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Jueves, 28 de junio de 2012

CINE › EMPIEZA LA 1ª SEMANA DE CINE DOCUMENTAL ARGENTINO

Un puñado de historias que los guionistas jamás imaginaron

Desde hoy hasta el próximo miércoles, el Espacio Incaa Km 0 Gaumont será escenario de este ciclo en el que se proyectarán siete trabajos audiovisuales con diversas temáticas, estéticas y puntos de vista, en carácter de preestrenos.

 Por Oscar Ranzani

Andrés Habegger, Hernán Belón, Eduardo Sánchez y Tomás Lipgot, cuatro documentalistas que presentarán sus films.
Imagen: Luciana Granovsky.

Nacida en 2006 como un espacio para la difusión de documentales, la Asociación de Directores y Productores de Cine Documental Independiente de Argentina (ADN) reúne a 45 profesionales que han realizado hasta el momento alrededor de 80 films. Teniendo en cuenta el auge que ha cobrado este género en los últimos años y, a su vez, los problemas que tiene para su distribución, ADN decidió realizar la 1ª Semana de Cine Documental Argentino, durante la cual se exhibirán siete trabajos audiovisuales con diversas temáticas, estéticas y puntos de vista, en carácter de preestrenos. La cita será en el Espacio Incaa Km 0 Gaumont (Rivadavia 1635) desde hoy hasta el próximo miércoles (ver recuadro). “Como nos encontramos en un momento en el que hay muy rica producción, muchos documentales con distintas miradas y perspectivas y temas muy heterogéneos que están preparándose para su estreno, nos pareció muy interesante organizar un ciclo que pudiera nuclear y poner en escena estas producciones que son casi inéditas”, comenta Andrés Habegger, quien presentará Cirquera. Hernán Belón –que en mayo estrenó la ficción El campo, con Leonardo Sbaraglia y Dolores Fonzi– agrega que ADN “intenta promover la realización de documental no para educar el gusto del espectador, sino sí para brindarle la posibilidad de conocer otro tipo de producto y hacer masivos los audiovisuales”.

Belón presentará Beirut-Buenos Aires-Beirut, que refleja la historia de Grace, una mujer de origen libanés de 46 años, cuya tía abuela le contó algo que desconocía: el bisabuelo de Grace, cuando su bisabuela falleció a los sesenta años, viajó nuevamente al Líbano y abandonó a la familia que había formado en la Argentina. “Me interesó mucho el mundo árabe, un mundo que yo no conocía para nada y empezamos a investigar”, relata Belón, quien ya había hecho un documental sobre temas familiares: Sofía cumple cien años. Luego de que el bisabuelo de Grace viajara al Líbano, se produjo la Guerra de los Seis Días, hubo cambios importantes en el Líbano en la década del ’60 y la familia que quedó en la Argentina nunca más supo nada de él. “Antes de morir, su tía abuela le dejó a Grace unas cartas escritas en árabe y ella las hizo traducir. Y apareció la posibilidad de que haya otra familia de ella en el Líbano que su bisabuelo formó después de irse, ya que murió a los 98 años. Y la búsqueda de esa familia nos permitió llegar a Beirut, luego al sur del Líbano, a un pueblo que se llama Cafarquela, en la frontera con Israel, un lugar muy caliente desde el punto de vista político, donde se cruzan el ejército libanés, con el israelí y Hezbolá, es decir, un lugar complicado para filmar”, comenta el director. Belón fue protagonista de “una aventura muy interesante”, según la define, y a partir del viaje elaboró este documental que reflexiona sobre la identidad familiar, los orígenes y la posibilidad de recuperar los vínculos.

El precio de la lealtad, de Eduardo Sánchez, retrata la vida de Luis Médici, un aviador cuya historia personal está marcada por la historia del país. “La idea de la película nació casi por casualidad. Estaba buscando información para otra película que estoy haciendo y encontré la historia de Médici, un suboficial de la Fuerza Aérea que fue instructor de vuelo de tipos muy grossos dentro de la Fuerza Aérea en sus inicios”, cuenta Sánchez. “Y en 1951 lo dejaron a cargo de la defensa de la Escuela de Aviación en el intento de golpe de Benjamín Menéndez a Juan Perón. El defendió la escuela siendo suboficial”, agrega el documentalista en relación con la intención golpista que finalmente fracasó. Y el 17 de octubre de 1953, el presidente Perón convocó a Médici a la Plaza de Mayo y allí lo condecoró, luego de un acto en el que exaltó los valores de Médici. “El día más feliz de su vida pasaría a ser el peor en adelante”, grafica Sánchez en relación con el destino del aviador: “En el ’55 lo buscaron, lo secuestraron, lo metieron preso, lo tuvieron dos años en Chamical, lo torturaron, y en el ’60 con el Plan Conintes volvió a caer preso y lo torturaron nuevamente”. A través de esta historia, el documental de Sánchez atraviesa la historia del país desde el ’40 hasta fines de los ’60 y principios de los ’70.

