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Domingo, 3 de junio de 2007

LITERATURA › FERNANDO VALLEJO HABLA DE “LA PUTA DE BABILONIA”, UNA PODEROSA ACUSACION CONTRA LOS FANATISMOS RELIGIOSOS

“Es la hora de proscribir a esta institución criminal”

 Por Angel Berlanga

Que no busca escandalizar, dice Fernando Vallejo, y que sería útil que los seminaristas que todavía no tienen el cerebro lavado lean el libro que acaba de publicar, La puta de Babilonia, una obra que planteará disidencias de enfoque con la bibliografía escolástica. Una cita, para empezar livianito, acerca de Tomás de Aquino; anota Vallejo que la Suma teológica de este autor, a quien apoda “el Gordo”, es “la más grande colección de paja y mierda que haya escrito nuestra especie bípeda”. Difícil que esa definición le guste a Mariano Grondona. Difícil, también, que el cardenal Bergoglio acepte su invitación a debatir sobre el contenido del libro: “No se atreven –dice el escritor–, porque la Iglesia está acostumbrada a sostener que tiene la verdad, a imponerla por las buenas o las malas, como hicieron en la Inquisición, quemando a quienes quisieron acusar de brujería o herejía. Están acostumbrados a engañar, a obnubilar y a embrollar, no a debatir”.

El primer párrafo del libro de Vallejo es una contundente enumeración de cargos contra la Iglesia de Roma, “la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala, la del Santo Oficio y el Indice de los Libros Prohibidos”. Qué más: autora de las Cruzadas, “detractora de la ciencia, enemiga de la verdad, adulteradora de la historia”; “estafadora de viudas, cazadora de herencias”, oscurantista, “reprimida, represora, mirona, fisgona”. Y más: corrupta, hipócrita, antisemita, homofóbica, misógina, “solapadora de Mussolini y de Hitler”. ¿Y hay más? Unas 310 páginas. Las que van de 132 a 134 podrían ser útiles para compartir con los testigos de Jehová que tocan el timbre: citas de la Biblia con instrucciones para los casos en que debe liquidarse al prójimo. Cada tanto Vallejo se despacha con una lista de cargos, por ítem: ¿“Descontroles sexuales de papas y cardenales”? Este, éste y éste. ¿Defensa de la esclavitud? En esta ocasión y en aquéllas. ¿Crímenes, transas y acomodos para llegar a la banqueta de Pedro? Los siguientes caballeros. A partir de un texto que va y viene en el tiempo, sin divisiones por capítulos, sustentado en sólidos estudios históricos, con esas andanadas de singular y agudísima irreverencia que distinguen su forma de narrar, Vallejo escribió un libro capaz de generar espanto, risa, asombro, admiración o indignación, pero nunca indiferencia.

–¿Se divirtió escribiendo el libro?

–Sí, mucho. No hay forma de tomar tanta monstruosidad sin sentido del humor.

–Fue creyente, en algún momento.

–De niño estudié con los salesianos, que son peores que los jesuitas. Son terroríficos. Eran, porque ahora son casi una especie en extinción. Teníamos clase de apologética y nos enseñaban a defender la religión católica de todos, ateos, gnósticos, comunistas, protestantes. Estaba entrenado, porque el que lo está para defender también lo está para atacar.

–Anota que se va a cobrar las deudas. ¿Cuáles?

–Están las personales, que las puedo olvidar fácil, aunque me ensombrecieron la infancia con el terror al infierno, a las confesiones sacrílegas, al pecado. Toda esta satanización del sexo; el sexo, mientras no vaya destinado a la reproducción y no sea violento, es inocente. Lo personal no importa tanto; lo que hiere es la injuria y el desprecio por los animales que tuvo la Iglesia en toda su historia. La defensa de los animales es mi causa. Digo los superiores, los que tienen un sistema nervioso complejo, como los mamíferos. Y Cristo, que no existió, pero el que conocemos a través de esos evangelios, no tiene una palabra de amor por ellos. ¿Cómo puede ser paradigma de lo humano un hombre tan ciego que no ve el dolor de sus semejantes? El genoma del chimpancé coincide en el 99 por ciento con el nuestro: estamos muy emparentados.

–¿Usted plantea que Cristo no existió?

–No. Existieron muchos Cristos, pero no el encarnado, el histórico que pretende esta secta cristiana que se llamó católica y terminó imponiéndose a las otras cuando estableció su alianza con el emperador Constantino por el año 310. Por el 180 Celso escribió La palabra verdadera, donde cuenta que eran muchas sectas: gnósticos, ebionitas, docetistas. Pero antes del año 100 no hay cristianismo. Nadie lo puede probar.

