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Lunes, 10 de junio de 2013

MUSICA › CECILIA ZABALA INTERPRETA UN REPERTORIO POCO DIFUNDIDO DE VIOLETA PARRA

Iluminada por una obra sin tiempo

En Violeta, grabado en 2007 pero editado recientemente, la guitarrista ejecuta piezas instrumentales de la chilena que habían quedado perdidas en un casete y fueron recopiladas en un libro de partituras. El CD, bellísimo, fue co-producido por León Gieco.

 Por Sergio Sánchez

El historiador y periodista Sergio Pujol dijo una vez que “Atahualpa Yupanqui es casi una categoría moral de arte, un ideal que enaltece al que lo busca”. Ese mismo peso simbólico lleva sobre sus espaldas el nombre Violeta Parra. En definitiva, Parra y Yupanqui pertenecen a la misma raza musical. La guitarrista y compositora Cecilia Zabala se dejó iluminar por la obra de Parra y grabó un disco con músicas instrumentales muy poco difundidas de la autora chilena. Son piezas para guitarra que habían quedado perdidas en un casete y que luego fueron recuperadas por editores y recopiladas en un libro de partituras. Pero muy pocos músicos las interpretaron o grabaron. Hace unos años, León Gieco encontró en su biblioteca el libro de partituras y junto al ingeniero de sonido Osqui Amante consideraron que la indicada para registrarlas era Zabala. “Eran músicas para guitarras, algo que yo no estaba haciendo, ya que estaba virando hacia la canción. Y al tiempo me encontré de casualidad en Barcelona con el guitarrista Eulogio Dávalos, la persona que tenía los casetes originales de Violeta; fue como muy revelador, una señal de que estaba por el buen camino”, cuenta Zabala acerca de Violeta, el disco que grabó en 2007 pero que acaba de ser editado de manera independiente. La presentación será en formato ciclo: todos los jueves de junio a las 21 en el Teatro del Viejo Mercado (Lavalle 3177).

El disco muestra un lado desconocido de la artista chilena: una serie de composiciones instrumentales que dan cuenta de su “gran creatividad y capacidad de síntesis”, según sostiene Gieco, quien se ocupó de la producción junto a Amante y Zabala. Las 16 piezas están hilvanadas de modo tal que construyen una obra unificada y coherente. Sin embargo, hay variedad de estilos: polkas antiguas, cuecas y las cinco anticuecas –que fueron grabadas por su nieto Angel Parra Orrego en 1994–. La presentación será algo más que un concierto. “Está pensado con un concepto de puesta de teatro, con situaciones que se suceden, con un soporte de luces y videos”, adelanta Zabala. Es que el espectáculo, titulado “Violeta secreta”, contará con la participación del poeta Fernando Noy, quien recitará décimas de Parra, y habrá una puesta visual a cargo de Leo Chajud.

–¿Cómo se enfrentó al desafío de interpretar a Violeta Parra?

–La decisión y el proceso de grabación fueron muy importantes, intensos y de mucha investigación. Y también estuvo muy librado a lo que yo podía intentar decir a través de eso. No escuché versiones previamente, si no que más que nada era tocar y leer entre líneas, qué era lo que había oculto más allá de las notas, las partituras y los ritmos. Y el año pasado tuve contacto con Tita Parra, la nieta de Violeta, que también es guitarrista e interpreta la obra de Violeta tocando y cantando. Le mandé el master del disco y me respondió súper amable. Me preguntaba algunas cosas específicas. Y me terminaba diciendo: “Espero que pronto nos conozcamos y podamos hacer la música juntas”. Viniendo de la familia Parra fue muy importante eso.

–¿Se reconoce usted adentro de estas interpretaciones?