Jack Fuchs es un ciudadano polaco de 88 años que estuvo detenido y fue torturado en los campos de exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial, al igual que toda su familia, pero con la diferencia de que él logró sobrevivir. Tomás Lipgot decidió contar su historia en El árbol de la muralla. “Me presentaron a Jack, yo estaba un poco reticente porque era una temática sobretratada, pero todo eso cambió radicalmente cuando lo conocí y descubrí un personaje y un ser humano extraordinario”, cuenta Lipgot. “No sé si pudiera describirlo con palabras, la película intenta hacer un retrato humano que, obviamente, abarca toda la tragedia que él vivió”, agrega el documentalista. Y señala que le asombró la manera de vivir, o mejor dicho de enfrentar la vida que tiene Jack Fuchs: “El no pasó por un lugar donde le enseñaran a vivir, sino todo lo contrario. Sin embargo, parece que eso, en un punto, le sirvió de aprendizaje. Lo encuentro como una persona tierna, buena, hasta parece ingenuo”, comenta el director. La historia de Fuchs es realmente de película: con la marca de toda su familia exterminada en Auschwitz, Jack se salvó, en parte, porque fue a un “campo de trabajo”. Luego de terminada la guerra, Fuchs inició un recorrido por el mundo que incluyó Estados Unidos, Venezuela y finalmente la Argentina, ya que recordaba que en el país tenía una tía. Y se quedó en la tierra del tango para despertarse de su pesadilla.

Cirquera, el documental de Habegger, tiene como codirectora y, a la vez, como protagonista a Diana Rutkus. Esta mujer se propuso indagar en su historia familiar de tradición circense. “Ella viene de abuelos y bisabuelas cirqueros. Como toda historia familiar de circo, está muy ligada a los núcleos familiares que se iban transmitiendo de generación en generación”, explica Habegger. Sus antepasados eran de origen lituano y vinieron siendo cirqueros y así fueron continuando las distintas generaciones, incluyendo a los padres de Rutkus, quienes, cuando ella tenía cinco años, a finales de los ’60, decidieron abandonar el oficio. “Entonces, Diana creció con el recuerdo de infancia muy fuerte y básicamente con lo que sucedió posteriormente: los padres desarrollaron otras profesiones. El padre fue colectivero durante muchos años, la madre fue empleada en el Sindicato Argentino de Variedades. Renunciaron porque ellos nunca llegaron a tener un circo. Había familias más ricas que eran dueñas de los circos y ellos nunca tuvieron uno propio”, subraya el director de Imagen final. “Hace unos seis o siete años, ella se puso a investigar fuertemente y a recuperar su historia familiar. A partir de ahí, empezó a tomar vínculo con los tíos, primos, porque toda la familia estaba vinculada al circo, y a recopilar un montón de material fotográfico, afiches, objetos”, relata Habegger. Rutkus vivió más afuera del circo que adentro porque sus padres lo dejaron en su infancia. Sin embargo, en las comidas familiares y en todo tipo de situación cotidiana surgía la historia circense.

En el ciclo se preestrenarán otros tres documentales. Uno de ellos es Tierra de los padres, de Nicolás Prividera, que ya tiene su estreno asegurado: el jueves próximo en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín. Pensado como un ensayo cinematográfico, el director de M va confrontando textos de personajes históricos de la Argentina desde el siglo XIX hasta la última dictadura. La particularidad del documental de Prividera es que fue filmado en el cementerio de la Recoleta: en este recinto diversos escritores leen textos, de Sarmiento a Rodolfo Walsh, transformándolos en una suerte de “diálogo de muertos”, y contraponiendo, en muchas ocasiones, discursos opuestos, ya sean reales o metafóricos.

También podrá verse en el ciclo de ADN El rascacielos latino, dirigido por Sebastián Schindel, quien buscó comprobar la certeza del mito que relaciona al Palacio Barolo con la Divina Comedia, de Dante Alighieri. Para indagar en las marcas que puede haber de la obra cumbre del Dante, este documentalista comienza por investigar las vidas del arquitecto Mario Palanti y del empresario Luis Barolo. Al igual que el clásico literario, el documental se sumerge en los misterios de probables revelaciones. El séptimo documental del ciclo de ADN es Ensayo, fragmentos de Sarah Kane, de Marcos Pastor, que explora en el proyecto de la puesta en escena de Cleansed, de la autora inglesa Sarah Kane, en una sala recuperada que había sido un galpón de ferrocarriles. A su vez, el film da cuenta, a partir de este relato, del fenómeno cultural de la escena teatral porteña.

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