–¿Por qué sobrevivió esta secta?

–Las razones son muchas. Primero, se subdividió en infinidad de sectas. Ofrecerle al ser humano la vida eterna y un cielo de premio y la amenaza del infierno son dos razones muy poderosas, porque todos queremos perdurar, nadie se quiere morir. Otra de las razones es su contubernio, sobre todo la Iglesia occidental, con el poder. Su historia empieza con el contubernio con Constantino, un genocida. Lo que importa es determinar que no es una religión, y que plantea una moralidad que no tiene.

–Ese es el principal enfoque del libro.

–En realidad se trata de un fanatismo con una historia manchada de sangre, plagada de falsificaciones y calumnias, de cerrazón mortal; provocaron la Edad Media, crearon la institución más monstruosa, la Inquisición. Es una empresa asesina y criminal disfrazada de religión. Y está durando más de la cuenta, es hora de que la proscribamos en nuestros países. Si consideramos al nazismo, que atropelló a la humanidad trece años, una empresa criminal, y hacer su apología es un delito, ¿cómo vamos a seguir tolerando a una institución con 1700 años de crímenes? Y sigue haciendo daño: sigue siendo un parásito de la sociedad, no trabaja, vive de limosna. Mientras existan el cristianismo y el Islam no hay esperanzas para el ser humano en la Tierra.

–Dos instituciones sagradas para mucha gente.

–Esa es la venda que tiene en los ojos buena parte de la humanidad. A estos fanatismos disfrazados de religión pertenece la mitad del género humano. Creo que llegó la hora de decir basta, o nos vuelven a las tinieblas medievales. De las que no salió el Islam, pese a que tiene jet e Internet. El Papa disfruta de las ventajas de las tecnologías modernas, que se dieron muy a su pesar, porque si alguien se opuso a los avances de todo tipo, espirituales o materiales, fue la Iglesia.

–¿Cómo sería esta campaña para proscribirla?

–Denunciémosla, iniciemos el debate. Hagámoslo aquí, en Latinoamérica, el continente más libre. Porque Europa y EE.UU. están aterrorizados, vivieron guerras de religión y viven en un equilibrio precario con distintos grupos radicales. Aquí somos homogéneos, hablamos el mismo idioma –el portugués de Brasil es muy cercano– y tenemos una sola religión, básicamente, que es la católica. Planteemos la pelea aquí.

–Aquí, también, es donde hay más fieles cristianos.

–Sí, un 90 por ciento de la población latinoamericana es católica. Planteemos el debate: éste es un libro riguroso y no está escrito con el afán de escandalizar ni vender. Propongo que se debata en los seminarios, donde los muchachos están todavía libres en el alma para pensar. Si a alguien le interesa el tema es a ellos, porque les va lo que sigue de la vida terrenal. Aún no tienen el lavado cerebral completo. Por qué la Iglesia no manda a sus representantes para que respondan este memorial de agravio, o el prontuario que es mi libro. Podríamos sostener un debate público con el cardenal Bergoglio en algún seminario.

–¿Tuvo reacciones de parte de la Iglesia?

–Nunca responden. Pero eso es una respuesta: no pueden defenderse. Ellos saben que es una historia de sangre y atropellos.

–El Papa anterior le caía muy mal. ¿Qué le va pareciendo éste?

–Este Papa es de una torpeza asombrosa. Su predecesor era un hombre perverso y vanidoso, dañino como pocos, el gran avivador de la hoguera de la paridera en un mundo superpoblado. En los 26 años de pontificado de Wojtyla subió la población mundial a 2200 millones de habitantes. Era un engañador de multitudes, de un rebaño imbécil. Y este Ratzinger pasó de gran inquisidor a montarse impúdicamente en el papado. Lo que vino a decir a Brasil es una estupidez, ya los mismos católicos le recordaron a Fray Bartolomé de las Casas, que denunció cómo la Iglesia arrasó, junto con los conquistadores, todas las civilizaciones y culturas americanas. Este va de una torpeza a otra.

–¿La abolición del limbo es una torpeza?

–(Se ríe.) Eso es muy grave: ¿dónde van a meter a todos los inocentes que no pertenecieron al cristianismo porque vivieron antes de Cristo? El limbo era tan necesario como el purgatorio; sin purgatorio no hubiera habido indulgencias, eso que inventó Bonifacio VIII en 1300, para sacar a los seres queridos de ahí mediante el pago de dinero a la Iglesia. Junto con el infierno, para disuadir y aterrorizar, y el cielo –el premio de vida eterna para una vida pasajera que es ésta, porque no hay más–, el purgatorio y el limbo son instituciones clave en esta empresa de engaños.

