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Jueves, 3 de octubre de 2013

MUSICA › BOB MOULD, EX HüSKER Dü Y SUGAR, TOCARá HOY POR PRIMERA VEZ EN LA ARGENTINA

El largo viaje de un músico de culto

Con su primera banda sentó las bases del rock alternativo de los ’90, con la segunda terminó de redondear un sonido en el que las guitarras solidifican canciones directas de rock. Hoy presentará Silver Age y repasará sus clásicos en el Teatro Vorterix.

 Por Roque Casciero

El de Bob Mould es uno de esos nombres que funcionan como contraseña: si cuando se lo menciona se recibe como respuesta “ah, sí, Hüsker Dü” o “el de Sugar”, instantáneamente se crea un vínculo entre quienes hablan. Es que este cantante, guitarrista y compositor de 52 años es una figura de culto –aunque con un grado de popularidad bastante amplio–, citado con influencia tanto por Nirvana, los Pixies, My Bloody Valentine o New Age. Con su primera banda estableció valores musicales que luego Kurt Cobain reconoció como propios: un hardcore en el que la melodía no quedaba perdida entre la velocidad o el enojo. Y con Sugar destiló la fórmula hasta dar con el elemento perfecto: Copper Blue, el debut de la banda, fue elegido como álbum del año por el New Musical Express en 1992. La edición aniversario de ese disco fue crucial para que Mould regresara a lo que define como “pop rock de guitarras”, después de años en los que hizo intentos con la electrónica. Y la gira de presentación del álbum Silver Age finalmente lo depositará esta noche en un escenario argentino: tocará en el Teatro Vorterix (Lacroze y Alvarez Thomas) a las 21.

Antes de volver a calzarse la guitarra eléctrica, Mould publicó su autobiografía, See a Little Light: The Trail of Rage and Melody, lo cual no deja de llamar la atención, ya que empezó a hacerla –junto al periodista Michael Azzerad– cuando todavía no había llegado a los 50. “Lo gracioso es que me pidieron que la escribiera cuando tenía 40”, se ríe el músico. “Lo que contesté en ese momento fue que era demasiado pronto. Y sí, creo que a los 48 todavía se es demasiado joven para una autobiografía, pero estoy poniéndome viejo y empiezo a olvidarme de las cosas... Creí que estaba bueno escribir al menos lo que tiene que ver con la primera mitad de mi vida para poder recordarla (risas). Y algo me dice que la segunda mitad no va a ser tan loca... Bah, ¡al menos eso espero!”

–En las fotos de Hüsker Dü se ve a un joven con cara de enojado, muy diferente a la persona que usted es hoy. ¿Hubo algo en particular que lo hizo cambiar o fue una acumulación de cosas con el paso del tiempo?

–La vida es un extenso viaje, aunque es cierto que tuve ciertos cambios abruptos, definitivos, a lo largo de este viaje. Si miro a 1989, cuando se acabó Hüsker Dü y empecé a trabajar en mi propia música, Workbook (con guitarras acústicas y cellos) resultó un disco muy distinto a lo que había hecho con la banda. Ese fue un cambio muy grande. Y después en 1998, cuando sentí que había terminado con el rock y que lo único que me interesaba era la música electrónica: otro cambio definitivo. Si miro los últimos diez años, de hacer un disco como Modulate a otro como Silver Age, se puede ver cómo fui desde un enfoque extremadamente electrónico de regreso al sonido que le resulta más familiar a mi público... ¡y a mí! Esto es, escribir canciones pop de tres minutos con guitarra, pegadizas y directas. Creo que los últimos diez años muestran cómo puedo ir desde lo que parece un extremo al otro, aunque no sea tan extremo en realidad.

–¿Por qué cree que su público se familiarizó con ese sonido y no acepta que vaya por otro camino?

