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Martes, 21 de junio de 2016

MUSICA › PEZ PRESENTARá ROCK NACIONAL EL VIERNES EN EL OPERA

“Cuando una canción te llega, todo lo demás es superfluo”

Ariel Sanzo se desembarazó del seudónimo Minimal y gestó un álbum “bastante sencillo, abierto y ecléctico en lo temático” junto a la banda que lidera. Además, reniega ser “de culto”, ataca la intelligentzia rockera y reivindica a Miguel Mateos.

 Por Cristian Vitale

Pez no se come ninguna. Y si Pez no se come ninguna, es porque Ariel Sanzo, ese cantante, guitarrista y compositor de rock que fundó la banda hace ventitrés años –cuando se hacía llamar Minimal– tampoco. Es más, empieza por ahí. Empieza por él, en este caso puntual, y una furibunda defensa de Miguel Mateos. “Yo le doy todo el amor que la gente le niega”, se ríe él, ni bien se sienta ante Página/12 para hablar del show presentación de un disco de nombre también polémico (Rock nacional) y de todo, sin careta, sin pose, sin cassette. Sobre Mateos, de quién tomó una especie de idea fuerza del disco (“Todos amamos a alguien, necesitamos a alguien, si le gusta el rock’n roll, mucho mejor”), dirá, más serio, que su música le gusta. “Lo elegí no sólo por esa frase tan sencilla y al hueso, sino porque su música me gusta. Es más, habría que investigar por qué se lo ningunea. Yo no lo sé. Sigo escuchando los discos que saca y siguen teniendo la misma calidad que en los 80, cuando era adorado por multitudes. Y acá entra un poco a tallar porqué elegí la frase de Miguel”, sostiene Sanzo, a punto de presentar el decimoséptimo disco de la banda, el próximo viernes a las 21 en el Teatro Opera (Corrientes 860). “Lo de los gustos, no sé, a cada uno le puede gustar lo que sea, pero ya cuando hay ideas preconcebidas me molesta mucho. Me molesta esa intelligentzia del rock que dice qué es lo que está bien y qué lo que está mal, cuando el género tendría que ser un espacio de libertad y desprejuicio. Pero pasa lo contrario: está lleno de prejuicios. ¿Qué, si ponía una de Spinetta o de García estaba bien? ¿Estaba mejor? Igual, poner esa frase en la lámina no es algo para molestar sino que cerraba con el concepto del disco”, desarrolla el hombre.

A Pez no le hacen falta huevos, queda claro. Y este rasgo se hace notar también en el lance de titular un disco como a pocos se le hubiera ocurrido, al menos después de 1982: Rock nacional. “Pasó que estábamos a punto de terminar el disco y no teníamos ni tapa ni nada, vino todo junto. Nos sentimos una banda de rock nacional más entre las miles y miles que hubo en estos cincuenta años. Hemos mamado el rock nacional desde chicos y tenemos las raíces ahí. El nombre va también en que se venía el rock and roll”, deja entrever el guitarrista apoyando el dedo índice sobre el dibujo de la tapa: una manifestación a punto de ser reprimida. “Se ve venir el baile, ¿no? Es por la represión que hubo en La Plata a días de asumir el gobierno, mientras nosotros estábamos grabando el disco. Igual, tampoco está tan claro porqué se llama Rock nacional. Me parece que tenía que ver con lo que nos pasaba en el momento que lo editamos. Igual que lo de Mateos. Yo estaba escuchando sus discos muy fuerte, mientras hacíamos éste. Otra cosa: Rockas vivas, de Zas, fue el disco de rock argentino más vendido hasta El amor después del amor, de Fito Páez.

–Tal cual. Es indiscutible, más allá de gustos, que Zas era la banda de sonido masiva de asaltos y boliches en el primer lustro de los 80. De todas formas, no se nota en Pez una influencia musical de ese grupo, por más que usted lo estuviese escuchando mientras grababa el disco.

–No, claro. Además, sería tristísimo que fuese así.

–Lo que sí se encuentra es un lazo entre la onda Mateos y la letra de “Más música”, el primer track.

–Sí. Es esa cosa de, bueno, estamos pasando un mal momento, dame música que es el único bálsamo que tengo a mano. Viene de ahí. No sé, son cosas inconexas que ahora veo todas juntas y me re cierran. Me cierra el logo de la revista Pelo trasmutado en el nombre del grupo, con la frase de Mateos, y todo el quilombo que se ve en la tapa y la contratapa. Es como una fotografía muy clara de la semana en que estábamos haciendo el disco.

–Casi inconsciente, espontánea…

–Totalmente.

