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Jueves, 18 de febrero de 2010

CINE › HOY SERA LA PREMIÈRE MUNDIAL DE ROMPECABEZAS, LA UNICA PELICULA ARGENTINA EN COMPETENCIA

“El lugar del ocio debería ser más importante”

La directora Natalia Smirnoff y la protagonista María Onetto reflexionan acerca de los cambios que experimenta en el film un ama de casa de 50 años a la que le regalan un puzzle y descubre un don particular que ella misma desconocía.

 Por Oscar Ranzani

“En el mundo todo está pensado en función del sistema productivo”, se quejan Natalia Smirnoff y María Onetto.
Imagen: Jorge Larrosa.

Si se tiene en cuenta que acaba de debutar como directora a los 37 años, podría decirse que Natalia Smirnoff es una cara nueva del cine argentino. Sin embargo, la realidad es bien diferente. Es que esta egresada de la FUC tiene un frondoso currículum como directora de casting y como asistente de dirección de importantes nombres, como Marcelo Piñeyro, Pablo Trapero, Lucrecia Martel, Ariel Rotter, Damián Szifrón, Alejandro Agresti y Jorge Gaggero, entre otros. Cuando terminó su labor como asistente de dirección en Cama adentro, fue precisamente Gaggero quien la estimuló a dirigir. Y le regaló una lapicera. Entonces, Smirnoff se tomó unos meses de descanso, reflexionó sobre el tema y posteriormente, con ese bolígrafo, escribió el guión de su ópera prima, Rompecabezas, que debuta a lo grande: hoy será la première mundial en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Otro logro: es la única película argentina que participa de la Competencia Oficial, al lado de “monstruos” de la cinematografía mundial. “Quería contar la historia de alguien que descubre algo nuevo en su vida, un don. Es una mujer que está en un momento en que la vida se lo permite, con una especie de crisis, mientras sus hijos están por irse de la casa familiar. Se vislumbra ese cambio y su función principal como ama de casa va a dejar de existir”, comenta Smirnoff en la entrevista con Página/12, en la que también participa María Onetto, protagonista del film junto a Arturo Goetz.

La historia aborda la situación de María del Carmen (Onetto), que está por cumplir 50 años y que entiende que su rol de madre no ocupará un lugar central en la vida de sus hijos jóvenes. Cuando le festejan el cumpleaños, sus familiares le regalan algo que será motivo de un descubrimiento personal que la llevará a caminos inexplorados anteriormente. El obsequio es algo tan simple como un rompecabezas. María del Carmen se entusiasma con el armado del juego, decide comprarse otros y en poco tiempo se convierte en una experta en el tema. Hasta que por casualidad conoce a Roberto (Goetz), un millonario que tiene interés en competir en un torneo mundial de rompecabezas en Alemania, pero necesita alguien que lo entrene, ya que no es muy ducho en la materia. María del Carmen aceptará la propuesta de Roberto de ser su instructora y, a partir de ese momento, vivirá una especie de situación clandestina, ya que cada vez que tenga que ir a la casa de este hombre le mentirá a sus íntimos, tal vez para evitar cuestionamientos. Desde ese momento, María del Carmen descubrirá un mundo nuevo que le permitirá encontrar una mayor plenitud en su vida. Smirnoff asegura que le interesaba plasmar en Rompecabezas “esos momentos clave de la vida, esas transiciones que pueden disparar a lugares insospechados”.

–Si bien no es desopilante, la película tiene humor. ¿Fue algo buscado desde el guión?

Natalia Smirnoff: –Un poco sí. No concibo la vida sin humor. Me parece que uno vive todo el tiempo con situaciones de humor o hilarantes. En ese sentido, traté de reflejar cómo es la vida. Por eso, comedia dramática es un término extraño,0 pero refleja bien lo que sucede. El humor es como el refugio que muestra otras zonas que sólo se ven en esas situaciones. Desde ahí me interesa el humor. No quería hacer una comedia de gags, donde todo lo que pasara fuese humor, porque creo que eso es artificial, construido. En cambio, la otra convivencia es la natural.

