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Sábado, 23 de julio de 2016

MUSICA › HUGO LOBO PRESENTA SU SEGUNDO DISCO COMO SOLISTA

“El consumismo siempre espera a ver qué se pone de moda”

Tras varios años al frente de Dancing Mood y de colaborar con una multitud de proyectos, el notable trompetista se animó a grabar bajo su propio nombre. Esta noche mostrará en Niceto Club el material de su flamante Stay Rude!

 Por Yumber Vera Rojas

A 16 años de la creación de Dancing Mood, Hugo Lobo, líder del grupo de ska más arengado del país (su propuesta instrumental es toda una invitación para ello), se animó a mostrar un poco más de su potencial creativo. Si bien en el rock argentino es sabido que es una de las trompetas más representativas de la escena (la otra, claro, es la de Gillespi), el músico sorprendió el año pasado al firmar diez de los 14 temas del nuevo álbum de su ensamble, Ska Explosion, lo que se tornó en una rareza para una banda cuya materia prima es el cover. Pero la primera advertencia sobre este arrebato compositivo se produjo en 2014, cuando el multiinstrumentista lanzó su disco debut en solitario, Street Feeling, en el cual sumó tres temas suyos. Sin embargo, para la secuela, Stay Rude!, lanzada hace un mes, este redentor del folklore jamaiquino, que prestó su genio y talento para el más reciente material de Los Fabulosos Cadillacs, La salvación de Solo y Juan, subió la apuesta al incluir sólo dos versiones en un repertorio conformado por una decena de canciones de su autoría.

Así que una vez que este irreductible hincha de Atlanta se suba al escenario de Niceto Club (Niceto Vega 5510), hoy a las 21, para presentar su segundo álbum en solitario junto a la Street Feeling Band, lo hará en su mejor forma. Lo que augura que habrá Lobo para rato. “En los últimos años, empecé a sentirme cómodo en el lugar de compositor. Y eso no me pasaba al principio. De tanto arreglar, encontré la manera de poder componer”, explica el frontman, té mediante, en una casona antigua del barrio de Almagro. “También, y no es casualidad, con Dancing Mood nunca paramos de tocar. Por eso propuse que nos tomáramos un descanso hace dos eneros, y así surgió mi primer disco solista. Y a comienzos del año siguiente me puse a pensar en éste. Después de estar con la familia de vacaciones, y con la cabeza despreocupada, empecé a componer. Ése fue el clic. Sólo necesité el instrumento, un cuaderno y un lápiz. A diferencia del piano, con la trompeta escribís la melodía y luego los acordes. Eso enriquece más la composición, y se me hizo más fácil”.

–Si bien disfruta de un momento prolífico como compositor, ¿por qué apeló tan poco al cover en este disco?

–Seguiré haciendo covers, siempre que sean temas cantados. Me cuesta hacer una letra para que la interprete otra persona. Además continúo con esa tarea de mostrar temas que muchos ignoran. “Clean Up Woman” (joya del soul de los albores de los setenta) es una canción que hizo muy popular Betty Wright, y que quizá los pibes no conocen. Cuando la vi interpretándola en el programa de Jools Holland, flasheé y pensé: “Déborah Dixon (ex Las Blancablus) lo tiene que cantar”. Mientras que para “Left With A Broken Heart” (clásico del rocksteady de The Paragons) no me imaginaba a otro que a Pablito Molina.

–Pese a que se le asocia a la música jamaiquina, su nuevo disco en solitario flirtea con el R&B y el soul. ¿Se animará alguna vez a incursionar de lleno en esos estilos o teme salir del formato?

–Quizá es inconsciente, pero mi forma de componer para Dancing Mood es distinta a la manera en que hago mis canciones como solista. Cuando busco una melodía, no es lo mismo pensarla para siete vientos que para tres. Yo soy un enfermo de estos estilos, y el resto de los Dancing Mood no. Aunque es lo que busqué siempre, y es lo que nos enriquece.

