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Miércoles, 16 de junio de 2010

CINE › JORGE MARRALE, JUAN LEYRADO Y CóMPLICES DEL SILENCIO

Entre la pelota y el terror

El film del italiano Stefano Incerti pone el foco en ese momento en que la pasión futbolística fue rodeada por los crímenes de la dictadura. “A pesar de tener la mirada de un extranjero, muestra el estado de desesperación y locura que se vivía”, dicen.

 Por Oscar Ranzani

Así como muchos argentinos disfrutaron el sábado pasado del triunfo de la Selección Argentina, otros tantos festejaron la conquista del Mundial ’78. Pero la diferencia es obvia: mientras ahora se vive en un país en democracia y con derechos respetados, en aquella época el Mundial sirvió como instrumento de los militares para tapar las atrocidades que cometían. Por eso, en estos días futboleros y de nacionalismo exacerbado, conviene parar un poco la pelota y reflexionar sobre la manipulación de lo que algunos calificaron con la tristemente célebre frase de “La fiesta de todos”. Esa reflexión propone Cómplices del silencio, que se estrena mañana y que fue dirigido por el italiano Stefano Incerti, gracias a un convenio entre el Incaa y la Direzione Generale per il Cinema de Italia.

En el film trabajaron los argentinos Jorge Marrale, Juan Leyrado, Florencia Raggi, Tomás Fonzi y Rita Terranova y el italiano Alessio Boni, entre otros. Boni es Maurizio Gallo, periodista italiano que viene a la Argentina a realizar la cobertura del Mundial y a visitar a parte de su familia inmigrante que reside en el país. Al poco tiempo, conoce a Ana (Florencia Raggi), una militante con la que vivirá momentos de apasionamiento afectivo pero también de terror. Es que ambos son detenidos clandestinamente y llevados a un campo de concentración, luego de que Pablo Pere (Juan Leyrado), funcionario del gobierno militar, descubre la relación. Cuando ellos desaparecen junto a Carlos (Tomás Fonzi), primo de Maurizio, la familia que componen Mauricio Gallo (Jorge Marrale) y Teresa (Rita Terranova) comenzarán a deambular por todos lados para conocer el paradero de sus familiares.

“Como es una historia que nunca se acaba y que nos va a acompañar durante toda nuestra vida, leer el guión era continuar observando y experimentando en uno lo que fue esa época”, señala Leyrado en la entrevista con Página/12, en la que también participa Marrale. A pesar de que gran parte de la sociedad conoce lo que sucedió durante la dictadura, “uno sigue sorprendiéndose de una manera enorme de lo que realmente pasó: ¿Cómo sucedió eso mientras estaba el Mundial, mientras uno caminaba por la calle? ¿Cómo había debajo de esta ciudad ese mundo tan macabro? Eso me movilizó mucho”, confiesa Leyrado. Marrale considera que había “un estado de bipolaridad que tenía la nación en ese momento, porque había una euforia casi maníaca por el Mundial y había una depresión violenta, casi al mismo tiempo, por lo que se entendía que estaba sucediendo, aun sin conocerlo en detalle. Era un estado de locura. Y la película, a pesar de tener la mirada de un italiano, muestra ese estado de desesperación y de locura, sobre todo en la conformación de los personajes”, dice Marrale.

–El director señaló que Cómplices... tiene dos planos de lectura: uno está dado por la crueldad y el realismo de las imágenes y el otro refleja el sufrimiento de los inmigrantes que debieron alejarse de su tierra. ¿Coinciden con esta visión o creen que el segundo aspecto queda relegado por la fuerza de la historia?

Jorge Marrale: –Como me toca encarnar a Mauricio Gallo, el inmigrante que llegó acá en los ’50, puedo decir que alterna una cosa con la otra. Creo que hay una metáfora en la película, sobre todo en mi personaje: destruye algo que él construyó de una manera constructiva, valga la redundancia. El había pensado que como ingeniero podía construir en un país. Y esa metáfora de ir a romper es una forma de suicidio. El va a buscar un poco la muerte porque después de lo que le sucede al hijo, ¿qué puede esperar de la vida? Ahora, en el plano de la realidad de la película, lo más impactante es lo fáctico, lo que sucede con lo que se ve.

