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Jueves, 26 de noviembre de 2009

LITERATURA › LA PRESENTACIóN DE CáLCULO EQUIVOCADO, EL NUEVO LIBRO DE NOé JITRIK

“La palabra en sí es una tentativa”

Junto con el crítico Jorge Monteleone y la actriz Cristina Banegas, el escritor y poeta repasó las particularidades de su nueva obra con un espíritu lúdico, que no impidió ir hilando un análisis de cómo “la poesía se hace con una suma de fugas”.

 Por Silvina Friera

La retórica de los agradecimientos abunda en las presentaciones de libros, especialmente cuando se trata de un libro de poesía como Cálculo equivocado (Fondo de Cultura Económica), los poemas que Noé Jitrik escribió durante los últimos veinticinco años, entre 1983 y 2008, prologados por Rodolfo Alonso. “Hay que agradecer y no ser ingrato, pero uno se pone solemne”, se queja el narrador, poeta y crítico, secundado por el crítico Jorge Monteleone y la actriz Cristina Banegas. “Les rehúyo a las presentaciones porque no puedo dejar de recordar una frase de Gonzalo Celorio que dice que en la cárcel y en las presentaciones se ven los amigos.” Las carcajadas de los amigos y amigas, de la primera a la última fila del auditorio de la Embajada de México, recuerda los versos finales de “Felicidad”, uno de los poemas de Jitrik, un chiste a la manera de Buster Keaton: “(...) con una risa/ íntima y fuerte/ no un bramido/ ni un estruendo/ sino el breve/ y fuerte/ escandido/ de la felicidad/ de todo el aire/ de la risa/ feliz de él que ríe/ todavía”.

Como si estuvieran tomando un cafecito por el barrio de Belgrano, Jitrik y Monteleone intercambian figuritas. “Es una especie de diario abierto frente y contra el tiempo”, señala el crítico, y lee para ejemplificar uno de los poemas, “Una roca”: “Y si el tiempo fuera/ como decía mi padre/ una tarea/ y no/ el torno que lima/ las aristas/ el potro que doma/ la rebeldía/ la roca que no/ deja escalar/ el rostro que se aleja/ sin remedio/ en las estaciones/ con cada movimiento/ del tren”. Monteleone esgrime que la poesía está viviendo con el tiempo; su continuidad sería el modo en que el tiempo se transforma en una carga. “Todo el libro es como una lista que parece desenrollarse, como un rollo antiguo que se despliega. La tarea del tiempo en la poesía sería esta forma que se despliega, y ese es uno de los aspectos de esta continuidad, su forma en la página.” Sobre el ritmo de los poemas, el crítico subraya que la elección rítmica no responde a las formas tradicionales del verso castellano, sino más bien al ritmo que surge de la sintaxis. “El corte de verso coincide casi siempre con la cláusula sintáctica. El ritmo corta en la estructura oracional. Esta musicalidad aparece gobernada por el ritmo de la sintaxis. Esta continuidad de las formas da la idea del continuo como tarea frente al tiempo.”

Jitrik, con su voz que declina casi en un susurro apenas audible, aclara que tendría que pensar cómo hizo esos poemas porque su memoria flaquea. “Nunca puedo recordar cómo fue que hice lo que hice. Habría que pensar en una unidad interna, en que uno posee cierta respiración que ayuda no sólo a vivir, a caminar, a desplazarse, sino a imaginar. Al mismo tiempo ese imaginario es despertado con ciertos estímulos que de pronto ponen a disposición el mecanismo de los poemas. El punto de partida es la respiración, que es fuente de ritmo; y el ritmo incide en la formación del imaginario, que encuentra de pronto un estímulo en el exterior que le permite organizar algo que, curiosamente, tiene un espíritu semejante a las otras cosas que se van escribiendo”, explica el escritor. “Esto culminó en un libro que se llama El tango del filósofo, que es la punta de un ovillo, que puede ser una ocurrencia cualquiera pescada al azar; por ejemplo, alguien que habla del placer. Entonces la palabra placer está en la punta del ovillo y empiezo a proyectar el imaginario y hago una serie de veinte poemas sobre el placer. A partir de este comienzo se van dando formas, que al mismo tiempo se contraponen a la idea de la poesía lírica como exaltación. Si hay algo de lirismo, está en lo que surge de la sintaxis.”

Monteleone siempre recoge el guante que le lanza, amistosamente, Jitrik. “Una pregunta de lugar común es cómo un crítico escribe poesía; esta cuestión de crítica y poesía como lugares prohibidos, como si el crítico se fuera de putas, es una falsa división de trabajo. Hay una especie de compulsión argumentativa, una escritura autorreflexiva sobre la literatura desde la literatura, pero que se cruza con un cuerpo en el tiempo”, reflexiona el crítico. “El lirismo de lo sentimental está modificado por la presencia de lo corporal. Por eso la escritura está todo el tiempo argumentando, incluso como una forma de protesta. Los poemas siempre rondan un tema, un motivo, un aspecto, con variaciones conjeturales que dan la impresión de que pueden ser incesantes.” En el libro hay una serie de poemas sobre distintas partes del cuerpo: la mano, el pie, la oreja, el ojo, la piel, la boca, los riñones. “Hay poemas sobre objetos, la memoria, el gusto, la respiración, que desembocan en una especie de ‘objetivismo laico’, basado menos en la percepción que en lo emocional”, pondera Monteleone. “Estos objetos a veces rozan el humorismo sobre el lugar común, sobre nociones adquiridas a la manera de la poesía de Parra.” A mano tiene, para demostrar ese humorismo, un poema: “El pelo/ puede estar o no estar/ pero es mejor/ que esté/ donde debe estar/ y decimos estar/ y no ser/ porque su existencia/ es transitoria/ va y viene/ no se sabe por qué/”.

