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Martes, 10 de julio de 2012

CINE › ENTREVISTA A ANDREW GARFIELD, PROTAGONISTA DE EL SORPRENDENTE HOMBRE ARAñA

“Desde chico quise ser Spider Man”

El actor británico pensó que había arruinado sus posibilidades
en la audición para el papel más importante de su carrera, pero finalmente fue el elegido. Y ahora está a punto de saltar a la fama.

 Por Jonathan Crocker *

“Odio las entrevistas a actores”, admite el actor Andrew Garfield, prometedoramente, apenas comienza la entrevista. “No tengo nada interesante que decir.” Toma un sorbo de gaseosa y sonríe. “¿A quién le importa otra entrevista en la que dice ‘El entra y es muy normal. Come y cruza sus piernas y...?’” ¿Ahora mismo? No le interesa nadie. Y eso es lo interesante. A pesar de que la entrevista es en el poblado bar del Soho Hotel de Londres, nadie mira a Garfield. A pesar de que está en primer plano en pantallas de cine en películas protagonizadas por Tom Cruise, Heath Ledger y Justin Timberlake, nadie reconoce ese rostro que aparece bajo un abigarrado hongo de cabello castaño.

Eso ya está en proceso de cambio. El actor británico de 28 años protagoniza el papel más grande de su carrera desde que cautivó en el drama nominado al Oscar La red social (2010): ahora es la estrella lanzadora de telarañas en el “tanque” de superhéroes en 3D El sorprendente Hombre Araña, que costó 220 millones de dólares y que reinicia la saga. Mientras los actores británicos dominan las franquicias hollywoodenses de comics –junto con Batman (Christian Bale en The Dark Knight Rises) y Superman (Henry Cavill en la futura Superman: Man of Steel)–, el más talentoso actor joven británico está al borde del estrellato. Y se siente... “¡Afortunado!”, confirma Garfield, con una sonrisa amplia. “Me siento increíblemente afortunado. He hecho películas que no vio mucha gente. El Hombre Araña es como un sueño. Estaba muy nervioso en la audición porque sabía que era uno de mis sueños. Me sentía como si estuviera mendigando apenas entré. Me preocupaba ser demasiado viejo para el papel. Y pensé: ‘Esto es demasiado surrealista para ser real...’”.

La suerte sólo tuvo que ver en parte. Casi todos los actores jóvenes de Hollywood fueron mencionados para tomar el papel apenas Tobey Maguire se bajó: Daniel Radcliffe, Robert Pattinson, Michael Cera, Aaron Johnson y Jamie Bell. “Jamie y yo terminamos yendo a cenar juntos dos noches después de que ambos hicimos pruebas de cámara –recuerda Garfield–. Ambos nos sentíamos muy estúpidos. ¡Fue muy bueno y tranquilizador comparar nuestras vergüenzas!” Garfield pensó que había estropeado la audición. Pero no fue ni Bell ni Pattinson ni Radcliffe. Fue él. Y recuerda claramente el momento en que se enteró. “Marc (Webb, el director de la película) estaba con los productores y tenían champán –cuenta–. Era algo que siempre había querido. Sabía que estaba por enterarme de si en realidad lo quería o no. Si en verdad había algo así en la cima de la montaña. Siempre fue un sueño para mí –y para muchos otros chicos flaquitos– ser El Hombre Araña. Yo lo veía desde que tenía 3 años, así que fue simplemente una extensión de aquello.”

Fue a esa edad, aproximadamente, cuando Garfield y su familia se mudaron de Los Angeles a Surrey. Las primeras películas que él recuerda haber visto fueron Los Goonies y Bugsy Malone, pero el cine no era algo que se tomara seriamente. “Fui un adolescente muy confundido –recuerda–. No sabía quién era. Empecé a andar en skate a los 14 y pensé ‘Ya está, voy a ser profesional del skate’ Y entonces me quebré la muñeca y abandoné.” Skate, pintura, dibujo, música, actuación... Nada duraba. Salvo que, cuando se trató de la actuación, uno de los maestros de Garfield sencillamente no lo dejó abandonar. “Soy un afortunado por haber tenido a alguien que me despertara un poco y me dijera: ‘Vos podés hacer esto’.” Y resultó que podía. Graduado de la Central School of Speech and Drama en 2004, enseguida ganó un MEN Theatre Award por su actuación en Kes en el Royal Exchange Theatre de Manchester y como Revelación en los Evening Standard Theatre Awards.

