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Viernes, 11 de marzo de 2016

MUSICA › ANA PRADA Y PATRICIA KRAMER, ANTES DE SU SHOW DE ESTA NOCHE EN EL TASSO

Dos voces que saben fundirse en una

Tras una primera experiencia conjunta hace quince años, las cantoras uruguayas volvieron a juntarse para un espectáculo con el sugerente título Canciones Yeguas. “Esto no deja de ser buscar esa voz que ayuda a encontrar un camino alternativo”, dicen.

 Por Cristian Vitale

Ana Prada tiene experiencia en dúos: los ha tenido, discos incluidos, con Teresa Parodi y la española Queyi. Y no quiere perder el hábito. Ahora retomó uno que había formado en el alba del siglo junto a su coterránea Patricia “Pata” Kramer. Uruguaya y también atrevida en esto del arte y la vida. “Nació como todo, de una coincidencia en el espacio y el tiempo que de golpe se hace consciente. Estamos tan de acuerdo y tan en desacuerdo como siempre”, se ríe Prada, nacida hace cuarenta y pico de años en la campestre Paysandú. “Lo que fuimos encontrando, quizá, fue una manera de disfrutar todas las ambivalencias”, completa Kramer, en la previa de la presentación de hoy a las 21 en el Tasso (Defensa 1575), bajo un título sugerente: Kramer vs. Prada, Canciones Yeguas. La primera parte, en alusión a aquel film de Robert Benton de fines de los 70. La segunda la explican ellas: “Tuvimos ganas de reivindicar esa posición de yeguas donde a veces nos ponen, sobre todo a las mujeres (similar a ser pecadoras) por vivir en un mundo que confunde determinación con despotismo, libertad con indomable, etcétera con etcétera... ser yegua, en los parámetros de este mundo, nos suena más a halago que a insulto”, explican.

Traducido a música, puntualmente, la intención sería “buscar canciones yeguas”. “Esto no deja de ser buscar esa voz que ayuda a encontrar un camino alternativo... disfrutar de la verdad aunque parezca estar mal. Elegirse, en definitiva. Por un lado esto, y por otro nos dimos cuenta que las canciones que más nos gustan y más nos salen a la hora de componer... son esas canciones de momentos de crisis y no de resultados felices”, sostiene Prada sobre el contenido de esta yunta femenina que acompaña el pianista Ariel “Cordero” Polenta. “Por suerte, tanto humana como musicalmente, este dúo se ha vuelto trío con Ariel, que hace un poco de juez y parte. Nos relincha, aunque le digan el cordero, y mantiene a las yeguas más entretenidas”, se ríe Kramer. “Sí, y los cambios de instrumento y roles, siendo tres, generan una cosa lúdica que da paz a la granja”, agrega Prada, que también es psicóloga.

–¿Qué es lo que recuerdan de aquella reunión de hace quince años y por qué se disolvió “pronto”?

Pata Kramer: –Bueno, no fue tan pronto. Ese primer “Kramer vs. Prada” duró por lo menos un par de años. Tampoco estamos tan seguras de que se haya disuelto. Simplemente se pospuso, para poder vivir cada cual las cosas que tenía que vivir por separado, para que volver a encontrarse fuera todavía más disfrutable y enriquecedor. Había que grabar discos, reforzar autoestimas, fortalecer lo individual para poder encontrarnos en otra pantalla donde seguir haciendo cosas juntas fuera crecimiento y no estanque.

Un “período intermedio” que en el caso de Ana Prada consistió –luego de sus experiencias noventosas con su primo Daniel Drexler, a través del grupo La Caldera, y los coros para Rubén Rada y Edú Lombardo, entre otros– en dos discos con el cuarteto vocal La Otra (el epónimo y Dos), en los tres forjados como solista (la saga Soy sola, Soy pecadora, Soy otra), más los trabajos en dúo con Teresa Parodi (Y qué más) y la española Queyi (Queremos un carril bici). Y en el caso de Kramer, cantante casi licenciada en química, en un trío junto a Sebastián Pereira y Mariana Vázquez, que determinó el disco Un par de intentos, en 2006, y otro solista llamado Sostén. “Lo mío es como ese primer amor que es el único. Mi única experiencia en dúo propiamente dicho es con Ana. Si bien disfruto mucho de compartir escenarios con otras personas y lo hago cada vez que me invitan o aceptan mi invitación, de manera formal y continuada en el tiempo, eso de generar algo enteramente con otro y nombrado como dos, sólo se ha dado con Ana. Ahora que me lo hace pensar así, me siento un poco engañada”, se ríe Kramer.

–¿Podrían extenderse sobre la frase “un caos de canciones con algo de talento” con la que habitualmente definen lo que hacen?

P. K.: –Otro juego... no sobrestimar el rol de las canciones, ni mucho menos de estas cantantes. Tampoco desmerecerlo. Algo sucede, aunque a veces cueste hacerse cargo. Y también algo podría no suceder, aunque se hiciera todo lo posible porque así fuera. Todo tiene un poco de caos y un poco de talento... la vida misma y nuestras vidas son bastante las canciones y nuestras canciones son bastante nuestras vidas.

“Y la estructura es bastante desestructurada”, va finalizando Prada en una vuelta al principio: el recital que ambas compartirán en el Tasso. “Las canciones de la una, de la otra y de las dos van siendo cantadas por una, por la otra y por las dos, sin buscar demasiado nada y respetando lo que naturalmente surge”. “Sí”, reengancha Kramer, “porque sentimos, y además nos hacen creer, con todo lo que por suerte nos dicen cuando nos ven, que hay algo superior a cada una en la suma de las dos. Cuando los egos pueden quedar de lado y disfrutar que hay algo superior a una misma, está buenísimo y todo lo otro se da porque se da, nomás”.

–¿Qué pasa con los sendos próximos discos de ambas? ¿Qué están “sintiendo” para hacerlos?

–Está tocando un tema escabroso (risas). Estamos justamente en una crisis de hacer lo que pensábamos que cada una debía hacer o hacer lo que este momento nos plantea que debemos hacer. Hay canciones como para grabar discos separadas, y también para grabar juntas... se abren las apuestas.

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“Hay canciones como para grabar discos separadas, y también para grabar juntas: se abren las apuestas.”
 
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