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Sábado, 25 de agosto de 2012

CINE › JOSé LUIS TORRES LEIVA PRESENTA VERANO EN LA FUNDACIóN PROA

“Busqué historias muy simples”

La película más reciente del realizador chileno, estrenada en la Mostra de Venecia y exhibida en el Bafici, se verá hoy en el marco de un ciclo programado por Martín Rejtman. “No diferencio entre documental y ficción en mis trabajos”, afirma.

 Por Ezequiel Boetti

No hay estadísticas ni mucho menos datos oficiales, pero no sería de extrañar que cada cineasta conciba su oficio de una forma distinta, generando así tantas definiciones como directores existan. Sin embargo, las similitudes quizás permitan una categorización generalizadora. Con las pequeñas diferencias de cada caso, claro. Así, seguramente algunos harán sus trabajos con fines puramente comerciales y apuntarán todos los cañones a la satisfacción del espectador. Otros, en cambio, elaborarán un conjunto de películas enlazadas por una serie de rasgos temáticos o formales en común, posicionándose como autores. Pero habrá un tercer grupo, el más minoritario, que hará films iguales a ellos mismos. Tal es el caso de José Luis Torres Leiva. Humanista, cálido, sencillo y con cierta pátina nostálgica por un pasado tan próximo como irrepetible, así es este cineasta chileno y así es, claro, su segunda incursión en la ficción, Verano, que se verá hoy a las 16 y 18 como parte del ciclo que Martín Rejtman programa en el auditorio de la Fundación Proa (Pedro de Mendoza 1929, La Boca).

Estrenada hace casi un año en el Festival de Venecia y vista aquí en el último Bafici, en el que Torres Leiva además participó como jurado de la Competencia Argentina (ver recuadro), Verano transcurre en las apacibles termas de Cauquenes, espacio geográfico con una enorme significación para el cineasta. “Es un lugar que visité con mis abuelos cuando era chico. Cuando volví de adulto, estaba todo igual y me activó muchísimos recuerdos de mi infancia que tenía borrados. Desde entonces siempre quise hacer algo ahí con las evocaciones que me generaba, todas muy ligadas al verano y a cosas muy simples. Ahí empezó a surgir la historia”, recuerda el director de El tiempo que se queda, ganadora del Premio a la Mejor Película Cine del Futuro del festival porteño de 2007. Así imaginó a un grupo de personajes que llegan hasta el balneario en silencio, como si buscaran escabullirse de la hostilidad cotidiana, para fusionarse en la rutina de los lugareños. El único punto en común entre todos es la introspección por la coyuntura emocional que atraviesan. Allí están, entre otros, una pareja que debate su futuro, una mujer soltera y embarazada, un turista cuya única preocupación parece ser la alimentación de una perra o una joven empleada haciendo sus primeras armas en la vida laboral.

“Además tenía la idea de hacer una película que estuviera como en la superficie y que a partir de ahí aparezca la profundidad sin necesidad de subrayar o forzar nada. Buscaba que fueran historias muy cotidianas y simples, como una secuencia de vistas de pequeñas situaciones de varios personajes en un mismo lugar”, recuerda el también programador del Festival de Valdivia. Con esa idea en mente convocó a un grupo de actores amigos y a Rosario Bléfari, doce años después de la Silvia Prieto de Martín Rejtman (“Conocía su trabajo como cantante, así que de repente surgió su figura para la película”), y empezó a armar el film. Si a lo anterior se le suma el hecho de que el formato elegido para el rodaje fue el hogareño Hi-8, se entiende por qué Rejtman definió al film como “una ficción construida a partir de recuerdos con una mirada documental”. “Creo que la película es el registro de unos personajes que de alguna manera están muy cercanos a mí, y creo que el formato permitía la mirada documental”, observa el trasandino.

–¿Y por qué decidió aplicar esa “mirada documental” a una historia ficcional?

–Mi película anterior, El cielo, la tierra y la lluvia, era más estructurada con respecto al guión y los planos. Acá quería probar otras cosas que me permitieran tener más proximidad con los actores, tenía ganas de ver cómo funcionaba.

–Además usted hizo varios documentales. ¿Eso influyó en su decisión?

–El tema es que por lo general no diferencio entre documental y ficción en los trabajos que suelo hacer. No por esta suerte de moda actual que hay respecto a ese tema, sino porque siento que uno me hace cambiar la visión sobre el otro y se complementan. La manera de trabajar siempre fue la misma en los dos géneros.

–Como en El cielo, la tierra y la lluvia, la naturaleza y las estaciones ocupan un espacio importante en Verano, casi como un personaje más. ¿Qué le interesa de esos aspectos?

–Generalmente las películas surgen del espacio y el lugar físico en el que se mueven los protagonistas y el resto de las personas. En El cielo, la tierra y la lluvia me interesaba mucho la cuestión sureña y las cosas que se pierden, acá quería focalizar en la cuestión de las termas y las evocaciones.

–A lo largo de toda la película usted usa distintos formatos de videos, incluso fotografías. ¿Por qué decidió hacerlo de esa forma?

–La película surge de esos recuerdos que comentaba, entonces la cuestión era cómo llevar ese tiempo a imágenes. Ahí empezamos a buscar un formato adecuado y llegamos a las cámaras de fotos básicas y a otras que eran muy amateur como las de Hi-8. Esos formatos eran los más cercanos a lo que puede ser un recuerdo personal de algo que puede surgir como un instante quizás no muy claro, pero sí relacionado con el ambiente y la atmósfera.

–El jurado que premió a El cielo, la tierra y la lluvia en Rotterdam la catalogó como una película “que examina a personas que añoran el cariño pero son incapaces de expresar las emociones de una manera directa”. Daría la sensación de que esa definición también cuadra con Verano. ¿Coincide?

–Sí, totalmente. Para mí era importante que la mayoría de los personajes estén en un momento de tomar decisiones, que podían ser a gran escala o no, y la idea de que uno siempre tiene una persona que nunca vio en su vida y sabe que no la volverá a ver, pero que en un determinado momento sirve para descargar lo que está viviendo en ese momento. Cosas que a lo mejor no tendría el valor de decir con una pareja.

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Imagen: Dafne Gentinetta
 
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