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Miércoles, 31 de agosto de 2011

CINE › ALCIDES CHIESA Y CARLOS EDUARDO MARTíNEZ ESTRENAN TITO, EL NAVEGANTE

Una casa hecha con botellas

Mientras hacían una película sobre el balneario de Quilmes, los directores se enteraron de la existencia de un artista que había construido su vivienda con las botellas que una inundación arrastró hasta la costa. Y eso les disparó un film completamente distinto.

 Por Oscar Ranzani

En las costas de Quilmes está enclavada la casa más original de la Argentina. No la hizo un grande del diseño como Le Corbusier, sino un simple escultor y artesano conocido como Tito Ingenieri. Este bohemio había construido una vivienda, después de vivir en un árbol, pero cuando un tronco se desplomó y se la tiró abajo, tuvo que buscar otro hogar donde pasar sus días. Cuando se produjeron unas inundaciones terribles, el río devolvió a la costa miles de botellas de vidrio. Y esa fue su materia prima para llevar a cabo el emprendimiento habitacional. Las paredes de la casa de Tito tienen botellas en lugar de ladrillos. Luce linda, hay que decirlo. Y también original. Tanto como la propia vida de su creador: si bien se gana el sustento diario como barrendero en un colegio, la pasión de Tito es el arte, a pesar de que él mismo no se considera un artista. Realizó un sinfín de esculturas, muchas de las cuales fueron exhibidas en el exterior, y es un experto en soldaduras en hierro. Hubo una época en que quiso estudiar Bellas Artes, pero lo echaron por tener el pelo largo. Tito tuvo también sus experiencias con drogas alucinógenas que, en algún momento, le hicieron imaginar el Obelisco torcido y con una lengua sosteniéndolo. Tal vez por incomprendido antes que por enfermo, lo internaron en el Borda. Allí estuvo ocho años y su escape del neuropsiquiátrico fue como su vida: de película. Es por eso que los realizadores Alcides Chiesa y Carlos Eduardo Martínez decidieron dirigir un documental, en el que el propio Tito cuenta su historia tan particular: Tito, el navegante se estrenará este jueves en el Espacio Incaa Km 0 Gaumont.

Chiesa comenta que, junto a Martínez, conocieron a Tito casi por casualidad. Es que estaban realizando una película en la que iban a abordar la historia del balneario de Quilmes desde su esplendor hasta su decadencia. Y uno de los vecinos les preguntó si conocían “la casa de las botellas”. Si bien Chiesa vive en Quilmes, no tenía idea de que existiera una vivienda de este tipo. “Fuimos, conocimos a Tito, se nos desvió el tema y comenzamos a hacer este proyecto artesanalmente, de a poco y cuando teníamos tiempo”, agrega Chiesa.

–En el film se nota que el personaje tiene calidez hasta para contar los aspectos más dramáticos. ¿Cómo lo notaron ustedes?

Carlos Eduardo Martínez: –Tito tiene esa característica. Es una persona que habla sin filtro. Dice lo que siente, lo que le parece. Y en ese sentido, esa franqueza es a veces dura y sorprende.

–Si bien el documental enfoca en un personaje anónimo, el gran mérito de la película es precisamente esa elección, por la riqueza testimonial que tiene. ¿Creen que es alguien que causará simpatía rápidamente en los espectadores?

Alcides Chiesa: –Sí. Hicimos un preestreno el año pasado en la Universidad de Quilmes. Nos desbordó. Pensábamos hacerlo en un aula, luego lo hicimos en el gran auditorio que tiene la UNQ. Y al final, vinieron más de mil personas.

C. E. M.: –Queríamos testear un poco qué pasaba, cuál era la reacción. Y fue increíble, superior a lo que imaginábamos.

A. C.: –Al final, Tito gana en la gente por su honestidad, su transparencia.

C. E. M.: –Y por su potencia de trabajo increíble. Es un tipo que enfrentó dificultades enormes en su vida y, sin embargo, su potencia creadora y de trabajo es lo que lo saca adelante. Siempre que vas a la casa hay modificaciones, siempre está haciendo algo.

–¿Y qué facetas de su vida observaron como cinematográficas?

A. C.: –Fundamentalmente, él es mucha imagen, por lo que es la casa, por todas las cosas que hace. El trabaja la imagen. Es muy difícil no sacar provecho de toda esa riqueza.

C. E. M.: –Tito tiene la característica de hacer arte hasta con su casa. El es un artista: trabaja reciclando hierro. Pero su casa con botellas la hace con arte y sus objetos también. Es muy particular esto.

–¿Y cómo entiende Tito al arte?

A. C.: –El dice que no es un artista, sino un trabajador. Nada más. No cree en la cosa elitista del arte. El es una persona más. Dice que toda persona que agarre cualquier elemento y lo combine hace arte. Lo que pasa es que no es tan sencillo. Lo que Tito hace es bastante complicado. Yo no me animaría a hacer las cosas que él crea. Sin embargo, es una persona que tiene mucho desarrollo docente. Y va mucha gente a aprender con él.

–¿Creen que es una persona con grandes capacidades creativas que no tuvo las oportunidades que se merece o así es la vida que eligió?

C. E. M.: –En parte, es la vida que eligió. El tiene una enorme potencialidad. Es un artista importante para nosotros. Pero eligió su manera de vivir y está conforme con eso.

A. C.: –No le interesan las cosas que quizá le interesen al común de la gente. Su vida pasa por otro lugar. Por ejemplo, no le interesa tener un coche o hacer un crucero, por decir algo. El vive en su barrio de siempre, un barrio pobre. Podría vivir en otro lugar, incluso tener un trabajo superior al que tiene, pero lo curioso es que a Tito eso no le importa. Su mundo es otro. Eso también logra que uno se identifique con él.

–¿Qué tiene de común y, a la vez, de extraordinario este hombre?

A. C.: –Es una persona común. El hecho de que lo tilden como una persona diferente no lo comparto. A mí me parece que no hay diferencias. O al revés: creo que todos somos diferentes. Por ahí, Tito se luce más en sus diferencias. Pero es tan diferente como cualquiera de todos nosotros. Lo que le da fuerza a su diferencia es que a él no le importa si a uno le gusta su forma de vestirse, su ropa o lo que hace. No se preocupa por eso. Para mí, eso es admirable, además de su capacidad de lucha. Es una persona que pasó por etapas muy duras de su vida, tremendamente duras, difíciles de salir (la gran mayoría no hubiera salido) y, sin embargo, Tito, por su propio esfuerzo, sale adelante, lo sobrelleva. Y eso es admirable.

C. E. M.: –Quizás eso atrae, por lo menos para mí es lo más importante. El tuvo grandes dificultades y las enfrentó no con prepotencia, sino con potencia de creación y de laburo.

–¿Y cuánto de drama y cuánto de comedia tiene su vida?

A. C.: –Drama tiene, lo que pasa es que él lo transforma. Uno lo mira en la película y se puede reír de cómo lo cuenta. Pero después te ponés a pensar y creés que es un desastre lo que le pasó. Pero él no te va a llorar ni decir: “Mirá lo mal que la pasé”. No se victimiza.

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La película de Chiesa y Martínez se estrenará mañana en el Espacio Incaa Gaumont Km 0.
Imagen: Daniel Dabove
 
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