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Lunes, 28 de abril de 2008

LITERATURA › PRESENTACIóN DE LA VIOLENCIA EVANGéLICA, DE HORACIO VERBITSKY

Bendiciones para la tragedia

En la Sala Victoria Ocampo, el periodista, junto con el historiador Lucas Lanusse y el teólogo José Pablo Martín, analizó el rol de la Iglesia Católica en la historia argentina. “La jerarquía tuvo influencia en todos los golpes”, dijo Verbitsky.

 Por Silvina Friera

Mucha gente en la sala Victoria Ocampo; todos escuchaban con atención la “cátedra magistral” de un teólogo que estaba presentando La violencia evangélica. De Lonardi al Cordobazo (1955-1969), de Horacio Verbitsky, junto con el autor y el abogado e historiador Lucas Lanusse. El texto cuestiona el comportamiento institucional de la Iglesia Católica en el país, con la razón demoledora de la documentación y testimonios aplastantes que el autor rescata. “Es un libro que no ha sido escrito con mala voluntad ni con odio. Cuando aparece la ironía, el lector se da cuenta de que es contra el diablo, no contra Dios”, dijo José Pablo Martín, y el público lo aplaudió. El nuevo libro de Verbitsky, el segundo tomo de la Historia Política de la Iglesia Católica que está escribiendo, abarca quince años marcados por acontecimientos como el recrudecimiento de la guerra fría, el inesperado Concilio Vaticano II, el exilio activo de Perón, el acercamiento de muchos sacerdotes y de algunos obispos a los trabajadores y la dirigencia sindical, el adoctrinamiento de las Fuerzas Armadas para la cruzada represiva contra la soberanía del pueblo.

“El libro me parece esencial porque describe y explica la conformación, dentro de la Iglesia Católica, de dos de los actores que protagonizaron la tragedia argentina de los ’70: por una parte, el integrismo nacionalista, que delineó la mentalidad de gran parte de las jerarquías castrense y eclesiástica; por la otra, el cristianismo revolucionario, que impulsó a numerosos jóvenes a adoptar la política de las armas”, señaló Lanusse. La violencia evangélica es “el eslabón fundamental” para entender lo que el autor ha investigado en libros anteriores, como El vuelo, El silencio y Doble juego; “sirve para entender, sobre todo, por qué la cúpula episcopal bendijo la política de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones sistemáticas de la dictadura militar, bendición sin la cual esa política seguramente no hubiera sido posible”, agregó Lanusse, autor de Cristo revolucionario.

Martín dijo que el estilo y el contenido de Verbitsky “desplaza horizontes, introduce discursos perturbadores, documentación que nadie ha citado y parece no conocer”. El doctor en teología se explayó sobre los aspectos epistemológicos y políticos que le generó la lectura del libro de Verbitsky. “Si se analiza el discurso de los actores de la historia estudiada, se observa una estructura piramidal en el ejercicio del poder, y en paralelo una estructura descendente del uso del discurso. Cuando los ideales objetivos de una comunidad se hacen más altos, universales y trascendentes, referidos a la gloria de Dios, el hábito de la maniobra de ocultamiento crece en actualidad y ejercicio”, planteó Martín, principal investigador del Conicet y profesor titular de Metafísica en la UNGS. “Verbitsky lleva al lenguaje lo que se ha ocultado, lo que se ha silenciado, lo que se ha tergiversado, con innumerable capacidad de documentación y sagacidad.”

La violencia evangélica trata sobre los vínculos entre el catolicismo argentino, el integrismo católico francés y las Fuerzas Armadas argentinas. “De alguna manera, los que vivimos esa época no teníamos conciencia de esta relación, teniendo todos los elementos al alcance –confesó Martín–. El ambiente en que vivíamos tenía la esquizofrenia de mantener discursos serenos y tranquilos frente a declaraciones de la herejía manifiesta del sumo pontífice y cosas por el estilo, que tendrían que haber producido una discusión, y sin embargo parecía que todo eso era compatible con una especie de iglesia en la cual no hay enemigo a la derecha.” El ensamblaje entre la Iglesia y las Fuerzas Armadas, según el teólogo, trajo como consecuencia la concepción de la vida como milicia y la concepción de la sociedad como campo de batalla. “Todo es sospechoso porque todo conspira contra un ideal al que siempre se cree que estamos en el umbral por alcanzar, el umbral de una sociedad medieval, teocrática, donde la moral sea ley y la ley punición.” Verbitsky confesó que su interés por el tema comenzó a partir de la entrevista que le hizo al oficial naval Adolfo Scilingo, “cuando me dijo que el método atroz de arrojar personas vivas al mar había sido consultado con la jerarquía eclesiástica, que lo aprobó por considerarlo ‘una forma cristiana y poco violenta’ de muerte”, y subrayó: “La jerarquía eclesiástica tuvo influencia en todos los golpes que hubo en la Argentina”, dijo, y agregó que la doctrina del aniquilamiento en el seno de la institución “llegó antes que el desafío de la lucha armada”.

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Lucas Lanusse, Horacio Verbitsky y José Pablo Martín.
Imagen: Bernardino Avila
 
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