Como fue dicho, la otra elección “polémica” de Sanzo tiene que ver con el título del disco: Rock nacional se le decía sin pruritos al rock argentino antes de que a los militares se les ocurriera usar el género para contrarrestar la influencia cultural inglesa durante la guerra de Malvinas (no antes, por supuesto). Pero después fue una denominación que se puso en tela de juicio, sobre todo cuando se empezó a destapar la olla fascista. Sanzo, que ve ciertas cosas a través de un trasluz muy personal, no le da tanta importancia a la cuestión. “Le puse así porque así se lo llamaba cuando yo era chico. Incluso no estaba bien visto el término, era medio grasita, porque mucha gente lo seguía negando a fines de la década del 70. Se creía que el rock solo se podía cantar el inglés, o al menos muchos lo creían así. Pero, volviendo al título, era como se le decía al rock hecho en la Argentina. Después, todas las suspicacias posteriores, bueno, yo que sé, tienen su lógica. Hace un tiempo estuvimos en México y ellos también le dicen rock nacional al suyo. No sé, el nombre es ambiguo, sugerente, poco explícito”, duda el guitarrista sobre las formas de un contenido que abarca diez piezas y cuatro músicos: él, en voz y guitarras acústicas y eléctricas más Franco Salvador en voz, batería y percusión; Fósforo García en bajo; y Juan Ravioli en pianos y sintetizadores.

–Se los nota menos grandilocuentes musicalmente. ¿Puede ser que le hayan bajado un cambio a los decibeles de discos anteriores?

–Claramente no hay distorsión, no hay rock pesado, no hay grandilocuencia. Es un disco bastante sencillo y así fue buscado desde el principio. No tiene un hilo conductor, es bastante abierto y ecléctico también en lo temático.

–Es parecido a sus discos solista, entonces…

–Se parece más a ellos que a los discos de Pez, porque es un disco de canciones. No está tan volcado a lo instrumental ni a la improvisación o a los solos.

–¿Por qué lo concibieron así?

–Porque vamos y venimos todo el tiempo. Es nuestro decimoquinto disco –sin contar los dos en vivo– y así como éste es tranquilo, hay discos que son casi heavy metal, ahí en la frontera. Pez es una banda que responde a nuestros propios gustos y no tiene un estilo definido.

–Tampoco una línea marketinera que detecte fácil por dónde andan. Incluso, hay dos discos que se llaman igual (Pez), otro que se llama Viva Pez, y solo en uno aparecen fotos de ustedes. ¿Lo buscan así o, como la música, sale como sale?

–No estudiamos márketing, entonces no sabemos qué tapa habría que hacer para impactar o para que quede en las memorias. Pero hay cosas que sí son buscadas, como precisamente eso de no usar fotos en las tapas, excepto ese en el que aparecemos saltando –uno de los dos que se llama Pez– y era un chiste, una onda Parchís (risas). Creo que ni mis compañeros entendieron porqué yo quería poner esa tapa. Pero en los otros no aparecemos, porque es parte de la estética de una banda que no está basada en la estética. No es una banda lanzada al medio. Digo, el que escucha Pez tiene los discos, conoce las letras, sabe de qué va, y el que no la conoce, no la conoce.

–En otras épocas se le decía banda de culto. ¿Sigue siendo así? ¿Ustedes lo conciben así?

–No sé. Lo que yo digo es que para enterarte qué pasa con Pez tenés que querer enterarte, porque de rebote no te enterás. No estamos en los medios al modo de La Vela Puerca, una banda que yo puedo decir que existe aunque nunca haya escuchado una canción. Por eso no tenemos discos icónicos, digamos. Más bien, son todas pequeñas obras que no tuvieron carteles en la calle. Igual, lo de culto me suena más a algo que es para pocos, que no genera un mango y que cuando muera va a ser famoso.

–Hay excepciones: tanto Spinetta como Pappo, por caso, fueron de culto y populares a la vez. No se transformaron en eso después de muertos…

–Y, sí, ellos fueron de una época en que podías ser de culto teniendo un contrato, o siendo un artista del mainstream como ambos... que, a su vez, no estaban todo el tiempo bajo las luces.

–¿Por qué la conversión –o retorno, mejor dicho– de Minimal a Sanzo? ¿Todavía lo “molestaban” con su paso por los Cadillacs?

–No, para nada. No sé. Un día, no sé por qué, se me ocurrió que no me sentía muy Ariel Minimal que digamos. Me sentía más Ariel Sanzo, pero no sé porqué. Es más, no sé porque no me llamé como me llamé todo la vida (risas).

–¿De dónde había surgido lo de Minimal?

–De una banda que tenía cuando era pendejo y se llamaba los Minimals. De ahí viene, hasta que un día paré y dije “¡Minimal! ¿qué es eso?” (risas)… No me interpeló más el seudónimo y dije “ya fue”… no sé, tal vez haya sido por el apellido de mis hijos.

–“Es como un Huracán / no lo podés parar”, canta en “Más música”. Siempre, de una u otra forma, aparece el Globo en su vida.

–(Risas) Es que la estaba haciendo justo cuando Huracán estaba jugando la Libertadores. Andaba bárbaro en ese momento.

–¿Y quién o qué lo pincha cuando viene tan bien? Es muy vertiginoso el Globo.

–Vaya a saber, no sé. Es más, si no vendemos a Wanchope voy a tener que salir a buscar otro laburo para poner algo de guita... ¡lo que va a pedir para seguir jugando en Huracán! El tipo tiene contrato hasta el 2018 y todavía no se fue a ningún lado, pese a todo lo que se dijo.

