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Martes, 20 de septiembre de 2011

CINE › SAN SEBASTIAN > NOMBRES FUERTES EN LA COMPETENCIA DONOSTIARRA

Sobre el amor y el desierto

Mientras The Deep Blue Sea, del británico Terence Davies, propone un melodrama canónico sobre la frustración de una mujer que equivoca sus elecciones amorosas, Los pasos dobles, del local Isaki Lacuesta, recrea la leyenda de un pintor francés en Africa.

 Por Horacio Bernades

Desde San Sebastián

Dos nombres fuertes presentan por estos días sus nuevas películas en la competencia oficial de la 59ª edición de San Sebastián. Terence Davies se zambulle en The Deep Blue Sea, en lo que representa un doble regreso: al festival que le dedicó una retrospectiva completa en 2008 y al cine de ficción. Desde hacía más de una década que el autor de Del tiempo y la ciudad no filmaba historias de ficción. La última había sido en 2000, con la nunca estrenada en Argentina The House of Mirth. El otro que retorna a la Perla del Cantábrico –aunque recorriendo un kilometraje considerablemente menor– es el catalán Isaki Lacuesta. Tras haber presentado en las dos últimas ediciones el film de ficción Los condenados y el documental para televisión La noche que no acaba, este oriundo de Girona retorna ahora, con Los pasos dobles, a su terreno más fértil, el de la fusión entre ambos campos cinematográficos.

A diferencia de sus films más conocidos (Distant Voices, Still Lives y The Long Day Closes), en los cuales ficcionalizaba sus propios recuerdos de infancia, las dos últimas películas “de trama” de Terence Davies se basaban en materiales literarios ajenos: La biblia de neón (1995), sobre la novela homónima de John Kennedy Toole, y The House of Mirth, sobre la de Edith Warton. Ubicada en los años ’40 y ’50, The Deep Blue Sea es un poco de ambas cosas. Protagonizada por Rachel Weisz, la película se basa en una obra del conocido dramaturgo Terence Rattigan. Melodrama canónico sobre la doble frustración de una mujer que equivoca sus elecciones amorosas no una vez sino dos al mismo tiempo, que The Deep Blue Sea transcurra en tiempos de su infancia permite a Davies apropiarse a fondo de esta obra ajena. Hasta el punto de que si no se conociera su origen cualquiera juraría que no puede no tratarse de un guión propio.

A algunos podrá sonarles anticuado este dramón de dolor femenino, errores amorosos y pulsiones suicidas, y debe reconocerse que en un par de momentos los diálogos parecerían resonar como en un escenario. Pero un doble recurso de rotunda modernidad permite a Davies sobreponerse a todo lastre académico y teatral. Por un lado, el realizador produce tal efecto de abstracción –llenando la puesta en escena de sombras como de sueño, recortándola sobre decorados brumosos– que los (des)encuentros de la protagonista con ambos objetos de frustración dan la impresión de transcurrir como en medio de un mareo, propio tal vez del gas que la mujer intenta aspirar dos veces. La sensación se ve reforzada por el modo en que Davies fusiona distintas épocas –a veces de modo literal, haciéndolas coexistir en el mismo plano– y por la deliberada sustracción de datos de la trama. Lo cual tiende a difuminarla, en beneficio de un tratamiento rapsódico e impresionista. Aunque a diferencia de sus films más personales, no hay aquí un narrador en plena evocación de un pasado soñado; el modo en que Davies trata el material produce el efecto de que eso es lo que sucede.

En Cravan vs. Cravan, la historia de un poeta y boxeador español, misteriosamente desaparecido en México, permitía a Isaki Lacuesta abordar los resbaladizos límites entre lo verdadero y lo falso, las identidades cambiantes y la imposibilidad de atrapar los hechos “tal cual son”. En Los pasos dobles el realizador catalán agudiza todo ello mediante un juego aún más complejo de espejos, duplicaciones, desplazamientos y transferencias. Lo hace nuevamente a partir de un personaje real, el pintor francés François Augiéras, que vivió en Africa gran parte de su vida. Los pasos dobles conlleva no dos (como el título parecería indicar), sino tres relatos que se superponen, como palimpsestos. El primer relato reconstruye episodios de la vida de Augiéras. Pero un Augiéras transmutado en un nativo de Mali, que atraviesa una serie de peripecias aventureras y picarescas. El segundo es el de un pintor, discípulo de Augiéras, que pinta la vida de su maestro en su propio atelier africano (el mallorquí Miquel Barceló, que hace de sí mismo). Finalmente, siguiendo instrucciones legadas por Augiéras, un grupo de hombres encara una suerte de busca del tesoro, partiendo al encuentro de cierto mítico fresco rupestre que aquél habría enterrado, en medio de la arena del desierto.

De estructura e intenciones tan intrincadas y, en ocasiones, elusivas como Cravan y La leyenda del tiempo, Los pasos dobles se organiza en base a una serie de correspondencias internas, que a veces orientan y en otras ocasiones apuntan a lo contrario, como espejismos. Desde el propio título, que parecería aludir a cierta danza tradicional española y en realidad deviene de un consejo que Augiéras daba a los fugitivos, referidas a borrar y confundir las propias huellas en la arena. Eso es lo que la propia película parecería hacer, dando pasos dobles y hasta triples.

Más Cine en Construcción

El director del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, José Luis Rebordinos, anunció ayer durante la presentación de la sección Cine en Construcción, que se está preparando una nueva vía que permita la coproducción de largometrajes entre América latina y Europa. Ante un numeroso grupo de incipientes directores de largometrajes de ficción, reunidos en el donostiarra Kursaal, Rebordinos recordó la especial importancia que da el festival a esta sección, nacida como una iniciativa conjunta del Festival de San Sebastián y los Rencontres Cinémas d’Amérique Latine de Toulouse. El objetivo de estas ayudas, dijo, es facilitar la conclusión de películas de ficción latinoamericanas, seleccionadas escrupulosamente, que han podido comenzar a ser rodadas, pero abordan con dificultades la fase de posproducción. Ambos festivales –Toulouse, en marzo, y San Sebastián, en septiembre– se conjugan para permitir que estos trabajos, generalmente de directores noveles, puedan vencer el bloqueo en la etapa de la posproducción y consigan terminar sus proyectos.

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El director Terence Davies junto al actor Tom Hiddleston, en San Sebastián.
Imagen: AFP
 
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