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Lunes, 11 de febrero de 2013

MUSICA › CHARLY GARCíA, DAVID LEBON Y PEDRO AZNAR SE JUNTARON EN EL ESCENARIO DEL COSQUíN ROCK

La reunión simbólica de Seru Giran

El encuentro se produjo después de un largo set de Charly García. La interpretación de “Perro andaluz” y “Seminare” alcanzó para dejar una postal distintiva de la magia coscoína. Antes, Fito Páez se lució con las canciones de El amor después del amor.

 Por Mario Yannoulas

Desde Santa María de Punilla

El visitante algo informado puede andar por las calles de la ciudad sin sorprenderse demasiado. Cuando el sol apenas logra dibujar sombras mínimas en tierra cordobesa, botellas de plástico cortadas al medio ofrecen fernet mientras se forma fila para comprar entradas. La desprolijidad parece ordenada, casi como un ritual necesario: el Cosquín Rock ya es una tradición, no sólo de Córdoba sino del país entero, desde donde se arriba sin andar preguntando quiénes tocan hoy. Cómo explicar si no la proliferación de remeras de La Renga en esos improvisados puestos, si se sabe que jamás fue parte del festival. El sábado, la primera jornada de la duodécima edición del Cosquín Rock, llevada a cabo en el aeródromo Santa María de Punilla, no tuvo tanto que ver con aquella estética barrial, a excepción de Ciro, que pidió expresamente participar de la fecha. Más bien se pudo resumir en algún episodio perdido de la serie Graduados, y todos saben que la magia de la televisión a veces logra reuniones especiales.

Después de una serie de presentaciones individuales entre las que destacó el set de Fito Páez –no podía perder con esas versiones explosivas de El amor después del amor– y la convocatoria de Ciro, que explotó el predio con más de 40 mil personas, llegó la postal de la noche. Charly García, David Lebon y Pedro Aznar se juntaron frente a la masa, sabiendo que hacían algo importante. “Lo tengo todo dibujado”, había interceptado el líder hacia la mitad de su show, cuando ni el polvo ni el aroma a licores que impregnaban el ambiente impedían oler la reunión exprés –simbólica, quizá– de Seru Giran, la primera desde aquel River de 1992.

El productor general del evento, José Palazzo, le había expresado a Página/12 que no había acuerdos, que la decisión estaba en los protagonistas, aunque era casi inevitable aprovechar el halo de mística bucólica que rodea al Cosquín. Sobre el cierre de un largo y algo esquivo set de Charly García, que privilegió el pulso ochentoso por sobre la explosión y sufrió problemas de sonido, se corporizó el acontecimiento deseado. “Perro andaluz” disipó la tensión, Aznar la rompió, y la bella “Seminare” cerró el bloque corto, que inevitablemente sufrió la ausencia de Oscar Moro, el baterista fallecido en 2006, esta vez reemplazado por Toño Silva, de la troupe de García, al igual que la sección de cuerdas. Sin más pompa que la de los fuegos artificiales que desde un costado iluminaron el cielo, la reunión pareció concretarse más por obra de las circunstancias –la picardía de Palazzo– que por firmes determinaciones íntimas. Así y todo, alcanzó con dos clásicos para anotar unos porotos más en la larga cuenta de la magia coscoína y para entregar una foto memorable.

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El “regreso” de Seru, el momento que todos esperaban.
Imagen: Luciana Granovsky
 
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