–Más allá de que grabó la mayoría de los instrumentos, ¿en qué se diferenció el proceso de producción de este trabajo de su debut solista?

–Lo que diferencia al primer disco de éste es que el otro lo hice bastante apurado. Por eso tuvo muchos covers, porque me agarró en medio de una gira y no tenía el tracklist todavía. Si bien esas canciones forman parte de mi discoteca cerebral, ese trabajo no estuvo tan craneado como Stay Rude!

–Al igual que Ska Explosion, Stay Rude! apareció en una época en la que la escena local dedicada a los ritmos jamaiquinos parecería que perdió el rumbo, tras el boom que experimentó. ¿Cómo sobrevivió a ese apogeo?

–A mí no me pasó porque siempre estuve al margen. Pero no tendría que sorprenderle a nadie porque es la evolución del consumismo, que está esperando a ver qué se pone de moda. Hubo un montón de bandas que no aguantaron la tentación, y se subieron a esa ola. Si uno es tan boludo como para no darse cuenta de que la industria iba a exprimir todo lo que gira en torno a la bandera de Jamaica, perdió desde el vamos. Yo no sé quién se banca ahora tocar ante 50 personas, luego de haber hecho un Luna Park.

–¿Por qué decidió llevar adelante una carrera solista?

–Si bien me siento realizado con lo que sucedió con Dancing Mood, también tengo otras cosas en mi cabeza. Antes de que existiera el grupo, no había muchos vientos en el rock nacional. Por eso toqué con tantos artistas, porque escaseaban los trompetistas rockeros. Un montón de pibes se sintieron influenciados por eso, y me hago cargo.

–El año pasado, Gillespi sacó el disco Desayuno en Ganímedes, con el que arremetió contra las limitaciones de la trompeta que existen en el imaginario local ¿Usted qué pretende demostrar con el instrumento?

–Acá hay trompetistas increíbles, pero están encasillados en el jazz. Más allá de estudiar y de tomar el instrumento respetuosamente, si no nado en esas aguas es porque no me interesa. Antes era algo propio de una orquesta de música clásica, y hoy en día se toca en un montón de estilos. Mi intención fue mostrar la trompeta como un instrumento más barrial, y también quise rockearla con ella y personalizarla hacia la escuela jamaiquina.

–Ese propósito barrial de la trompeta lo formalizó con Vamos los Pibes, la orquesta infantil que creó con la Fundación Petisos. ¿Qué lo impulsó a accionar ese proyecto?

–Esto es para rescatar a pibes de entre 6 y 14 años que no comen o que tienen problemas en el colegio. A diferencia de cualquier otra orquesta, no buscamos que salgan concertistas. Le mostramos una salida. Es totalmente gratuito, no necesitan tener un instrumento y funciona como merendero. Mi manera de aportar mi grano de arena a la sociedad y a la cultura es ayudando a estos chicos. En casa no nos falta el plato de comida, por lo que quise devolver la suerte que tengo de poder vivir de la música.

–En un país de tradición cancionera como éste, era inconcebible que una banda instrumental fuera convocante. Pero, tras la aparición de Dancing Mood o en coincidencia con su desarrollo, surgieron otras agrupaciones que hicieron de esa utopía una realidad. ¿Cómo fue posible?

–La idea era darle una vuelta de rosca a lo que venía pasando. Festejo eso y disfruto de un montón de bandas jóvenes y nuevas que son instrumentales. Eso dispara otras cosas. Tocar un instrumento de viento te lleva a estudiar música, y hay cada vez más pibes que lo hacen. El éxito de eso es cambiar desde adentro la movida cultural. Tras fumarme los prejuicios, me parece fantástico que la gente ya no diga: “Qué raro es esto, ¿cuándo entra un cantante?”.

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“En los últimos años empecé a sentirme cómodo en el lugar de compositor; eso no me pasaba al principio.”
 
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