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Sábado, 3 de abril de 2010

CINE › TINA FEY GANA LUGAR EN LA PANTALLA GRANDE CON UNA NOCHE FUERA DE SERIE

“Hay muy buenas comediantes en TV, pero no en el cine”

Aunque empezó como guionista de Saturday Night Live, enseguida pasó del otro lado de las cámaras y al poco tiempo tuvo su propio programa, el hilarante 30 Rock. El próximo jueves se estrena su nueva película, en la que trabaja con Steve Carell.

 Por Gill Pringle *

Brilla en la pantalla de Sony como la desafortunada Liz Lemon en la sitcom 30 Rock, pero la guionista Tina Fey ha recorrido un largo camino, especialmente para una confesa “súper nerd” cuya carrera alguna vez se basó en hacer que otra gente sonara graciosa. Por sobre todo lo demás, sus sketches salvajemente exactos interpretando a la ex candidata a vicepresidenta de Estados Unidos Sara Palin la impulsaron hacia la atención pública. Eso le agregó un Emmy a su creciente colección de premios, que incluye otros cinco Emmy, dos Globos de Oro y numerosos Writers Guild.

Nacida como Elizabeth Stamatina Fey en los suburbios de Filadelfia, se recibió en teatro y se mudó a Chicago, donde se entrenó con la famosa troupe de improvisación Second City, mientras trabajaba en una oficina de la Asociación Cristiana de Jóvenes local durante el día. En 1997 se incorporó al staff de guionistas de Saturday Night Live, el programa nocturno de sketches responsable de haber lanzado las carreras de John Belushi, Adam Sandler, Chevy Chase, Bill Murray y Eddie Murphy, entre muchos otros. Fey pasó a ser guionista principal dos años después y fue incorporada al elenco al siguiente. Pero fue el extraño parecido de la actriz con Palin lo que demostró ser un trampolín importante en su carrera. A pesar de que había dejado SNL cuatro años atrás para concentrarse en su propia serie, 30 Rock, fue atraída hacia el programa nuevamente después de que la ex gobernadora de Alaska, Palin, apareció en el escenario político, arrancada de la oscuridad para convertirse en la compañera de carrera de John McCain. “Durante años había sido comparada físicamente con Nana Mouskouri, pero no hay mucho que una pueda hacer con eso hoy en día, así que Sarah Palin fue un verdadero regalo”, se ríe Fey, de 39 años, cuyos créditos como escritora incluyen el guión para la exitosa película adolescente Chicas pesadas.

Más allá de su currículum televisivo, la carrera de Fey en la pantalla grande también está ganando velocidad rápidamente, con su protagónico en la comedia Baby Mama hace dos años y el coprotagónico con Ricky Gervais en The Invention of Lying el año pasado. Ahora se ha asociado con otra estrella de la TV, Steve Carell (The Office), en la comedia de pareja Una noche fuera de serie, cuyo título original, Date night, es una ingeniosa vuelta de tuerca a un término que en Estados Unidos se ha incorporado al vocabulario corriente. “Es algo relativamente reciente –considera ella–. Igual que ahora los padres dicen ‘cita para jugar’ cuando sus hijos juegan juntos. Eso no era algo que existiera cuando yo era una niña, una simplemente iba a la casa de alguien, mientras que ahora se arma una ‘cita para jugar’. Pero conozco a muchas parejas que se refieren a esto como sus ‘noches de cita’”, dice Fey, cuyos propios padres (Donald, redactor de solicitudes de financiación, y su madre Jeanne, que se dedica al corretaje) la hicieron interesarse desde chica en comedias clásicas, de los Monty Python a los Hermanos Marx.

Como madre de una niña de cuatro años, las “noches de cita” no son nada nuevo para Fey y su marido, el compositor y director de comedias Jeff Richmond, de 50 años, aunque la “noche de cita” de Fey con Carell en la pantalla sale horriblemente mal en la comedia. “Creo que es algo con lo que puede identificarse cualquier pareja con hijos. Cuando estás casado, tenés un hijo y trabajás, hay una parte de estar en la relación con tu esposa que puede ser realmente como una carga irritante en ciertos momentos y tenés que recordar que lo que te llevó hasta ese punto fue tu amor por tu esposo, porque se convierte en algo tipo: ‘Oh, grandioso, encima ahora tengo que hablar con él. ¡Genial! Lo único que quiero es irme a dormir’. Así que hay que acordarse de cuidar ese jardín. Es importante encontrar el tiempo para ver a los amigos, también, y simplemente tratar de batallar contra la fatiga.” “No tengo ninguna historia propia de ‘noche de cita’ seriamente desastrosa –continúa Fey–. Sin embargo, conozco esa sensación que una tiene cuando hizo planes para salir y sigue adelante aunque está demasiado cansada. Al final, termina teniéndole envidia a la niñera, que se sienta a mirar tele y pide comida. Una se pone tipo: ‘Ay, quiero quedarme con la niñera. Estoy celosa de la niñera’.”

