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Domingo, 27 de septiembre de 2015

MUSICA › QUEEN Y ADAM LAMBERT TOCARON EN EL ESTADIO GEBA ANTE 25 MIL PERSONAS

Mucho más que un ejercicio nostálgico

Brian May y Roger Taylor comandaron un concierto compacto y demostraron que las canas no les han quitado entusiasmo. La lista de temas, llena de caballos ganadores, encontró un excelente intérprete en Lambert, que evita muy bien el error de imitar a Freddie Mercury.

 Por Eduardo Fabregat

No hay manera de evitarlo: cuando el show está llegando a su fin y Freddie Mercury aparece en la pantalla para cantar una estrofa de “Bohemian Rhapsody” en perfecta sincronización con la banda, una sensación agridulce se apodera del espectador. Está claro que es imposible llenar los zapatos del enorme músico y showman fallecido en 1991, pero en esa escena queda demasiado patente. Para Queen, nunca nada será igual. Freddie fue demasiado grande. Y a este proyecto de Brian May y Roger Taylor sólo le queda la dignidad de una excelente banda de covers liderada por dos tipos que, cerca de los setenta, aún tienen el fuego sagrado y la capacidad de mostrar por qué ellos también son pilares de la bestia fundada en 1970.

Entonces: ¿la gente que atestó GEBA debió poner en juego una actitud perdonavidas? Nada de eso. Lo del Queen modelo 2015 superó toda expectativa, e incluso mejoró la presentación de 2008 con Paul Rodgers en Vélez. Y ello, aunque a algunos les cueste admitirlo, por la presencia de Adam Lambert, el cantante cuya condición de finalista de American Idol puede despertar más de un prejuicio. El jovencito no sólo tiene la voz necesaria para asumir los clásicos de Queen, sino que además y sobre todo evita imitar a Freddie. Y en la fría noche de Palermo incluso tuvo grandes momentos, como su impecable rendición de “Killer Queen” abanicándose en un sillón o la notable performance en “Somebody to love”, todo un desafío para cualquier vocalista. Hasta se permitió el lujo de incluir un tema propio, “Ghost town”, que pasa como un suspiro y por el que nadie protesta. Con gracia y estilo propio, Lambert ocupa sabiamente el lugar de quien, como dijo al público, se siente agradecido por la oportunidad de cantar semejante repertorio.

Porque, claro, ése fue el principal encanto de la tercera visita: una lista compuesta casi exclusivamente por caballos ganadores. A la hora de definirla, May y Taylor dejaron fuera al debut y al último disco de la banda (con Freddie en vida), y encontraron un balance perfecto de su primera y dorada década y algunos de sus mejores discos post 1982. Con guiños al fan más recalcitrante como “In the lap of the gods... revisited” y “Seven seas of Rhye”, Queen descerrajó títulos inoxidables como “Fat bottomed girls”, “Another one bites the dust”, “Under pressure”, “I want to break free”, “Tie your mother down”, “Don’t stop me now” (que desató una fiesta en la multitud que tapizaba el campo), “One vision”, “Crazy little thing called love”, “I want it all” y, por supuesto, el inamovible combo final de “We will rock you” y “We are the champions”, esta vez sin “God save the Queen” como despedida. ¿Cómo resistirse a semejante andanada, que representó las mejores vertientes de la banda inglesa?

Y los dueños del boliche lo saben todo. Con la cabellera de siempre pero ahora completamente plateada, Brian May hace lo que se le antoja con su Red Special, una nave espacial que lo exime de usar pedales, pero sobre todo un instrumento de sonido único ejecutado por manos que siguen combinando destreza y buen gusto en cada pequeño arreglo. Tuvo un rapto de especial sapiencia al dejar “Love of my life” exclusivamente a su cargo: la canción de A Night at the Opera es demasiado icónica, trae tantos recuerdos de Mercury que es mejor dejar a Lambert fuera de la ecuación. Y Taylor, ahora barbado cual papá Pitufo, sacó de gira a su propio hijo pero también mostró que aún puede pegarles a los parches con potencia, y dejó la banqueta para cantar de manera impecable “A kind of magic”. Ambos, también, protagonizaron sus momentos de exceso en forma de solos de guitarra y batería, pero todo fan de Queen sabe que desde siempre eso viene incluido en el paquete del concierto.

¿Fue GEBA un mero acto de nostalgia? Sí, y no. Con lo que queda de una banda esencial de la historia pop rock inglesa, Brian y Roger montan un espectáculo compacto y más que satisfactorio, que honra a la leyenda de Queen. Claro que cuando aparece Freddie surge la melancolía por lo que ya nunca será. Pero las 25 mil almas felices que caminaban por Pacífico pasada la medianoche podían dar constancia de que, aun así, el encuentro valió la pena. Y más que eso.

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En un estadio repleto, Queen entregó un balance perfecto de lo mejor de todas sus épocas.
 
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