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Lunes, 21 de enero de 2013

MUSICA › LO QUE DEJO LA PRIMERA NOCHE DEL 53º FESTIVAL DE COSQUIN

Una luna bien encendida

El santiagueño Raly Barrionuevo presentó nuevo material, nada complaciente. Y Peteco Carabajal llenó el escenario de talentosos amigos/músicos. Pero hubo más, y de calidad: Paola Bernal, Bruno Arias y Suna Rocha, entre otros.

 Por Cristian Vitale

Desde Cosquín

No deja de tener cierta impronta de riesgo artístico mostrar disco nuevo en un festival masivo. Especialmente cuando el ritmo que marca la industria, sostenida en la compulsión de entretener, “prefiere” las fórmulas del éxito rápido al desafío estético; o cuando eso nuevo que se va mostrar no condice del todo con el género madre, con la matriz del festival de festivales... con el folklore, claro. A eso vino, resuelto y definido, Raly Barrionuevo. A estrenar su flamante criatura. A a mostrar lo que quiere mostrar en este momento de su devenir, en un contexto que (arista positiva de Cosquín) lo permite, y no solo: también lo ampara. La primera luna, entonces, tuvo su sustancia en tal hecho: el santiagueño de Frías acotó su historia a tres de las que conocen todos (“Ey Paisano”, “Chacarera del exilio” y “Hasta siempre”, la oda al Che de Carlos Puebla, en clave de rock rabioso) para exprimir el tiempo restante en el jugo del flamante Rodar. Tras la presentación de la delegación de la provincia de San Juan, y antes de que el Contra Coro al Resto, el colectivo de canto, danza y poesía formado por la Asociación de ex presos políticos de Córdoba, mostrara lo suyo, Raly fluyó. Penduló entre chacareras, reggaes, guarachas santiagueñas, cumbias y simples canciones. Todo lo que es hoy y ahora. “Son temas que quiero hacer, que me salen naturalmente... nunca me ando fijando en cosas como a qué suena lo que compongo”, dirá en conferencia de prensa, consumado el recital.

De las doce piezas que pueblan Rodar, Raly eligió un puñado posible, tal vez conformado por las más representativas. “[email protected]”, por caso, una especie de reggae-folk entre sencillo y cándido, que recuerda cierto bucolismo de bandas de los setenta (“Un amigo lleva su guitarra / otro lleva un pequeño tambor / la mochila, la carpa, el mate / el aislante y el calentador”); “Mujer caminante”, calma y despojada chacarera, de esas climáticas, horneadas a fuego lento; “La luna de albigasta”, una cumbia lado B, a medio agite; “Mujer de fuego”, tentadora guaracha santiagueña inspirada en una bailarina de monte (“Tan solitaria como el humo / tiene espinas su danzar”); o “El sol parece lluvia”, canción volada que el cantautor dedicó a la gente que “le gusta la botánica” (“Fumamos juntos bajo las estrellas / donde ya no hay multitud”). Un buen paneo del actual Raly, al cabo, que la plaza, casi colmada, aprobó sin bemoles y ya encendida por artistas en línea: la siempre mágica Paola Bernal, Bruno Arias y su poderosa propuesta electro-andina, y Suna Rocha, cuya versión de “Canción con todos” operó como otro de los puntos altos de la noche. Una noche inaugural fresca, húmeda, sin histerias, que, puesta en perspectiva con las que vendrán, resulta de las más disfrutables para quienes ven la música como música.

Una noche que, en sintonía con su impronta, también abrigó bajo sus nubes rojas a Peteco Carabajal. El generoso poeta del clan de La Banda planteó un set rodeado de amigos. Una especie de síntesis de la propuesta Solo y acompañado que llevó a cabo, multiplicado en muchas horas cálidas, durante el otoño porteño. Tras las sutilezas de Franco Luciani y su armónica –breve pero intenso set–, Peteco abrió escena con un finísimo ensamble de violines, homenajeó a Santucho mediante “Guerrillero santiagueño”, activó almas en vuelo con una versión bellamente acústica de “Como pájaros en el aire”, encaró “Chacarera de las piedras”, acompañado por una ducha en el tema –Suna Rocha– y el versátil Luciani. Y siguió poblando el escenario con amigos: entre ellos Pancho Cabral y el Tubo Moya, ambos riojanos, para encarar en yunta mística la onírica cadencia de “Carnaval de los barrios”; su banda a pleno –también de amigos, claro– concentrada en transformar al loncomeo lisérgico “Quimey Neuquen” en otro de los puntos altos –tal vez el más– de la jornada. O encarar una chacarera en clave Chaco salteño a través de “La mataca ollera”, que derivó en la irrupción del dúo de baile (Koki y Pajarín Saavedra) y, zapada de danza mediante, en glamour ladyfolk cuando Peteco convocó a Laura Ros para encarar una linda versión de la chacarera “Como arbolito en otoño”, a Graciela Carabajal para hacer “Algarrobal y sentimiento” y a las folkies de Mavi Díaz como sostén de lapsus sonoros que calentaron escena para un final sorprendente: Rubén Patagonia y el poder de la mística mapuche traducido en “Cacique Yatel” (tema registrado en Peso Argento, de Iorio y Flavio) y el Duende Garnica, bombo mediante, para “El olvidao”, cuyo final rozó con las agujas de las cinco de la mañana. Entrada la madrugada del lunes, al cierre de esta edición, la 53º edición del festival de Cosquín proseguía su marcha –segunda luna– con las actuaciones del Dúo Orozco-Barrientos, Cuti and Roberto Carabajal, Rafael Amor y el romantic star Luciano Pereyra, y para hoy se esperan las presencias de, entre muchos otros, Néstor Garnica, el dueto mesopotámico entre Raúl Barboza y el Chango Spasiuk, Rubén Patagonia, Joe Tortul, los entrañables Manseros Santiagueños y otro hijo del litoral: Joselo Schuap.

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Raly Barrionuevo presentó nuevo CD: Rodar.
Imagen: Dafne Gentinetta
 
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