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Martes, 13 de febrero de 2007

MUSICA › EL CIERRE DEL COSQUIN ROCK GIRO ALREDEDOR DE CALLEJEROS

La noche del “nosotros” y “ellos”

La última fecha del festival convocó a 32 mil personas, que celebraron fervorosamente todos los lugares comunes del rock “de barrio”. La tragedia de Cromañón ni siquiera fue mencionada.

 Por Roque Casciero
Desde San Roque

La última postal del Cosquín Rock 07 tuvo a Patricio Santos Fontanet, cantante de Callejeros, en el centro de la escena, rodeado de Eli Suárez (Los Gardelitos), Pedi (Jóvenes Pordioseros), Salvador Tiranti (La Covacha) y Ale Kurz (El Bordo), entre otros, en lo que fue un virtual quién es quién de la nueva generación del rock barrial. Y no es casual que Pato Fontanet estuviera al frente ni que los dos temas fueran de Callejeros (“Vicioso, jugador y mujeriego” y “Tiempo de estar”): la fecha de cierre del festival federal por excelencia pareció diseñada a medida para que tocaran los de Villa Celina. “El que quiera entender, que entienda, y el que no, que se quede discutiendo contra la pared. Nosotros vamos a seguir juntos”, dijo Fontanet, haciendo cada vez más evidente el tajo que corta por estos días al rock argentino. En su “nosotros” excluye, por supuesto, a los que se negaron a participar del festival por su presencia (Catupecu Machu, ¿Divididos?) y a cualquiera que ose reflexionar sobre la situación de Callejeros. Banda que, hay que recordarlo, está procesada por estrago doloso en la causa por el incendio en Cromañón. Y hay que recordarlo, entre otras cosas, porque el propio Fontanet no hizo una sola mención a los 194 muertos en esa noche trágica del 30 de diciembre de 2004. ¿Tan rápido hizo el duelo la banda, que ya no es necesario que se hable de los chicos que iban a “estar más vivos que nunca” en cada show de Callejeros, según dijo el propio cantante hace cuatro meses, en su regreso a los escenarios? “Estamos acá para entretenerlos”, soltó en cambio Fontanet durante el concierto de su banda, que fue seguido con devoción por unas 32 mil personas.

“Los caretas me la chupan”, había dicho Fontanet el 21 de septiembre, en el estadio Chateau Carreras, en una exhibición de toda la ideología que hoy son capaces de elaborar los Callejeros. Ser careta, para ellos como para otros de los participantes de la fecha de ayer, es no seguir los preceptos del rock barrial, que fueron tomados como bandera por miles de pibes en toda la Argentina. Ahora, además de ser “de barrio” y escuchar a ciertas bandas, parece que también hay que repetir sin pensar el eslogan “Basta de culpar a Callejeros”, cuando lo cierto es que el grupo de Villa Celina escogió como estrategia presentarse ante la sociedad como libre de toda responsabilidad en la tragedia. Si son culpables de algo lo determinará la Justicia. Pero no sentir responsabilidad por las muertes de personas que habían ido a un concierto de la banda, entre los cuales había varios familiares de los músicos, es algo que ninguno de los Callejeros debe poder sostener de la boca para adentro. Claro que cada vez que aparecen en público repiten esa odiosa teoría, que su público deglute sin cuestionamientos. No sea cosa de quedar como un careta.

Fue sobre los escenarios de Cosquín Rock que la nueva generación del rock barrial terminó de afirmar su identidad, con ese “nosotros versus ellos”, que también se escucha desde el otro lado. Y el mascarón de proa son los Callejeros, que lógicamente concentran la mayor atención, pese a que su concierto no estuvo a la altura de los de sus colegas y amigos. La multitud se agitó cuando Fontanet cantó “Presión”, “Una nueva noche fría” (con Eli Suárez como invitado) y “Prohibido”, pero a la banda le faltó cohesión y dejó traslucir las limitaciones que se le conocen desde siempre. El tono excesivamente nasal de Fontanet, mezclado con un sonido nada destacable, hacían ininteligibles las letras, aunque a prácticamente nadie le importara: todos estaban cantando esos versos que saben de memoria. La banda contó con la ayuda de una corista y de los vientos de Dancing Mood, y su show debió retrasarse porque una multitud todavía no había ingresado al predio donde se realizó el festival. Fue una oportunidad impensada para los salteños Perro Ciego, que venían de tocar en el tablado más chico y que mantuvieron a la gente expectante con su rocanrol básico y ajustado. Lo extraño fue que estos, que cayeron sobre el escenario mayor por un volantazo del destino, sonaron mejor que los propios Callejeros, que habían sido de los pocos (los otros fueron Los Gardelitos) que pudieron probar sonido. El operativo de seguridad, que incluyó un helicóptero, 500 policías y 400 civiles, selló la parte trasera del escenario: no hubo conferencias de prensa y los fotógrafos debieron arreglarse desde el vip, a 150 metros. ¿No hubiera sido mejor que se concentraran en que un centenar de personas no se trepara a los baños químicos para ver mejor el show? No hubo heridos, afortunadamente, pero la situación marcó lo poco que se aprendió de Cromañón.

Antes del show de Callejeros, por el escenario principal habían pasado “bandas amigas” como los ascendentes El Bordo, y luego estuvieron los rosarinos Cielo Razzo, Jóvenes Pordioseros, Ratones Paranoicos (los únicos que no mencionaron a los de Villa Celina durante su set) y Los Gardelitos, que cerraron con un concierto larguísimo para lo acostumbrado en un festival. El trío exhibió una solidez instrumental muy por encima de sus congéneres y contó con la devolución de atenciones de Fontanet en “Nadie cree en mi canción”. El cantante Eli Suárez y el líder de Callejeros habían aparecido antes con La Covacha, en el escenario temático, esta vez dedicado al rock barrial fierrero y valvular. Los Pordioseros mostraron su ajustado rock stone y letras que raramente esquivan la referencia a la cocaína, con un cantante carismático como Toti Iglesias comiéndose el escenario cual un Mick Jagger de Villa Lugano. El y Junior, de La 25, fueron los invitados de Ratones: una fiesta para el pueblo rolinga, que disfrutó de una lista repleta de clásicos Paranoicos como “Sucia estrella” y “Rock del pedazo”. En el recorte producido por el “a favor o en contra de Callejeros”, Juanse y compañía quedaron del lado de adentro del “nosotros” de Fontanet. Pero lo cierto es que ese tajo –que tiene algo de generacional, pero también de clasista, de estético y de ideológico– quedó más en carne viva que nunca. Una herida más difícil de sanar.

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