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Miércoles, 16 de octubre de 2013

MUSICA › LEóN GIECO Y AGARRATE CATALINA COMPARTIRáN EL LUNA PARK

“Nos fusionamos y es increíble ver cómo crecen las canciones”

La primera vez que vio a la murga uruguaya más popular del momento, el santafesino pensó: “Estos tipos hablan de lo mismo que hablo yo, pero en joda”. Entonces, no podía tardar la juntada, que primero fue en Uruguay y en noviembre continuará en Buenos Aires.

 Por Cristian Vitale

“Tengo contacto con la música uruguaya desde antes de llegar a Buenos Aires”, arranca León Gieco, sentado junto a Yamandú Cardozo, director de Agarrate Catalina. Sucede que el cantautor de Cañada Rosquín y la murga más popular del momento conjugaron talentos en el pasado cercano durante una gira por Uruguay y los seguirán conjugando el sábado 16 de noviembre a las 21.30 en el Luna Park (Bouchard y Lavalle). Pero para eso todavía falta. Aquí y ahora, Gieco se desvive en elogios hacia Los Shakers, a quienes dice geniales y arriesga un “eran mejores que Los Beatles”. También habla de Los Iracundos y de Kano y los Bulldogs. De Alfredo Zitarrosa, de Eduardo Mateo y su versión de “Príncipe Azul”, y de Tótem, la banda de Rubén Rada que lo alucinó en el B. A. Rock de 1971. “Habrá sido mi quinta actuación en Buenos Aires y me acuerdo de que la monada estaba calcinada del sol y esperaba a Vox Dei. Todos los grupos que tocaron antes fueron abucheados. A mí, por ejemplo, me tiraron de todo, cosas que por suerte no llegaban al escenario, mientras yo cantaba unos temas medio country. A Tótem le pasó lo mismo. Sonaban mejor que Santana, loco, pero a nadie le importaba... ¡Cómo podían ser tan sordos! Cuando bajó el Negro Rada le dije ‘Soy argentino y tengo vergüenza de lo que pasó, te pido disculpas en nombre de todos’”, evoca. Y las secuencias históricas siguen: que los primeros que le hicieron las voces de “En el país de la libertad” fueron los del grupo uruguayo Psiglo; que su primera salida del país fue hacia el país celeste, junto a Sui Generis; que tiene pilas de discos y cassettes de música uruguaya; que se juntaban con Charly García a fumar porro, tomar vino y escuchar a Opa, la banda de los hermanos Fattoruso y Rada. “Nos parecía lo máximo”, acentúa Gieco.

–¿Y el lazo con la murga cuándo llegó?

León Gieco: –Llegó después. Incluso, Agarrate Catalina fue una de las primeras murgas que vi en mi vida. Había visto sólo a Falta y Resto, que me pareció alucinante, y siempre me preguntaba por qué a los argentinos no les gustaba la música uruguaya como me gustaba a mí. Se copaban con los italianos, después con los españoles, después con los brasileños, y yo decía: “¿Cuándo descubrirán la música uruguaya, que es alucinante?”. Bueno, llegó tarde, pero llegó.

–Vía Jaime Roos, fundamentalmente

L. G.: –Exacto. Fue así. Pero cuando fui a ver a la Agarrate Catalina a La Trastienda fue alucinante... Me cagué de risa. Me pareció desopilante eso de los trajes, las voces, lo folklórico y lo ideológico. Dije: “Estos tipos hablan de lo mismo que hablo yo, pero en joda”. Me acuerdo de que hicieron “Solo le pido a Dios” en una versión deforme.

Yamandú Cardozo: –Sí, es “Solo te pido Dios” (risas), en el cumpleaños de Dios pidiéndole cosas a él.

L. G.: –Y yo pensaba: “¿Querrán que esté ahí, en ese momento?”.

Así fue: el azar sobrevino con toda su lógica libre de lógica hasta originar el acercamiento final, que continuará en noviembre. “Ojalá la gente disfrute lo que disfrutó en Uruguay con la venida de León”, sintetiza Cardozo, el letrista que quedó a cargo de esta cooperativa artística itinerante de 28 personas, tras el alejamiento con destino solista del fundador: su hermano Tabaré. “Igual, él va a estar, porque Tabaré ‘es’ la murga –sigue–. El es de las personas que más han hecho por la murga, pero nosotros lo apoyamos en su retiro porque lo más precioso que tiene un autor son sus canciones, algo que él había corrido a un costado para estar en la murga junto a sus hermanos: el gesto de amor más grande que puede tener”, desarrolla Cardozo, mientras Gieco lo lleva de regreso al principio: “Cuando me invitaron, dije: ‘¿Qué vamos a cantar?’ y Tabaré fue como una bisagra para que yo pueda cantar con la murga, porque las canciones son casi todas suyas. El es el que curte rock con murga y lo que hace es genial. Con esa pasividad que tiene, incluso, me resolvió el problema: me dijo ‘Cantate una como el Canario’ y, bueno, acepté”.