Fey dice que la esposa y el marido que componen con Carell en Una noche... tienen muy poco en común con sus personajes de la pantalla chica. “Quizás habrá cierta satisfacción si la gente a la que le gustan esos dos programas es capaz de imaginar que Michael Scott (el personaje de Carell en The Office) y Lemon están encontrando el amor”, especula ella, y enseguida bromea: “Interpretar a la mujer de Steve salió muy naturalmente. Empecé a reprender a Steve de inmediato y él se enojó conmigo enseguida. Seriamente, creo que eso de intentar controlar todo y no dejar realmente que el marido se incorpore a la vida diaria de la familia suena real. Es algo que la gente hace, especialmente las mujeres. Me gusta que mi personaje, Clara, sea piola, y me gusta el núcleo de la relación entre los dos. Ellos sí se aman uno al otro. No son pendencieros ni se comportan horriblemente entre sí, simplemente están en una racha frustrante de su matrimonio. Siento que eso es inteligente y veraz. Sinceramente, una vez que estás casado, incluso dejás de celebrar el Día de los Enamorados”.

Fey, que alguna vez imaginó una carrera detrás de cámaras, admite tener ciertas dudas sobre su reciente buena fortuna: “Ah, ¿el síndrome del impostor? –contraataca ella–. La belleza de ese síndrome es que vacilás entra la egomanía extrema y el sentimiento de ‘¡Soy un fraude! ¡Oh, Dios, van a darse cuenta! ¡Soy un fraude!’ Así que simplemente intentás subirte y disfrutar de la egomanía cuando aparece, y tratás de deslizarte a través de la idea del fraude. De todos modos, acabo de darme cuenta de que casi todos son un fraude, así que trato de no sentirme tan mal por eso”.

“Haberme convertido en una figura pública quizá más tarde que la mayoría me ayudó a lidiar con los aspectos de intrusión a mi vida privada –-asegura Fey–. Eso es algo insano. Pero creo que por haber trabajado en un montón de lugares durante un largo tiempo antes de que me pasaran cosas así, tengo una claridad casi terrorífica sobre cuánto tiempo más van a dejarme hacer esto. La gente sí te trata de modo diferente, así que es agradable haber llegado a esto ahora que soy un poco mayor, porque medio que una no se lo cree al ciento por ciento. Todos son tan agradables con una todo el tiempo, diciéndome ‘se te ve bárbara’, cuando sé que no es verdad. Pero está bien... Al ser un poco más grande, es más fácil tomarse las cosas más ácidamente. Por ejemplo, muchas veces los guionistas de 30 Rock me joden cuando llego hecha un desastre, como si hubiera estado comiendo algo que encontré en el piso, realmente mal... Empiezan a decirme: ‘¡Sos una estrella! Estás viviendo tu sueño’. No hay tiempo para dar unas vueltas y sentirse poderoso.”

Al discutir el destino de 30 Rock, a la luz de que su coprotagonista Alec Baldwin le dice a todo el mundo que está a punto de renunciar, Fey se ríe: “¡En realidad está abandonando la Tierra! ¡Se va al espacio! Pero Alec dice eso todo el tiempo. Creo que es un tipo brillante, y ciertamente lo suficientemente talentoso y piola como para hacer montones de cosas, pero su maldición es que es un actor brillante y que no va a ser capaz de parar. También pienso que el trabajo es muy duro. Siempre me impactó que hacer eso cinco noches a la semana, durante todo el año, sea semejante yugo, en el que es difícil ser fresco y original. Espero que podamos continuar durante un par de años más. Obviamente, no es realmente decisión nuestra, pero si podemos llegar a las temporadas cinco y seis, eso sería ideal. Me encantaría que la gente de la NBC nos concediera eso. Una quiere que esta clase de series sean buenas durante todo el proceso, así que tendríamos que ver si llegamos hasta ese punto y entonces ver cómo nos sentimos”. Un aspecto de su éxito es que hoy Fey tiene miles de seguidores en Twitter, a pesar del hecho de que ni siquiera se trata de la verdadera Tina Fey. “¿No es una locura todo eso? ¡No soy yo! Tiene como 300 mil personas siguiéndome, pero no soy yo. Soy demasiado vieja para meterme a twitear y todo eso –suspira ella–. Soy guionista, así que la idea de tener que escribir una sola cosa más, ser responsable de producir algo más, es demasiado.”

