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Domingo, 2 de diciembre de 2007

MUSICA › NOTABLE SHOW DE THE POLICE EN LA CANCHA DE RIVER, ANTE SESENTA MIL ESPECTADORES

Otra cuenta saldada con la historia

Sting, Andy Summers y Stewart Copeland dieron una auténtica lección de rock. En su regreso a los escenarios, la banda británica optó por un set plagado de hits, desde “Message in a bottle” hasta “Roxanne”, pasando por “Every breath you take” y “Synchronicity”. Esta noche habrá un nuevo show. El público, agradecido.

The Police provoca un fenómeno similar al que se verifica con el show de Mano Negra en Obras Sanitarias en 1992 o las legendarias presentaciones de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en La Esquina del Sol: todos estuvieron allí. Todos bebieron un trago en la barra de New York City, todos vieron la patada de Summers al policía en Obras, hubo quien incluso fue testigo de la filmación de las escenas gauchescas de The Police around the world. Pero para la gran mayoría de las sesenta mil personas que se acercaron anoche a Núñez, la visita de The Police fue la oportunidad de saldar una deuda importante en el banco del rock. Definitivamente archivados los sueños de ver a Pink Floyd (aunque Roger Waters haya servido de excelente aproximación a ese universo), aun con la naciente fantasía de ver a Led Zeppelin por estas costas, ver a Sting, Andy Summers y Stewart Copeland en un escenario argentino tuvo el sabor del álbum lleno. Otras sesenta mil personas podrán comprobarlo también esta noche, cuando The Police concrete su segundo show en Buenos Aires.

¿Qué había que esperar, entonces? ¿Una oleada de emoción que oficiara de disculpa a la inevitable vejez de los músicos? ¿Un simple acto de nostalgia por esos ‘80 que hoy parecen tan perfectos? Aunque ya no sean esos salvajes que encarnaron la transición entre la escena punk y lo que vendría después, los músicos de The Police dieron en River una auténtica lección de rock. Acaso incentivados por el hecho de estar grabando un DVD que dará testimonio de su regreso a los escenarios después de más de veinte años, Sting, Summers y Copeland dieron cuenta de ese milagro químico que, por unos años, hizo de The Police la banda más influyente del pop.

El show arrancó a las 21.25, cuando se apagaron las luces y “Message in a bottle” sacudió la feliz modorra del “Get up, stand up” que había amenizado la espera. Una ligera lluvia empezó a cerrar el círculo de la épica rockera de grandes espectáculos en grandes estadios. La banda se encargó de ponerse a la altura de la puesta escenográfica. Un impresionante solo de guitarra de Andy Summers hizo aun más disfrutable un clásico como “Synchronicity”. Un detalle: Sting (quién pudiera llegar a su edad así, física y musicalmente...) salió a tocar con el mismo bajo gastado que supo trajinar escenarios en sus primeros shows. Su utilización, hoy, puede entenderse como un acto de reafirmación. La banda que más contribuyó a rejuvenecer el rock de los años ’70 ya no necesita reivindicarse como “joven”. La banda que sonaba pensando en el día después, puede bancarse el “aquí y ahora”. Un milagro que ninguno de los tres músicos podría reinventar por separado.

El repertorio elegido fue demoledor: un comienzo de esos que no se olvidan, momentos climáticos en el medio, de esos que sirven como puente entre los arrebatos adrenalínicos. Sting hizo lucir todos los matices de su voz en “Walking on the moon”; el groove jazzero de “Voices inside my head”, que terminó enganchada con “When the world is running down” (impecable solo de Summers, mientras Sting arengaba al público), el rescate de un tema ajeno a los grandes éxitos, como “Truth hit everybody” (de Outlandos d’Amour, el primer disco de la banda), el set percusivo de Copeland como complemento de “Wrapped around your finger”, marcaron pequeñas perlitas que fueron preparando el terreno para una media hora final que dejó a sesenta mil personas felices y cantando. En The Police, hay una particularidad sonora que resulta esencial: si en la música negra la melodía está supeditada al ritmo y en la tradición del “rock blanco” sucede en general a la inversa, en The Police ambas variables se inscriben en un proceso de retroalimentación continua. Ritmo y melodía forman parte de un entramado monolítico, del que emerge la voz única de un tipo que toca el bajo.

En un momento, la sucesión de clásicos se apoderó de la noche: “Everything she does is magic”, “De do do do, de da da da”, “Invisible sun”, “Walking in your footsteps”. La tremenda versión de “Can’t stand losing you” pulverizó las pocas defensas que quedaban en pie. Y faltaba “Roxanne”, formidable; y tocaron “King of pain”, y “So lonely”.

Para el final, otro detalle para hacer honor a la historia de la banda. Una historia que se consumió en apenas cinco discos y unos pocos años. Se despidieron con “Every breath you take”, el último hit, una especie de canto del cisne. Summers y Copeland se fueron y dejaron a Sting solo arriba del escenario. El cantante, en el centro de la escena, se puso a tocar el riff de “Next to you”, un himno post-punk de su primer disco. De fondo, fotos alusivas, en riguroso blanco y negro, daban testimonio del tiempo transcurrido. Entre “Every breath you take” y “Next to you” parece haber un abismo estilístico. Sin embargo, The Police, diluyó sus propias fronteras genéricas. El público, agradecido. Vivió una hora y cuarenta y cinco minutos que no olvidará con facilidad.

Informe: Eduardo Fabregat.

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El concierto fue filmado para la próxima edición de un DVD sobre la gira de regreso.
Imagen: Bernardino Avila
 
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