–¿Por qué el armado de rompecabezas se convierte en una obsesión para María del Carmen?

María Onetto: –No lo llamaría una obsesión. Se convierte en algo que la entusiasma y que la concentra. Por eso hace ese gran movimiento que consiste en empezar a tomar cierta distancia de sus quehaceres habituales y darse tiempo para ir a la casa de este hombre y entrenar para ese campeonato. Está sostenida en algo que hace bien, para lo cual tiene una habilidad. El personaje que interpreta Arturo Goetz la estimula en eso, y ella asume que hay algo que hace y que disfruta. Después, en la película aparece su preocupación de ver lo diferente que es la manera de armar rompecabezas de María del Carmen de la de otras personas. Pero tiene un manejo y ese mundo le resulta muy cercano.

N. S.: –El juego la toma. En ese sentido, puede ser como una obsesión: le toma la vida y no puede sustraerse de hacerlo. Pero no por sumarle una obsesión, sino porque en sí mismo ese juego la ocupa y le permite descubrir cosas nuevas de ella misma que desconocía.

–¿El juego llena algunas falencias de su vida?

N. S.: –Claro, completa otras cosas. No hay vida completa. Es imposible que en la vida de cualquiera no falte algo. Pero tal vez hay zonas que uno tiene más abandonadas y menos alimentadas, depende el momento de la vida. El juego le trae toda una zona que ella tenía bastante abandonada: el tiempo para sí misma. Ella disfruta profundamente en ese entregarse y en ese darse a otros. Ese es un placer central para ella, pero ese mismo placer le hace perder otras cosas.

M. O.: –Es una zona que estaba en ella y que aparece con la oportunidad que tiene cuando le regalan el rompecabezas. Aparece algo de su capacidad de estar sola y tiene que concentrarse en armarlo. Y, en principio, es un juego. María del Carmen es alguien que trabaja y que se ocupa de la casa, de la cocina. Está todo el tiempo entretenida, pero el juego es la capa que a ella se le suma. Es algo que, en principio, no tiene ningún destinatario, nada más que el entretenimiento de haberlo hecho.

–¿El juego también le permite volver a sentirse libre y deseada?

M. O.: –Le permite que haya otra mirada masculina. María del Carmen está rodeada por tres varones: su marido (Gabriel Goity) y sus dos hijos. Y la de Roberto es una mirada que le estimula un aspecto que ella desconocía, que la valora, que se lo manifiesta, que la trata de una manera bastante simétrica, a pesar de que pertenecen a clases sociales diferentes. Y me parece que hacerlo pasar exclusivamente por el tema del deseo sería simplificar la situación. Roberto es alguien que ve en ella una zona que su familia hasta ese momento no había visto, porque no tuvo oportunidad de mostrarla ni de hacerse el lugar para mostrarla. En cambio, con este hombre despliega una zona que ella desconocía y que durante buena parte de la película la despliega exclusivamente con él. Eso la amplía.

–¿Qué importancia tiene este millonario en la vida de María del Carmen?

N. S: –Es un habilitador, como el rompecabezas. Esta película no cuenta una historia de amor. Tal vez él quedó un poco enamorado... En el caso de María del Carmen no pasa por ahí. Simplemente comparten una pasión. Cuando uno comparte una pasión ciegamente con alguien, ese encuentro es sumamente potente. No sé cuántas cosas más podrían compartir ellos, más allá del encuentro del juego.

M. O.: –Es lo que produce cualquier situación de encuentro genuino con otro: provoca algo en la medida en que esas energías se vinculan. Parece que es alguien que le hace bien.

–¿Qué es más importante para María del Carmen: la familia o el juego?

N. S.: –Las dos cosas. No hay algo que sea más importante. En el principio, ella está demasiado tomada por el juego. Es como cuando uno empieza algo nuevo: eso lo cautiva, lo encandila. Hay un reajuste que ella tiene que hacer con su familia, pero su familia siempre es fundamental. El juego no puede superar eso.