–Para mí esos cambios son buenos, pero cuando me involucré con la electrónica sabía que mucha gente no iba a entenderlo. Si lee mi libro verá las cosas que me estaban pasando (aunque ya había salido del closet, por esos años se involucró con la cultura de las discotecas gay neoyorquinas) y por qué esa música me atrajo. Y diez años después, en un mismo fin de semana, puedo estar pasando Cut Copy y Holy Ghost en un DJ set en Nueva York y dos días después tocar ante 40 mil personas en Chicago junto a Replacements y Pixies. ¡Es lo que hice el fin de semana pasado!

–¿Eso lo hace sentirse más pleno?

–Creo que desde que hice el libro y salí a hablar de él y le mostré a la gente cómo fue mi vida durante mis primeros 48 años, muchas cosas que antes me resultaban confusas ahora tienen sentido. Eso es lo mejor de haber hecho el libro. Tomarme esos tres años para recordar lo que había hecho me mostró quién soy. Hay muchas verdades dolorosas dentro de esas historias, cosas de las que no estoy orgulloso pero, bueno, soy quien soy y es lo que hice. Ahora lo sé y trato de ser un poco mejor persona.

–Usted dijo que haber tocado Copper Blue completo y en orden fue una de las razones que lo llevaron a volver a este sonido.

–Hubo varias razones. Mientras trabajaba en el libro, desde 2008 hasta 2011, no escribí música nueva. Pero sabía que se venía el vigésimo aniversario de Copper Blue y siempre había estado la idea de sacar una reedición. Así que volví a escuchar el disco pensando en eso y pensé: “Guau, cuando vuelva a componer, éste sería un lugar divertido para empezar.” Y entonces recibí el llamado de Dave Grohl, que quería que trabajara en una canción de Foo Fighters con él y después me dijo que quería que tocara en algunos shows con la banda. Todo me llevaba de regreso a ese sonido. En mi vida, muchas veces cuando las cosas estaban funcionando bien, sentí la necesidad de cambiar de dirección sólo para mi diversión, pero esta vez pensé: “No, voy a seguir con esto” (risas).

–Usted salió a tocar Copper Blue entero y en orden, pero con su nuevo grupo (Jason Narducy en bajo y Jon Wurster en batería), en lugar de reformar Sugar o Hüsker Dü. ¿No lo piensa cuando ve la clase de éxito que tienen las reuniones de las bandas hoy en día?

–Ehhhh... Buenooooo.... No (risas). La mayoría de la gente con la que trabajé en el pasado tiene su carrera y le va muy bien. Creo que es... No (risas).

–¿Cómo se siente ser una influencia en tantos músicos?

–Es fantástico. Hay mucha gente de la que soy fan y que menciona mi trabajo como influencia, desde Charles de los Pixies, Kevin Shields (My Bloody Valentine) o Dave Grohl... O músicos jóvenes como Dylan (Baldi) de los Cloud Nothings o los muchachos de No Age... Somos amigos y tocamos juntos, nos gusta mutuamente lo que hacemos, entonces nos sacamos de encima rápido el tema de la influencia. La música tiene eso de maravilloso. Cada vez que escucho a My Bloody Valentine no puedo sacármelo de la cabeza y eso afecta el modo en que compongo, lo mismo que cuando escucho a los Pixies. Eso es lo que provoca la música. Es una historia y una melodía, y cuando se juntan se te clavan en la mente para el resto de tu vida: eso es lo que hacemos, de eso se trata todo.

–Pero, por ejemplo, cuando escucha a los Foo Fighters, ¿no reconoce su influencia de modo demasiado directo?

–Sí, claro... ¡Y creo que otra gente también se da cuenta! Dave y yo nos cagamos de risa sobre eso. Tenemos formas parecidas de contar las historias y a veces melodías iguales... Es muy positivo: todos nos influimos unos a otros y seguimos haciendo lo nuestro. Me parece que otra gente le presta más atención a esto que nosotros. Todos lo sabemos y nos reímos de eso.

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Bob Mould (centro) fue influencia clave para Nirvana, Pixies, My Bloody Valentine y Foo Fighters.
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