–En ese momento, en 2007, cuando las grabé, no tanto como ahora. Porque fue muy rápido el proceso de grabación. Y siento que de algún modo no era el momento de que salieran a la luz. No encontrábamos sellos editores. No era el momento hacerme cargo de la producción, como sí hice ahora. Sentía que para ser mi segundo disco, mi obra no estaba lo suficientemente madura para decir “soy Cecilia Zabala” e interpreto a Violeta Parra. Era una sensación interior. Es que en esa época tenía editado sólo mi primer disco, Aguaribay. Después de editar dos discos más, el año pasado empecé a sentir que era el momento de sacar a la luz Violeta. Entonces, me puse sobre los hombros la edición del disco de manera independiente.

–Al tratarse de músicas y no de canciones es un disco difícil de abordar. ¿Cómo cree que será la recepción del público?

–El interés que tiene, lo atractivo, es que se trata de un lado de Violeta Parra poco conocido. Las piezas las empecé a tocar el año pasado en el CAFF junto con canciones mías. Y tuvieron muy buena recepción. En mi caso no puedo trabajar lucubrando con lo que va a pasar. Artísticamente hay una necesidad de decir algo más allá de cómo sea la recepción. Obviamente uno va a tratar de llegar al público. No es que no me importa lo que la gente piensa, pero por suerte es más fuerte la necesidad de decir, de expresar un mensaje. Es una música que tranquiliza, que te pone en otro lado y te saca del barullo de la ciudad. Son piezas cortas, que van cambiando de tempo, de tonalidades.

–El disco tiene una coherencia general. ¿Lo pensó a la hora de ordenar las piezas?

–Lo decidí más que nada por el orden de las partituras en el libro. Porque eso, a mí entender, coincidía con una cosa de candidez y luminosidad en el comienzo que se va poniendo más denso y áspero hacia el final, con las anticuecas. Y me parecía que tenía que ver con la obra y la vida de Violeta: la preocupación por captar la esencia del pueblo, del folklore, y mantener vivas las tradiciones, pero a la vez tomar elementos de esas tradiciones, desarmarlas, y hacer con ellos cualquier cosa que se le ocurriese.

–¿Qué cree que sucede hoy con la obra de Violeta? ¿Se la escucha, se la reconoce, se la interpreta?

–Se la reconoce y se la va reconociendo mucho más que cuando estaba viva, como pasa con muchos artistas. Si tenemos en cuenta sus canciones universales, que tuvieron mucha popularidad, es obvio que las músicas instrumentales van a quedar por detrás. Su obra traspasa la barrera de lo chileno y lo sudamericano, y a la vez, su propuesta artística es muy actual: eso hace que sea leída, re leída y re-interpretada. Porque tiene mucho jugo para sacar. Un aporte importante era esa mezcla del respeto por la tradición y la desfachatez total. Esa dualidad es la que más me interesa. Mucho amor por la música de la tierra y a la vez cocinar sin recetas previas. De todas formas, su música era apenas uno de sus lados, porque pintaba, cosía, escribía, tejía y hacía canciones y recopilaba. Es una artista integral, no sólo una cantautora. Tenía una misión artística que iba por delante de todo, de la cotidianeidad de la vida, la familia. Es como un mandado hacia la humanidad. Por eso, la presentación del disco no sólo es un concierto de guitarra.

–¿Qué lugar ocupa Fernando Noy en el espectáculo?

–Es un artista que admiro profundamente. Desde su creatividad, su poesía, su palabra, su personaje. Me pareció buenísimo que fuera él quien me ayude a armar el espectáculo. Al principio le propuse trabajar con su poesía porque me encanta. Yo tenía el libro de Violeta que contiene las 83 décimas y se lo pasé. El ya lo había leído, lo releyó, y me dijo: “Habiendo este material me parece que tenemos que trabajar con esto”. Seleccionamos esas décimas donde Violeta cuenta su vida. De pronto, descubrí que ciertas décimas coincidían perfectamente con ciertas anticuecas. Entonces, se transformaba en una canción, prácticamente por elección de Violeta. En las décimas, me pareció interesante en general la mezcla de lo cotidiano con lo trascendental. En algunas empezaba contando algo de su mamá y en el medio bajaba una línea muy fuerte. Te lleva por paisajes con distintas densidades.

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Zabala está presentando su disco todos los jueves de junio en el Teatro del Viejo Mercado.
 
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