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Jueves, 17 de enero de 2013

LITERATURA › PUBLICAN UN LIBRO DE RELATOS INEDITOS DE DANIEL MOYANO

Un raro sin extravagancias

Una editorial independiente cordobesa dio a conocer Un sudaca en la Corte, que reúne media docena de cuentos del autor de El vuelo del tigre. Los textos confirman –por si hacía falta– el talento de Moyano, un escritor atravesado por sucesivos desarraigos.

 Por Silvina Friera

“En el camino de la evolución, lo que ganamos en inteligencia lo perdimos en garbo.” Lo dice el narrador de un magistral cuento que da título a un nuevo libro de relatos inéditos de Daniel Moyano, Un sudaca en la Corte, recientemente publicado por la cordobesa Caballo Negro Editora. Ese narrador tan cercano al autor –un “yo” que cultiva en dosis equivalentes humildad, distancia moral que contrasta con la vanidad imperante en el “gremio”, y una ironía y gracia demoledoras– confiesa que no es una persona de notarse y se define como “apenas un periodista que se especializa en temas relacionados con la América del Sur”. Asombrado por la invitación del rey de España a la fiesta de cumpleaños de Cervantes en el Palacio de Oriente, se prueba la ropa que necesita para esa ceremonia. Se mira al espejo de soslayo, con temor de pecar de estrambótico por ser “medio indio” y tener una “mirada diaguita, que dicen es muy tímida”.

Como pocos, sabe lo que implica estar fuera de lugar, alejado y apartado de su ambiente. Ser un “raro” sin afeites de extravagancia fue uno de los temas que más exprimió en su maquinaria narrativa, atravesada por sucesivos desarraigos. De Buenos Aires, donde nació “accidentalmente”, a Córdoba. Y de esta ciudad –que “no me quería ni tantito”– a La Rioja, “la única tierra donde nunca me sentí forastero”. Después de haber estado secuestrado y desaparecido durante una semana, torturas y simulacro de fusilamiento mediante, en 1976 se exilió en España, donde murió hace veinte años. “A mí el cuerpo humano, quiero decir el de los hombres solamente, aunque se ponga un traje oscuro me parece ridículo al lado de la hermosura de un caballo por ejemplo”, piensa ese hilarante narrador poco antes de lanzar la frase citada al comienzo.

Cuando en 1988 le entregaron el Premio Cervantes al mexicano Carlos Fuentes, Moyano (1930-1992) no imaginó que estaría invitado al Palacio de Oriente, a la ceremonia presidida por el rey de España. Todo transcurrió, aparentemente, por los carriles de las convenciones estipuladas para este tipo de acontecimientos. Las notas periodísticas no registraron ninguna anomalía, bochorno o escándalo. Y sin embargo, es evidente que el autor de Tres golpes de timbal y El vuelo del tigre, entre otras novelas, sufrió un “drama mayor”: ser “sapo de otro pozo”. El antecedente de Un sudaca en la Corte fue publicado en el diario El País de España en mayo de 1988, como una crónica de la concesión del Cervantes. Luego se dio cuenta de que tenía la materia prima de un relato más extenso, que reformuló y reescribió hasta llegar a la versión definitiva, fechada en abril de 1992, tres meses antes de su muerte. Hay finales que son perfectos. Quienes observan de reojo el asunto de la perfectibilidad podrán comprobar las “excepciones” a la regla. Más allá del escepticismo, a veces se araña el ideal. El protagonista en cuestión, el sudaca al que alude el título, está en la caballeriza, hablando con el autor del Quijote. Será Cervantes quien lanzará un dardo tan preciso como amargo sobre su resistencia a presentarse en el Palacio.

“Al cuento hay que tocarlo en un buen violín y bien tocado”, solía proclamar Moyano, excepcional cuentista y novelista que fue también un notable músico, docente en el Conservatorio Provincial de Música de La Rioja, donde tocó el violín en el Cuarteto de Cuerdas y Orquesta de Cámara. ¡Y qué bien toca las cuerdas del cuento! Cómo no rendirse a ese endiablado conjuro sonoro. El bufón se ríe primero de sí mismo y después del “cardumen” de escritores que, como él, compraron el traje más barato. “El zapato que hacía ruido en las curvas era el izquierdo, pero ahora ruideaba, y ostensiblemente, mientras salvábamos en línea recta la distancia entre las puertas externas y las de acceso al edificio. Caminaba comprobando que los 800 zapatos de los escritores que iban conmigo eran silenciosos. A naides le importaba el ruido de los míos, pero yo sentía que todos me miraban al tiempo que decían: ‘mira, una oveja negra’ –revela el narrador–. Lo único que tenía que estudiar ahora, antes de llegar al trono, era cómo me convenía llegar, con ruido de zapatos o cojeando. Eso era lo más urgente, ya me las arreglaría para hacer las reverencias y encontrar las palabras adecuadas al dirigirme al monarca.”

En el primer brevísimo relato del libro, “Un agujero en la pantalla” –-publicado por única vez en el número cuatro de la revista literaria cordobesa Celacanto–, aparece un tópico diseminado en otros relatos de Moyano: el protagonismo de los tíos. En este caso, el tío Eugenio, “una verdadera ilusión óptica”, termina a los escopetazos en el cine de un pueblo. En “El oboe que se escondió” –que permanecía inédito–, un sueño reiterativo se conecta con la escuela de Artillería de Córdoba, donde el escritor hizo el servicio militar. En “Follía”, la sonata de Arcangelo Corelli que escucha en una radio en Madrid, le produce escalofrío. Es la banda sonora y sentimental de su infancia; un texto que experimenta en el umbral de un tono poético. “La estructura del universo cabe en una melodía”, afirma el narrador con una especie de tenue flirteo “borgeano”, convencido de que esa sonata “seguirá sonando al otro lado de mi muerte”. Otro hallazgo de esta edición es el cuento “Caballo de izquierda”, también inédito, en el que evoca el momento en que emigró de Córdoba a La Rioja. “Adiós, Córdoba mía, como hubiera dicho cursilonamente el olvidado poeta cordobés Arturo Capdevilla –se lee en una de las páginas–. En ese sentido yo no tenía problemas, estaba olvidado de antemano por la Córdoba que tanto quería. Y que sigo queriendo, por lo menos en el acento cordobés que conservo cuando hablo. Hoy todo esto, desde Madrid, parece el párrafo de una novela leída hace tiempo. No la novela entera. Cuando se sale para siempre del país los contenidos se fragmentan.” El más extraño de esta media docena de relatos es “El habitante”, que remeda en una cuerda más “fantástica”, con un narrador seguro de que en su casa vive oculto un animal peligroso y desconocido.

A pesar de haber sido uno de los autores argentinos de más alto vuelo del siglo XX, aún la obra de Moyano –ganador del premio de novela Primera Plana-Sudamericana, el Juan Rulfo y el Boris Vian– no cuenta con el reconocimiento que merece. De un tiempo a esta parte, circuló El rescate y otros cuentos (Interzona), una antología de sus mejores relatos; y la novela –hasta entonces inédita– ¿Dónde estás con tus ojos celestes? (De los Cuatro Vientos). En el texto que acompaña la edición de Un sudaca en la Corte, Leopoldo Castilla subraya que “como el flautista de Hamelin, con un violín y el trino del diablo”, Moyano “atrae a sus lectores hacia el océano aéreo de su imaginación”.

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Moyano se exilió en 1976 en España. Allí murió hace veinte años.
 
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