Para Jitrik son como chistes a la manera de Buster Keaton, un chiste serio, “como si fuera absolutamente normal escribir en un poema algo sobre los prepucios y suponer que todos los prepucios que han sido arrancados se coaligan para hacer una gran revolución”. El asunto reside en cómo leer poesía, en qué momento, de qué modo. “Yo leo poesía yendo de acá para allá, sin un estado de espíritu especial, pero tratando de detenerme en el poema que se me presenta, tratando de pensar en qué hay más allá de lo que el poema mismo me está diciendo. La lectura de poesía exige una disposición muy concreta; no se puede entender a primera vista. La poesía es otra cosa, pero no diría que es una experiencia mística. No todo el mundo es San Juan de la Cruz, pero todo el mundo es susceptible de plantearse un modo de lectura que exija mirar segundos, terceros y cuartos planos.” El escritor propone dilucidar si esa manera de leer poesía es reversible. “Estoy frente a un tribunal, es la única posibilidad que tengo porque después de esto me retiraré modestamente a casa y me dedicaré a pensar en los poemas que no escribí”, bromea el autor de Cálculo equivocado, que pierde el hilo de lo que iba a decir.

“El olvido es una de las formas superiores de la poesía”, se excusa Jitrik por “la perversa memoria que todo lo olvida”. Sin embargo, repentinamente el recuerdo aparece bajo la forma de la cita. “Ezra Pound decía que la poesía es lo que queda cuando uno se ha olvidado de todos los poemas. Algo queda –coincide–; uno piensa siempre que es el depositario de ese algo que queda. Escribir es una tarea que tiene un sentido no declarado. Y se hace, por suerte, porque al que le toca le permite vivir de una manera diferente.” Monteleone observa que hay una forma de saber que se opone a los límites corporales porque no hay un pensamiento de la trascendencia. “Si bien no hay una apelación a lo sagrado, sí hay una apelación a la constante producción de sentido”, explica el crítico. “Uno de los grandes temas del libro es la situación de esta conciencia arraigada en el cuerpo, que se somete con una lucidez extrema a los límites físicos, psíquicos, temporales. Uno de los motivos que aparece al comienzo es el despertar: el sujeto que despierta, que toma conciencia de lo real, como si empezara a constatar el mundo y a cerciorarse de que lo real es infinitamente interpretable dentro de los límites del cuerpo. Esta conciencia aparece asediada por los límites del tiempo, los límites entre el ser y el saber, la inadecuación entre los límites y lo preciso.”

Monteleone afirma que el poeta escribe porque calcula mal, “porque ser y saber sobre el ser no coinciden”. Jitrik cuenta que la serie de poemas sobre el despertar caracteriza todos sus libros, pero de maneras diferentes. “Sería en cierto sentido una poesía existencialista, no del existencialismo sartreano, sino heideggeriano, pero no lo sé”, duda el escritor. “La idea de los límites tiene que ver con hasta dónde llegamos con la palabra. Siempre nos quedamos cortos, y no por falta de vocabulario; vocabulario tenemos e incluso pensamos que somos eficaces hablando porque expresamos ciertas ideas, seguimos ciertas convenciones. La palabra en sí misma es una tentativa, no es un logro. Las palabras entrañan una falta, lo que no se puede alcanzar. La poesía y la literatura están construidas sobre esas faltas, aunque siempre se lo ve de la manera opuesta: la poesía y la literatura como logro, como acierto. Pero no hay acierto en el uso de las palabras”, compara el escritor.

“La palabra es fugitiva; la literatura y la poesía se hacen con esas fugas, con una suma de fugas. Lo curioso es que esa suma de fugas organiza algo que avanza sobre el sentido de esa falta. Y el sentido de esa falta, en definitiva, es el sentido de la vida misma, que no es ir hacia lo que poseemos sino hacia lo que nos falta. La poesía o la literatura es esa búsqueda del sentido de lo que falta en la palabra misma.” El cerebro, que a veces sirve para pensar, como se lee en uno de los poemas, exige una tregua. La voz de Banegas, que paladea los poemas, se conjuga con el lirismo personal de este gran escritor argentino. Como apunta Alonso en el prólogo, la poesía se aparta de los soberbios, según René Ménard. Por eso nunca abandonó a Jitrik.

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“El libro es como una lista que parece desenrollarse, un rollo antiguo que se despliega”, dijo Monteleone.
Imagen: Sandra Cartasso
 
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