Gieco se refiere a “Lo que el tiempo me enseñó”, una canción del mismo Tabaré que Canario Luna inmortalizó con su notable voz y que será una de las piezas que el cantante y la Catalina ofrecerán juntos durante el concierto que, prevén, orillará las cuatro horas. Que incluirá, además, un set de Gieco solo; otro de Gieco con un trío de guitarras a la Zitarrosa; otro del rosquinense con una banda punk; un bloque de la Catalina a solas destinado a reestrenar el espectáculo El fin del mundo, con sus cuplés de humor irreverente, sus coros estridentes y sus disfraces; más otras doce piezas en conjunto: “La comedia del hombre” y “Alrededor del fuego”, entre ellas. “Esta es la primera canción que le escuché a la murga. Es un tema de Tabaré cantado por el Zurdo Bessio y cuando lo escuché dije: ‘Qué bueno que sería cantarlo’... Claro, tuve que acomodarme a lo que hace el Zurdo, que tiene una voz privilegiada, tanto que parece Gardel. Al final, terminamos cantándola juntos”, refiere León, sobre “Alrededor del fuego”.

El set total incluirá también la presentación de temas de los dos últimos discos de Gieco (Verdaderas canciones de amor y El desembarco), que aún no han sonado en vivo en la ciudad de Buenos Aires, donde León no toca desde hace siete años. “La idea es que ellos hagan su parte, que yo haga la mía y que al final toquemos juntos –sintetiza Gieco–. Además, vamos a pasar videos: por ejemplo el de una versión de ‘Solo le pido a Dios’ que fue nombrada canción por la paz en Medio Oriente y grabada en todos los idiomas de la región: en persa, hebreo, árabe, iraní...”

El concierto tendrá una yapa: todos los que compren la entrada recibirán Por partida simple, el disco de Gieco que faltaba para completar la saga de Por partida doble y Por partida triple. Un disco a tono con la impronta por la inclusión de “La Banda de Caliton”, tema del tándem Gieco-Gurevich, en el que participan Hugo Fattoruso en acordeón, Rubén Rada en voces y Alejandro Balbis (todos uruguayos, claro) en la producción. El disco yapa, además, contiene “Un Minuto”, que Gieco compartió con Pato Fontanet, cantante de Callejeros; “Canción para Carito” y “La Navidad de Luis”, a dúo con Mercedes Sosa; una versión de “El imbécil”, junto al capo de las armónicas Lee Oskar, una visita a “Laura Va”; un bonus track de Luis Alberto Spinetta hablando de cómo y por qué hicieron “8 de octubre” con León; un tema con Arbolito sobre la fábrica Zanon; y un poema musicalizado de Leopoldo Marechal (“Nunca mires atrás”), grabado con el santiagueño Motta Luna. “Y me quedaron un montón de temas afuera”, señala León.

–¿Cómo se ve la juntada desde el lado de la murga, Cardozo?

Y. C.: –Bueno, por una cuestión generacional, nosotros crecimos con la música de León súper cerca. Mucho antes de que tuviéramos ciertos intentos artísticos juntos, él estaba presente en nosotros. Tabaré, por ejemplo, sabía tres temas en la guitarra, y dos serían de León (risas): “La colina de la vida”, seguro, y “El fantasma de Canterville”, que no es de León pero es de León, ja... ¡Lo que habrá chamuyado con esos temas Tabaré! (a Gieco). Vas a tener que cobrarle eso en algún momento, León. Bueno, hasta que una vez nos enteramos de que León nos estaba viendo en un recital de La Trastienda y a partir de ahí, llamamos a nuestro manager para que lo inviten a hacer algo con nosotros.

L. G.: –Y el primer concierto en conjunto fue en el Teatro de Verano, de Montevideo. Fue un éxito total, e incluso hasta vino a vernos Pepe Mujica. Después hicimos una gira por Uruguay, con un formato más íntimo.

Y. C.: –Y controlado, sí. Vino León solo, sin la banda, agarró la guitarra y la armónica y se mandó para el interior del Uruguay.