Se sabe que la hija de Fey, de cuatro años, es responsable de algunas de los latiguillos más fuertes de 30 Rock: “Es cierto –asiente Tina–. Incorporamos varias cosas que dijo ella. Creo que es porque aburro hasta las lágrimas a todo el mundo en la sala de guionistas con historias sobre ella, entonces subconscientemente se mete en sus cerebros. Pero, sí, cosas como ‘Quiero ir a allí’ o ‘tocá el culo de mi rodilla’ son completamente trabajo de ella. Uno de estos días va a darse cuenta y va a empezar a cobrarnos”, dice Fey, y confiesa que se convirtió en la clase de padres de los que alguna vez se burló, planeando “citas para jugar” para su hija que cuadren con su agitada agenda laboral. “Es un cliché, ¿no es cierto? Todo ese modo en que se espera que los padres modernos estimulen a sus hijos a convertirse en minigenios... Ya es tipo: ‘El sábado tenés ballet’. Medio que una construye su día en base a llevarlos a alguna parte. Estos chicos van a ser increíbles. ¡Una generación completa de genios en perfecta forma! Pero no creo que vaya a alentar a mi hija a dedicarse a la actuación. Después de trabajar con dos chicos en Una noche..., por más que fueran amorosos, siento que se les hacen demasiado largos los días. Estaban muy contentos de estar allí, pero se parece demasiado a un trabajo real para ellos.”

El estatus de Fey y Carell es tal entre sus colegas que, una vez que ellos dos hubieron firmado sus contratos para Una noche..., una multitud de actores de primera línea salió de los decorados, con el resultado de un elenco secundario que incluye a Mark Wahlberg, James Franco, Mark Ruffalo y Ray Liotta. “Fue raro tener a Mark Wahlberg en el set. Quiero decir, él produce Entourage y tiene una carrera seria después de haber sido un ídolo para adolescentes. Pero él entiende completamente la comedia e improvisó mucho material gracioso”, dice ella. Como una de las pocas comediantes exitosas del presente, Fey lamenta la escasez de oportunidades de comedia para mujeres en un trabajo largamente dominado por los varones. “Conozco a muchas mujeres que son muy graciosas, pero están principalmente en televisión. Hace muchos años que hay mujeres que llevan adelante comedias televisivas, desde los ‘50 con Yo amo a Lucy, pero, por alguna razón, es diferente en el cine. Quizá sea necesario que más mujeres produzcan películas. También veo, como madre, que cuando se estrena una película no puedo ir a verla si no consigo una niñera, mientras que un pibe adolescente va al cine. Y los productores van detrás del dinero: si los chicos están yendo más al cine, vamos a tener películas para chicos. La televisión siempre ha sido más para las damas”, dice Fey, que desarrolló sus propias aptitudes salvajes para la comedia cuando era adolescente, entendiendo que el sentido del humor era un gran modo de evitar las críticas y ganar amigos.

Hoy, Fey no tiene respiro en las comparaciones con Palin, quien, aunque renunció a su puesto como gobernadora de Alaska, sigue en la atención pública en Estados Unidos después de publicar sus memorias y por asistir a numerosas apariciones televisivas. Más allá de que comparten similitudes físicas y los anteojos con marcos negros como marcas registradas, Fey insiste en que raramente la confunden con la política: “Sucede menos de lo que uno imaginaría. Pero cuando estoy en el aeropuerto o en Disneylandia, pienso que es lo primero que va a pensar la gente cuando me vea”. Y aunque hizo su nombre en la comedia, Fey admite un secreto deseo de hacer algo completamente serio. “Siempre estoy bromeando con que como trabajo de jubilada quiero ser una jueza en La ley y el orden –dice–. La improvisación es muy dura.”

* The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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