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Viernes, 23 de enero de 2009

CINE › LA CULPA ES DE FIDEL, DIRIGIDA POR JULIE GAVRAS

El mundo en los ojos de una niña

La hija del realizador griego Costa-Gavras hace foco en la mirada infantil para narrar una historia de crecimiento y descubrimiento de la realidad social. Risueña y ligera, la película no puede evitar caer en cierta trivialización del compromiso político.

 Por Diego Brodersen

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LA CULPA ES DE FIDEL

(La faute à Fidel!,
Francia/Italia, 2006)

Dirección y Guión: Julie Gavras
Fotografía: Nathalie Durand.
Montaje: Pauline Dairou.
Música: Armand Amar.
Intérpretes: Nina Kervel-Bey, Julie Depardieu, Stefano Accorsi, Benjamin Feuillet, Martine Chevallier, Olivier Perrier, Marie Kremer.

La ópera prima, en el terreno de la ficción, de la hija del famoso realizador griego Costa-Gavras es una de esas películas que dependen en gran medida de una acertada elección de casting. Tanto más cuanto que el punto de vista del relato descansa exclusivamente en un solo personaje, y esa mirada es la de una nena de no más de diez años. Puede sonar algo exagerado, pero el mayor mérito de La culpa es de Fidel es la actuación de la debutante Nina Kervel-Bey, que interpreta con una enorme frescura a la jovencita Anna de la Mesa; si ese aspecto del film no funcionara el resto de su estructura caería hasta desarmarse por completo. Es ella quien logra que los momentos más obvios del guión parezcan menos subrayados, más reales y sinceros. Como confirmación empírica de esta idea basta con comparar esa presencia en pantalla con la del niño que interpreta a su hermano menor: cada línea de diálogo, cada gesto del pequeño, desnuda las marcas de dirección detrás de cámara.

Historia de crecimiento y descubrimiento de las realidades del mundo, no casualmente Julie Gavras ubica el desarrollo del film –como ocurría en la novela autobiográfica de la italiana Domitilla Calamai en la cual se basa–- a comienzos de los años ’70, pero trasladando la acción al París post Mayo del ’68. Los padres de Anna están enfrascados en actividades políticas de diverso calibre: Marie (Julie Depardieu), hija de un matrimonio católico y burgués, abandona los mandatos familiares y dedica sus esfuerzos a la defensa del derecho al aborto y la salud reproductiva, baluartes del feminismo primermundista por aquellos años; Fernando, exiliado español (aunque interpretado por el italiano Steffano Accorsi), apoya fervientemente al gobierno de Allende en Chile, lo cual incluye recurrentes viajes al exterior. En las actividades del padre pueden adivinarse ciertas cualidades expiatorias: no es fácil haber nacido en el seno de una familia de militares conservadores y profranquistas. En definitiva, el de la familia De la Mesa no es un típico hogar pequeñoburgués. Es moneda corriente que Anna se levante en medio de la noche para encontrar su propio living habitado por hombres barbudos que discuten en voz alta las últimas novedades políticas. Si hasta las niñeras de los chicos van cambiando de acuerdo con la agenda internacional: a una refugiada griega le sigue una exiliada de Vietnam y así sucesivamente.

De un tono ligero y por momentos risueño que, sin embargo, no intenta ocultar los alcances dramáticos de la historia, La culpa es de Fidel no puede evitar caer en cierta trivialización del compromiso político, transformado en simple telón de fondo de una época que es descubierta por la inquieta y preguntona Anna por el simple hecho de existir y crecer en ese momento. De hecho, el film ofrece una estampa simplificadora que podría achacarse a la mirada infantil de la protagonista, pero que también está relacionada con la manera en la cual Gavras pinta a los personajes adultos: siempre más cerca del imaginario sobre el activismo de los años ’70 que de la complejidad de la realidad de aquellos años. Es cierto que el film está más preocupado por lo que le ocurre a Anna que por intentar una precisa reflexión histórica, pero en ese derrotero la realizadora deja de hacer pie y queda atrapada en la excusa argumental, perdiendo potencia y capacidad de observación.

De esa forma, la película termina ofreciéndose como una simpática exploración de la dificultosa asimilación por parte de los niños de las complejidades políticas, sociales y económicas del mundo real y de lo poco fácil que resulta para cualquier adulto explicarle a un niño su punto de vista ideológico. Tal vez haya algo de autobiográfico en la película que, indudablemente, posee puntos de contacto con la relación entre Julie Gavras y su padre, que desarrolló a lo largo de su vida una intensa actividad política a través de sus películas. Si esto fuera cierto, La culpa es de Fidel también podría leerse como reproche amoroso y como constatación de la prolongación de una estirpe.

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La culpa es de Fidel, que parecería tener algo de autobiografía, ubica la acción en la París post Mayo del ‘68.
 
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