–Si reivindica a Zas, tranquilamente podría hacer lo mismo con Pastoral, otro de los grupos ninguneados por la “intelligentzia” del rock argentino, como dice usted. ¿Los escuchaba?

–No. Sólo conozco “En el hospicio”. ¿Por qué?

–Porque tenían un tema muy bueno que se llama “Lucifer asomó”, y el mensaje se parece bastante al de “Lucifer”, otra de las canciones del disco. La idea de un demonio omnipresente que, de alguna manera, provoca “los males” de este mundo. O al menos se tiene que hacer cargo de lo que los hombres provocan.

–Qué loco... No, no me inspiré en Pastoral sino en un libro que ni leí que se llama El paraíso perdido, que aborda el problema del mal y habla del ángel caído. Le queríamos poner “As Tiniebulas” porque tenemos un tema que se llama “Os Garcas”, pero después dijimos “¿De qué habla? ¿De Lucifer? Entonces pongámosle así”. Lo dudamos un poco porque después te empiezan a llegar mail de esos locos que te amenazan o deliran con profecías.

–¿Siguen existiendo esos personajes después de Capusotto? Porque el AC DC del rock argentino de hoy es Antes de Capusotto-Después de Capusotto.

–Existen porque no es una moda, es gente que tiene problemas psicológicos en serio. No son Pomelo, digamos, o el pomelaje que desactivó Capusotto. Pero los locos de verdad siguen estando. Es decir, Capusotto no te salva de tener potenciales escuchas con problemas psicológicos, con desequilibrados.

–¿En qué lugar se ubica en la gran polémica que se desató con el rock del siglo XXI? Hay algunos que opinan que el género ya no tiene nada que decir, otros dicen que lo devoró la máquina de picar carne (las corporaciones), otros que está bien vivo pero en ciertos ámbitos. ¿Cuál es su visión “política” respecto de esto?

–Conozco mucha gente que opina que el rock ya no es lo que era, pero es gente que no escucha bandas. Es gente que se queda en la casa, pone el primero de Manal, después prende la radio, escucha alguna de las mierdas que pasan y saca esa conclusión rápido. Lo que pasa es que hoy el rock no está en la radio. Nosotros tocamos por todas partes con bandas de otros lugares y en todos lados hay pibes cantando su historia, hablando de lo que les pasa, en castellano. Eso sigue existiendo, aunque es cierto que Manal, Moris, Vox Dei o Almendra pusieron la vara muy alta. Toda esa camada fue brillante, obvio, pero aquel que, pensando en aquellas bandas, dice que el rock de hoy es una mierda, es porque no quiere al género. Si no, tiene que apoyarlo de algún modo, no solo señalarlo. Hay un montón de bandas nuevas y buenas, que no son las que están bajo el candelero todo el tiempo.

–También pasó que se metieron las corporaciones a bancar una música que antes despreciaban y muchos están desencantados con eso. Fue un punto de inflexión muy fuerte en cuanto al rock como ideología o contracultura, si se quiere…

–Como parte de una banda que nunca bancó una marca ni nada de eso, pienso que la canción es la canción. Que la canción no se mancha, porque todo se reduce a poner play, púa, lo que sea y, si la canción te llegó, todo lo demás es superfluo. Pareciera hoy que no existe la opción de tocar en grandes festivales si no hay una marca atrás que auspicie, pero incluso dentro de ese ámbito muy mercantilizado, sigue habiendo canciones y artistas que tocan ahí y te mueven algo. Entiendo que se ha perdido cierto romanticismo, si se compara esto con Pipo Lernoud y los primeros hippies. Ahora hay todo un circo montado alrededor del rock, pero también hay bandas que no estamos dentro de ese circo, de esa rueda. Igual, yo amo la música y si algo me llega no pregunto quién lo pagó, o si salen en la tele o no, me chupa un huevo eso. Si me gusta, me gusta.

–Ricardo Iorio dijo alguna que vez que los que creen que el rock es de izquierda se equivocan. Si es así, ninguna banda tendría porqué dar explicaciones cuando se entrega a un auspiciante.

–No estoy de acuerdo con lo que dijo Iorio. No me voy a poner a discutir con él, porque además lo quiero mucho y me parece un tipo muy sincero, pero no coincido con todas las cosas que dice. Después, sí, es cierto que el rock hace años no conlleva un compromiso político, y tampoco es necesario que lo tenga, aunque haya algunos que sí lo tengan.

–¿Dónde ubicaría a Pez en este contexto?

–No creo que seamos de izquierda, pero sí somos un proyecto solidario entre nosotros. No es que tocamos para comedores escolares, porque no podríamos dar demasiado, pero supimos ser solidarios entre nosotros, y eso explica muchas cosas, ¿no?

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“Un día, no sé por qué, se me ocurrió que no me sentía muy Ariel Minimal que digamos”, dice Sanzo sobre el regreso a su apellido.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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