–Teniendo en cuenta que es una historia muy propia de la Argentina, ¿cómo analizan la mirada extranjera sobre la dictadura militar?

Juan Leyrado: –Es muy difícil adentrarse en lo profundo de lo que pasó. Cuando uno lee un libro de algo que ha pasado en la realidad, tiene la historia que conoce porque la estudió aunque no la haya vivido, pero no tiene la vivencia. Es muy difícil la mirada de afuera. Pero el director fue muy recatado. Y de verdad no contó más de lo que él conocía. A veces eso es delicado, porque nosotros sabemos que hay mucho más, y eso puede parecer algo débil en lo narrativo. Yo no sé qué nos pasaría a nosotros si nos pusiéramos a contar lo que sucedió con el franquismo. Si bien estamos muy allegados por la historia de nuestros abuelos inmigrantes, hay algo que nuestros abuelos vivieron en carne propia, lo pudieron olfatear, tocar. Incluso a los argentinos nos cuesta contar lo que sucedió en nuestro país porque fue tan grande, tan monstruoso, tan maquiavélico que, por más que lo hayamos vivido, nunca vamos a poder transmitirlo con precisión. Yo sabía cómo venían a matar los que mataban, conozco el color de esos autos y la piel de esos tipos que andaban transitando y esos brazos que sacaban afuera de los Falcon con las armas pasando por la esquina de casa o por Corrientes. Los que lo vivimos, ¿cómo lo transmitimos?

–¿Cómplices... es una historia de amor con trasfondo político, es decir una combinación de cine de género con compromiso social?

J. L.: –Lo que pasa es que es tan fuerte lo que hay alrededor de ese vínculo amoroso que, en realidad, eso mueve todo. Pero sí: a este muchacho que viene a cubrir el Mundial le pasan dos cosas fuertes. Una es el enamoramiento con esta mujer comprometida desde su militancia. A partir de ahí, él descubre un mundo.

–A pesar de ser una ficción, ¿es una película que invita a la reflexión sobre el accionar terrorista de la dictadura? ¿Qué creen que les puede aportar a los argentinos que, a esta altura, desconozcan?

J. L.: –Hay muchos argentinos que todavía ignoran o eligen ignorar lo que sucedió. A esa gente no la va a movilizar ni le va a aportar ni cambiar porque, en realidad, cotidianamente en democracia siempre hay manifiestos de todo tipo que nos hacen recordar lo que pasó. Y sigue habiendo gente que no lo quiere reconocer porque toma una posición de decir: “Esto no pasó”, “No era así”, “No hubo desaparecidos”, “No hubo chicos apropiados”, “Estaban todos afuera”. Hay editoriales de algunos periodistas que conocemos perfectamente y que escribieron en esa época que era todo una gran mentira. Espero que una película sirva para tomar conciencia.

–¿Implica un mayor compromiso interpretar personajes de una historia tan dolorosa para la Argentina?

J. M.: –No, el compromiso está en la vida. El compromiso es tener un pensamiento y una actitud frente a lo acontecido. Como actor, cuando me ofrecían lo que me ofrecían, era bueno que yo lo hiciera. Tal vez, diría, hasta desde un punto de vista egoísta. El compromiso es el trabajo. Y es un compromiso de carácter artístico y social, por la repercusión que tiene. Pero, en definitiva, me ofrecen un papel y lo quiero hacer porque puedo transmitir algo de lo que yo vibro con esa historia. Y puede servir.

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“Uno sigue sorprendiéndose de lo que pasó: ¿Cómo sucedió eso?”, se preguntan los protagonistas.
Imagen: Pablo Piovano
 
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