L. G.: –Ahí nos dimos cuenta de que había una gran profesionalidad mutua, digamos, porque descubrimos cómo hacer el repertorio, y cuál es el orden de las canciones. Yo soy experto en eso, me rompo el bocho con eso, porque es el secreto de la noche. Ellos, cuando fui allá, me dijeron: “Nosotros tocamos primero, después tocás vos y al final nos invitás”. Y yo dije: “Me parece que tiene que ser al revés, que ustedes son los anfitriones”. Además, hay una gran ductilidad que incluso es ideológica. Yo soy de la generación del padre de ellos, que estuvo preso en la época de la dictadura, y eso los marcó muchísimo. Es una reivindicación que hacemos nosotros con la gente que estuvo presa, desaparecida, que luchó contra las dictaduras... Es importante, porque ellos también eligieron a qué cantante escuchar.

–Eso está claro. Ahora, ¿por dónde pasaría la afinidad estética, musical? ¿Cuál es el puente entre la murga y el folk rock a lo Gieco?

L. G.: –Se fusionan perfectamente. Es increíble ver cómo crecen los temas. Una cosa es que yo diga “bajen las armas, que aquí sólo hay pibes comiendo” solo y otra que lo diga toda la murga. Y los coros: una cosa es que Aníbal (Forcada) y Kubero (Díaz) hagan los coros en ciertas partes y otra que aparezcan cinco de la murga. En “Cinco siglos igual”, por ejemplo, que hago siempre a capella, ahora lo hacemos en coro de murga. Cuando digo “Este tema está dedicado a Evo Morales” y pasamos imágenes atrás de Latinoamérica hecha pelota con esos coros, se te pone la piel de gallina.

Y. C.: –Además, hay otra cosa en la que nosotros nos basamos para ver si podía suceder esta unión. No debe haber alguien que haya tocado con gente de palos tan distintos como León, entonces es bueno rescatar a través de él un sonido que a no todos los argentinos les es tan familiar, una cosa cultural muy fuerte que tiene nuestra murga. La murga, por otro lado, se ha ido vinculando con otros géneros musicales a través de Jaime, de Galemire, de La Vela Puerca, No Te Va Gustar, Bersuit, Balbis... En fin, el coro de murga está cada vez más entrenado para sumar en este sentido. O por el lado de Tabaré, también, que es el camino natural que encontramos para que esto fluya con un tipo que hace canciones, que es cantautor, que se chapa la guitarra al pescuezo, se la lleva al hombro y se recorre el mapa cantando, como León. Eso nos hace meternos en un rock, en un folk, en una cumbia, y lo disfrutamos como locos.

L. G.: –Hay otras cosas que se van realizando y uno no las hace adrede. Por ejemplo, yo compuse canciones para el Uruguay como “Uruguay, Uruguay”.

–Uno de los temas menos conocidos pero más profundos e interesantes de Bandidos rurales.

L. G.: –Así es, y que está tocado con los dos Fattoruso, Osvaldo y Hugo, y también estaba en el bajo el hijo de Hugo (Francisco), pero al final no quedó porque quisimos dar vuelta el ritmo de Osvaldo para hacerlo más “petergabrielesco”, digamos, si no salía una cosa muy rara. Yo quería algo más volado y lo puse a Jimmy Johnson, el bajista de James Taylor, algo que el hijo de Hugo no me perdona ni ahí (risas). Cada vez que lo veo le digo: “Ya vamos a tocar juntos algún día”... Hice ese tema porque amo Uruguay. Voy siempre: fui a Salto, a Villa Unión y me mata La Mansa, desde Atlántida hasta Casapueblo. Y paro siempre en Piriápolis, me parece uno de los mejores lugares del mundo para sentir cosas, no sé, en invierno y en verano. Ahí compuse “Río y mar”, “Los Salieris de Charly”, “Mensajes del alma”, un montón de canciones.

–“Las cruces de Belén”, de El desembarco, también es un guiño a los uruguayos...

–Sí, porque va mencionando de una forma rara los diferentes pueblos de Uruguay, y los uruguayos lo entienden al toque. “La banda de Caliton”, con Luis Gurevich, también. Fueron los dos temas que le dimos a Balbis para que los organice. En el caso de “La banda...”, yo quería voces de murgas de minas, y él me puso tres minas que parecen The Roches, el trío de minas que produjo Robert Fripp, y quedó impecable, porque se entendió que tenían que sonar a la uruguaya, como todo lo que nos está pasando en este momento.

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El primer concierto que compartieron Gieco y Agarrate Catalina fue en el Teatro de Verano montevideano, con Pepe Mujica entre el público.
 
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