M. O.: –No es una cosa o la otra, sino que trata de sumar, de ampliar la situación. Porque sería bastante triste que hubiera que optar por una cosa o por otra. Me parece que es la manera que encuentra cada persona de poder unir todos aquellos aspectos que, a veces, no pueden conciliarse en un único lugar. Pero ella se las arregla y su familia colabora para eso.

–Pero, ¿por qué necesita mentirle a su familia?

M. O.: –También me lo pregunté cuando leí el guión.

N. S.: –Ella necesita mentir porque hasta el momento en que decide empezar a entrenar, descubre en el juego algo muy íntimo que le importa muchísimo. En general, en algunos momentos, su familia minimiza cosas que para ella son importantes. Y esto que descubrió es tan especial que se pone muy sensible. Entonces, si en ese momento la empezaran a criticar, podrían arruinárselo, y eso le impediría moverse o hacerlo. Y ella quiere hacerlo, de todas maneras. Es la parte donde María del Carmen es débil. Necesita un reconocimiento para ciertos actos. La película cuenta la historia de alguien que descubre algo y obtiene en el recorrido una pequeña gran libertad para sí misma. Todo ese recorrido es interno. Al principio, ella no tiene esa libertad y debe mentir. No se anima a decir: “Bueno, voy a armar el rompecabezas y listo. Me voy por dos semanas y ustedes cocinen”. No se anima. Si tuviera que decir la verdad, no lo haría. Simplemente, se quedaría en su casa y listo. Su forma de poder hacerlo es mintiendo.

–Smirnoff, ¿por qué eligió el rompecabezas como disparador? ¿Es una metáfora de la necesidad que hay en la vida de armar las cosas que suceden como si fuera ese juego?

N. S.: –Por un lado, sí. Hay diferentes “porqués” del rompecabezas. La vida puede tomarse como piezas de rompecabezas que se van armando. Es una metáfora posible. Pero lo primero que me guió a elegirlo es que quería un juego que no fuera valorizado con un status. Como por ejemplo el ajedrez: si uno sabe jugarlo, es muy inteligente, y en un torneo todo el mundo va a aplaudirlo. A mí me interesaba que fuera algo que, dentro de una escala general, significara que uno está perdiendo el tiempo. Hay un avance tremendo de la productividad como hecho y del tiempo productivo. En la antigüedad, para los griegos, el ocio era un valor: gozaba de una jerarquía especial. Y la idea del ocio se ha ido perdiendo, cuando para mi gusto debería formar una parte mucho mayor de la vida cotidiana.

–¿Por qué creen que los adultos pierden el sentido del ocio?

N. S.: –Porque está todo pensado en función de un sistema productivo. Hay que trabajar una cantidad enorme de horas para poder producir y ganar dinero, y eso obliga a que no quede ningún segundo. Y si queda, es para producir más. Creo que es una gran mentira. Es como si estuviéramos embarcados en eso y fuera muy difícil salirse. Justamente, me gusta el rompecabezas porque es un típico juego que la gente cree que implica perder el tiempo, que es inútil, no tiene ningún sentido y no denota inteligencia ni status.

M. O.: –El tema del ocio tiene que ver con el uso del tiempo en un mundo capitalista, donde uno a veces tiene ganas de no hacer nada y tal vez no hace nada, pero todo el tiempo tiene una voz que le dice: “Deberías estar haciendo tal o cual cosa”. A veces, también es: “Deberías estar más contento”, “Deberías estar disfrutando”. Yo también soy una persona que suele ocupar sus horas y me cuesta mucho el tiempo libre, porque no puedo aislarme de un sistema en el cual vivo. Sí me parece que está bueno que en una película o en un libro empiecen a aparecer esas ideas de qué nos pasa con esa situación, de qué hacer para modificarla. Así como hablamos de los cambios y del dinamismo en la vida de una persona, también por ahí uno, en algún momento, hace un viraje y dice: “Bueno, este año no trabajo, vivo de ahorros”. Aunque... ¡no sé si se puede!

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