–¿Y la idea de dar misa en latín?

–Eso es imposible, es volver al pasado, embrollar las cosas escudándose en una lengua que no conoce nadie. Cómo lo van a enseñar a los curas. El latín que hablaban era el macarrónico, una lengua muerta tratando de hacerla viva. Cómo van a traducir al latín los términos del mundo moderno.

–¿Por qué cree que plantean esto?

–¡Porque es un hombre absurdo este señor Benedicto! Obcecado y necio. Estoy sospechando que es un retardado mental, pese a su capacidad de maldad y su habilidad política para llegar al gran puesto de la cristiandad. Subió ahí como Putin de la KGB al Kremlin.

–Estará al tanto del apoyo de la Iglesia argentina a la dictadura.

–Siempre fueron cómplices de los que están arriba. También fue cómplice de Pinochet el cardenal Sedano, y luego pasó a ser secretario de Estado del Vaticano.

–Un represor declaró que los vuelos de la muerte habían sido aprobados por la jerarquía eclesial como una forma “cristiana y poco violenta”.

–Yo no sé si la Iglesia se está volviendo compasiva, porque antes quemaba a la gente viva. No sé qué será peor, si morirse ahogado en el mar, tirado desde un avión, o quemado en la hoguera. Y más allá de su participación directa o de su tolerancia hipócrita aquí, está clara su participación en la Segunda Guerra. El Obispado alemán echó al vuelo las campanas en honor a Hitler. Y el italiano estuvo con Mussolini. Y el español, casi todo, con Franco. Son cómplices de asesinos.

–Pero usted reconocerá que hay curas de buena voluntad.

–Evidentemente. Pero de muy limitada capacidad mental.

–¿Por qué cree que permanecen, entonces, en la Iglesia?

–Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír. No hay forma de convencer al que se quiere obnubilar. Es muy curioso y uno puede verlo en su propia familia: uno no puede ni convencer a la gente más cercana, porque es una educación que está ya en las neuronas, como si se hubiera metido con un cincel en la cabeza.

–¿Y eso qué efecto trae?

–La inmensa mayoría de los católicos, o de los cristianos si queremos ir más allá, es gente egoísta que vive para parir hijos y su solidaridad termina ahí, con sus hijos. Y a veces ni eso, porque hay infinidad de padres que tiran a sus hijos a la calle: América latina está llena de eso. El ser humano es egoísta y tal vez no pueda dejar de serlo, porque la mayoría vive agobiada por el horror de la vida, estrecheces económicas, exceso de gente: todo el mundo está tratando de sobrevivir, apenas. Por eso es imposible pedir generosidad al conjunto.

–¿La vida es sólo un horror, no tiene costados luminosos?

–No, salvo que seamos profundamente egoístas. El que sepa que se están muriendo millones de hambre en la Tierra de niños abandonados, o que acuchillan a las vacas en los mataderos, y dice que es feliz, lo es por egoísta. Y no pasa por dar una limosna a los pobres o un asilo a los animales para quitarse el peso de la conciencia: si hay generosidad verdadera, la vida no puede verse sino como un horror.

–¿Usted reniega de haber nacido?

–No tiene caso renegar, es un hecho que nací, estoy, y esto va a terminar dentro de poco, si no lo termino por mano propia... que a lo mejor no es necesario, porque con alborotar a la horda musulmana es más que suficiente para tener forma de salir. Pero no considero que sea una experiencia digna de imponérsela a los demás. Es muy difícil morirse, tan difícil como vivir; es muy traumático, porque uno deja cosas aquí, de cariño, amor, que lo atan a uno.

–A eso refería con lo de los otros costados.

–Sí, el amor y la compasión, la misericordia. Claro. Pero con todo, está claro que vamos todos hacia la muerte y el olvido. Hacia la vejez. La vida es un paso breve y sin sentido, doloroso, absurdo. Y no tenemos derecho a sacar a nadie de la paz de la nada para traerlo a este lugar.

–Anotó en su libro: “Dios es odio”.

–“Dios es amor”, dicen los protestantes. ¿Cómo puede ser amor alguien que nos manda enfermedad, vejez, muerte, terremotos, sida, malaria, tsunamis, hambrunas? Es una frase que usan los teleevangelistas, esos engañatontos que están reemplazando a la Iglesia Católica en América latina. Si existiera, Dios sería odio y maldad.

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“Me divertí escribiendo el libro. No hay forma de tomar tanta monstruosidad sin sentido del humor.”
Imagen: Rafael Yohai
 
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