tocar la batería junto a Marcelo Torres, a Machi Rufino, a Francisco Ojstersek, a César Franov, a Paul Dourge y a Guillermo Vadalá.

 Por Cristian Vitale

El cierre de la charla fue con “Post crucifixión”, el himno de Pescado Rabioso.
Imagen: Sandra Cartasso.

“Cuando los vi en vivo me rompieron la cabeza. Los Socios del Desierto te demolían, te arruinaban, eran tremendos... Te lo quería decir, loco.” Javier Malosetti le marcó el pulso emotivo a la juntada. La apología, puntualmente, tuvo como destinatario a otro animal del bajo como él: Marcelo Torres. Pero, consumadas las tres horas que duró la charla entre bajistas de Luis Alberto Spinetta en la Biblioteca Nacional, puede hacerse extensiva a todos: a Machi Rufino, a Francisco Ojstersek, a César Franov, a Paul Dourge y a Guillermo Vadalá. Torres, visiblemente sacudido ante el gesto, se apretó fuerte el pecho mientras alguien le alcanzaba una botellita de agua mineral. “Sepan comprender, emociona y duele... Me siento un poco el huérfano de los Socios, primero el Tuerto Wirtz, después el Flaco, fue un shock tras otro”, llegó a musitar, mientras el auditorio Borges –completo, como cada día desde el comienzo de Los libros de la buena memoria, la muestra-homenaje al Flaco– esperaba una devolución. “Tuve la suerte de entrar a tocar con Spinetta a los 34 años y eso, sobre todo cuando tenés una carrera profesional hecha, te nutre de energía. Te devuelve, al menos por lo que me tocó a mí, a una situación previa pasional, rockera, casi artesanal. Cuando arrancaron los Socios la idea sólo era ensayar en situación de garage, porque él estaba enojado con todo el establishment musical y no quería saber nada con la industria. Fue como volver al principio”, dijo Torres que, al momento de incorporarse al maravilloso power trío, venía de tocar seis años en el Lito Vitale Cuarteto.

El resto observaba. Malosetti, coordinador del encuentro, recordó el momento en que Spinetta llamó a sus músicos de entonces (época Don Lucero -Exactas, de la que él formó parte) para que dispusieran libremente de sus proyectos, y dijo que él fue uno de los primeros en enterarse de primera mano, cena de por medio, de que el Flaco pergeñaba un retorno a las tumultuosas aguas rockeras con la base Torres-Wirtz. “Se venía un tremendo volantazo spinetteano”, se rió. “Sí, a mí me rescató para el rock nuevamente –continuó Torres–. Recuerdo que en el primer ensayo, de entrada, sacamos cinco temas. El cantaba las melodías en el aire, nosotros las captábamos y arrancábamos de una... Todo muy natural. Yo tenía el bajo de seis cuerdas y decía para mí ‘toco lo que sale y veo qué pasa’ (risas). Los Socios era algo espontáneo, el Flaco se largaba a hacer un solo, y se largaba. Casi todos los temas del disco doble nacieron así.” Torres grabó aquel trabajo epónimo (1997) que quedó como uno de los más impresionantes de la obra de Spinetta y luego tocó en Estrelicia (“una obra sinfónica por su delicadeza y musicalidad”), Los ojos (1999) y San Cristóforo (1998). En ese álbum en vivo participó en la composición de dos temas: “Estás acá” (junto a Wirtz y Spinetta) y el homónimo, que Torres recreó después de la charla con Malosetti sentado a la batería, como en el inolvidable Vélez de Las Bandas Eternas.

Tal dueto, claro, no fue el único de la jornada. Lo precedieron los del resto de los bajistas, también generosamente acompañados por Malosetti. Machi Rufino, otro de los músicos que co compuso temas con Spinetta en la era Invisible (“Pleamar de Aguilas”, “Tema de Elmo Lesto”), habló de los secretos caseros de la grabación de Fuego gris (1995); de A 18 minutos del sol (1977) como “el mejor disco” de Spinetta, según palabras del mismo Flaco; de la impecable línea de bajo de “Lejísimo”, track inicial de Téster de violencia (1989), de los cuatro canales que se notan poco en el primer disco de Invisible. También hizo una versión a base pelada de “Jugo de Lúcuma”. César Franov, bajista en Bajo Belgrano y Madre en años luz (ambos editados en 1983), recreó uno de los excelentes lados B del primero (“Vas a iluminar la casa”), y Frank Ojstersek hizo hincapié en las complicadas piezas –caso “Ixtlán”– que Spinetta tuvo que descartar de Los niños que escriben en el cielo (1981), porque consideraba que había cierta resistencia en los músicos para tocarlas. “No sé, pienso que él imaginó que nosotros no queríamos tocarlas porque eran difíciles y, en poco tiempo, cambió el repertorio... Cayó con unos temazos tremendos que, por suerte, no eran tan enmoñados, tan difíciles”, evocó Ojstersek que, de entre ellos, eligió “Contra todos los males de este mundo” para ofrendar a los presentes. “Fue un discazo, ése. Recuerdo que unos cuantos años después, cuando me invitaron a una zapada mentirosa, porque en realidad me estaban probando, me tocó hacer ‘La herida de París’ y ‘Contra todos los males de este mundo’. Tuve mucha suerte: eran temas que había escuchado mucho, y había ido a ver la presentación del disco una punta de veces. Incluso, en la época que entré yo, el Flaco también tocaba ‘Sexo’ y ‘Nunca me oíste en tiempo’”, agregó Malosetti.

Nota aparte dio Paul Dourge, el bajista que Spinetta convocó para los experimentos robóticos de Privé (1986) cuando, antes de empuñar el bajo, sacó de un bolso partituras transcriptas por él de tres de los temas que llegó a tocar en vivo en esos locos ’80: “Entonces es como dar amor” (Madre en años luz), “Asilo en mi corazón” (de La la la, 1986) y “Pobre amor, llamenló” (Prive). “Como tengo poca memoria, me puse a hacer los deberes”, se rió Dourge, que también le pasó las partes de la batería a Malosetti, convertido en el Pomo y el Tuerto Wirtz de la tarde/noche. Y en el Black Amaya, claro, porque el cierre fue para el último bajista de Pescado Rabioso: Guillermo Vadalá. Evocando Vélez, Vadalá leyó una sentida carta de su mujer Nerina Nicotra, la bajista del Flaco de los últimos años, que está a punto de parir su segunda hija, y pidió cerrar la jornada con el himno “Post crucifixión”. Demoledor broche para otro capítulo de la muestra, que tendrá su próxima parada fuerte el lunes 10 de diciembre, con la presencia de otro digno émulo del primus inter pares del rock argentino: Pedro Aznar.

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