Desde allí, la carrera de Garfield ha cobrado fuerza a un ritmo asombroso. Dos años después de su debut en pantalla en la serie adolescente de Channel 4 Sugar Rush, 2007 fue extraordinario para él: desde el luchador Daleks en la Doctor Who de la BBC a ganar el Bafta por el drama de asesinato de niños Boy A (en el que, proféticamente, al personaje de Garfield se lo ve simulando ser El Hombre Araña en un flashback de su infancia) hasta protagonizar el opus político Leones por corderos, con Tom Cruise. “Es como si todo hubiera pasado muy, muy rápido”, asiente. Por supuesto, como cualquier actor, Garfield ha recibido su parte de reveses. ¿Ejemplo favorito? El momento en que lo rechazaron para el papel del Príncipe Caspian en la primera parte de la saga de Las crónicas de Narnia. “Dijeron que yo no era suficientemente buen mozo”, admite Garfield con una sonrisa avergonzada.

Si su seguridad en él mismo resultó magullada, no lo demostró. A continuación llegó una excepcional performance como un joven periodista que perseguía a un asesino serial en la trilogía televisiva Red Riding, antes de un papel en El imaginario mundo del Dr. Parnassus, de Terry Gilliam. Ambos lo convirtieron en uno de los últimos actores en trabajar con Heath Ledger antes de que el australiano falleciera trágicamente. Pero 2010 fue su año más sísmico hasta el presente: una performance emotiva en el drama de misterio Nunca me abandones, con Keira Knightley y Carey Mulligan, y luego otro momento fantástico en La red social, el drama nominado al Oscar de David Fincher, donde encarnó a Eduardo Saverin, el amigo-enemigo de Mark Zuckerber. Ese papel lo confirmó como el actor cinematográfico nuevo más fascinante de Gran Bretaña.

Pero cuanto más grande te volvés en Hollywood, más cerca estás del calor abrasador de los focos de la fama. El sorprendente Hombre Araña va a traerle estrellato y el brillo de la celebridad, algo que Garfield sólo había rozado hasta ahora. “He experimentado algo de eso en ciertos lugares donde de repente no podés ser parte del mundo –asegura–. Eso fue lo único que me hizo dudar. Tuve que tomar la decisión de si quería despedirme de mi vida. Me llevó un mes, pero sabía que la respuesta inmediatamente era que sí.” Zambullido a cuatro meses de entrenamiento para las escenas de peligro y las peleas, Garfield le dio su propia vuelta de tuerca a Peter Parker, el chico de secundaria que adquiere fuerza, agilidad y poderes sensoriales extraordinarios tras ser picado por una araña radiactiva. “Quería ponerme más fuerte y con más músculos, pero más tipo Bruce Lee que Jason Statham –dice–. Adoro la imagen de un chico flaquito cagando a patadas a los tipos grandotes. Esa siempre ha sido mi fantasía y la de todos los otros flacuchos. Así que representar eso para mí y para todos los que son como yo es fantástico.”

Puede que él haya vestido un traje pegado al cuerpo y haya peleado contra un reptil gigante –The Lizard, el villano de la película, interpretado por Rhys Ifans–, pero Garfield trata al Hombre Araña con tanta seriedad como a cualquiera de sus papeles realistas anteriores. “Lo encaramos desde un lugar muy orgánico y terrenal –explica–. La idea de que el ADN de esa araña se mete en tu torrente sanguíneo, ¿qué significa en términos físicos? Imaginaba que tenía más brazos, más ojos. ¿Qué pasa si este brazo se mueve? ¿Qué tan diferente voy a bailar? Jugamos con lo súper despiertas que son las arañas: cuando están esperando en la tela, la más leve vibración es espeluznante. La más leve brisa es como una tormenta. Entonces, que eso le pase a este chico es atemorizador.”

Uno puede sentir la empatía en este punto. Como Peter Parker, Garfield está cambiando, transformándose, siendo formado por fuerzas superiores a él mismo. Va a cumplir 29 años el 20 de agosto y, con sus años de adolescencia ya una década atrás, se está asentando en la adultez. “Me gusta la idea de que Peter Parker sea caótico, porque está tratando de descubrir quién es –explica Garfield–. Pero cuando es picado, encuentra la calma, porque la araña es el más paciente de los animales. Cuando me puse por primera vez el traje era demasiado surrealista. No tenía sentido. Todavía no tiene sentido. Y eso es algo que tiene el Hombre Araña: no creo que Peter Parker alguna vez se siente Hombre Araña. Pienso que el Hombre Araña es más grande que cualquier persona, eso es lo fantástico que tiene. No es mío, no es de Tobey, es de todos.”

Si Garfield no se siente como una estrella de cine, está bien. Se siente listo. Y eso es suficiente. “Puedo sentir que algo está sucediendo –dice–. No sé qué va a pasar, pero siento que es algo positivo, sea lo que sea. Me he dado cuenta de que en la cima de la montaña hay otra montaña...”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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“El Hombre Araña no es mío, no es de Tobey, es de todos”, afirma Andrew Garfield.
 
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