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Viernes, 24 de enero de 2014

CINE › KEIRA KNIGHTLEY COPROTAGONIZA CODIGO DE SOMBRAS: JACK RYAN

“Tenía ganas de volver a hacer entretenimiento puro”

Después de la última película de la saga de Piratas del Caribe, la actriz había rehuido de la “carga” de la fama y de los paparazzi con papeles en los que asumió riesgos. Sin embargo, aceptó participar del reboot del personaje de Tom Clancy.

 Por James Mottram *

Desde que interpretó a Elizabeth Swann, su personaje en la saga de Piratas del Caribe que la propulsó a una fama global, han seguido unos años curiosos para Keira Knightley. Ha sido un tiempo de asumir riesgos, podría decirse, desde arreglar cuentas con Steve Carell en la tenue comedia Buscando un amigo para el fin del mundo hasta interpretar a la paciente histérica Sabina Spielrein en el drama junguiano-freudiano Un método peligroso, de David Cronenberg. Lo que no hubo, de modo muy deliberado, fue un film con la escala de su último trabajo como Swann, Piratas del Caribe: en el fin del mundo (2007). “Esos enormes tanques vienen con mucha... carga”, dice Knightley cautelosamente. Su cabello está atado en una cola, revelando cachetes que explican por qué Chanel le pagó para que fuera la cara de su perfume Coco. Y explica un poco más: “Hacer montones de entrevistas como ésta alrededor del mundo... En realidad firmás para mucho de eso”.

La promoción incesante es una cosa, pero en los cuatro años entre Piratas del Caribe: la maldición del Perla Negra y su último rol como Swann, Knightley se convirtió en una fijación para los paparazzi. “Sí hizo que ciertas cosas resultaran muy difíciles”, dice. Durante ese período, ella salía con el actor Rupert Friend, lo que la forzó a ser casi tan reclusa como la actriz a la que interpretó en London Boulevard. “Cuando tenés a veinte tipos fuera de tu casa y te gritan ‘puta’ todos los días, no querés salir a la calle”, asegura. Aunque es hija de la dramaturga escocesa Sharman Macdonald y el actor inglés Will Knightley, es difícil que cualquier cosa que le dijeran sus padres pudiera haberla preparado, y mucho menos cuando pilas de notas se dedicaron a hablar de si ella era o no anoréxica. “Fue muy, muy duro. No creo haber lidiado con eso muy bien”, reconoce. No extraña, entonces, que la actriz nacida en Teddington se sintiera más cómoda lejos de los tanques de Hollywood y la intensidad que pueden traer aparejada. “Los evité activamente”, concuerda. “Pero a fines del año pasado me dije ‘Voy a hacer algo diferente este año’.”

Aun así, la actriz debe sentir algo de agitación al encarar su primer protagónico hollywoodense en más de seis temporadas. La película es Código de sombras: Jack Ryan, un reboot del personaje del analista de la CIA hecho famoso por una serie de novelas de Tom Clancy. Antes lo interpretaron Alec Baldwin, Harrison Ford y Ben Affleck, ahora es el turno de Chris Pine (Star Trek) de interpretar al personaje en una historia –que no fue tomada de una novela de Clancy– que muestra cómo se inició en el trabajo de campo. Como solitaria voz femenina en un elenco repleto de testosterona, Knightley interpreta a la novia de Jack, Cathy, una exitosa médica antes interpretada por Gates McFadden (en La caza al Octubre Rojo), Anne Archer (Juegos de patriotas y Peligro inminente) y Bridget Moynahan (La suma de todos los miedos). Entonces, ¿por qué aceptar un blockbuster ahora? “Taquilla”, bromea, aunque dado cómo Hollywood ama calcular el valor de los actores de acuerdo con los dólares que levanta, probablemente haya algo de verdad en la respuesta. Pero la actriz se recompone: “No, es simplemente hacer cosas diferentes, en realidad”. Cita a Anna Karenina (2012), su tercer film con Joe Wright, en el que interpretó a la heroína suicida de Tolstoi. “Quería hacer algo que fuera más liviano.” Jack Ryan es “pochoclo”, dice, “una pieza de puro entretenimiento”. “Pensé: ‘Hace por lo menos seis o siete años que no hago algo que sea entretenimiento puro’.”

Después de ver a un oculista y a un fisioterapia para prepararse para el papel, aunque no se la verá interpretando la clase de acción a los tiros con la que se las arregló en el thriller de cazarrecompenzas Domino de Tony Scott, la Cathy de Knightley no es simplemente para endulzar la vista. “Definitivamente, ella es la MacGuffin”, dice en referencia al clásico implemento hitchcockiano que ayuda a conducir la trama. “No el único MacGuffin, pero sí uno de ellos. ¿Es un personaje fuerte? Sí. ¿Es una doncella en apuros? Sí.”

Sin embargo, hay otra razón por la que aceptó estar en Código.... El director es Kenneth Branagh, quien previamente demostró ser más que capaz de hacerse cargo de un blockbuster cuando estrenó Thor en 2011. “Siempre pensé que Keira es una tremenda actriz”, dice Branagh. “La mayoría de la gente no lo vería como un problema, pero el desafío para ella es que es extremadamente hermosa. Creo que alguna gente no puede ver más allá de eso, pero siempre sentí que ella tiene una cualidad muy inteligente y aguda en su trabajo.” Knightley era muy fan del trabajo de Branagh, a quien describe como una “influencia enorme”, en particular de su adaptación de Shakespeare Mucho ruido y pocas nueces, de 1993. De sólo 8 años en aquel momento, ella asegura que fue uno de los films que la inspiraron a volcarse a la actuación. Lo miró tan a menudo que su batallada copia en VHS terminó por romper la videocasetera. “Sabía todo de memoria, basada en la película. Me gustaría recordarla hoy, porque entonces posiblemente pudiera hacerla en teatro.”

La actriz conoció brevemente a Branagh tres años más tarde. Knightley había empezado a actuar, principalmente en pequeños roles televisivos, aunque en 1995 fue parte del thriller Mentiras inocentes. Entonces hizo una audición para la versión épica de Hamlet de Branagh. Aunque ella sintió que no iba a obtener el papel, Branagh le mostró sus maquetas de sets para el film. “Recuerdo haber apreciado el hecho de que él se haya tomado ese tiempo para sentarse con una chica de 11 años, charlar con ella y hacerla sentir un ser humano.” No hay necesidad de aclarar que era la primera en la cola cuando se estrenó la película. “Mi mejor amiga y yo, que teníamos unos 12 años, nos sentamos durante las cuatro horas que dura, amando cada segundo.”

Knightley todavía no ha hecho Shakespeare en la pantalla, aunque ha tenido más que suficientes piezas de colección en su carrera, desde Doctor Zhivago hasta La duquesa, vía un rol nominado al Oscar como Elizabeth Bennet, la adaptación de Wright de Orgullo y prejuicio. “Cuando era más joven sentía que realmente estaba haciendo algo erróneo al hacer films de época”, dice. “Ahora sé dónde puedo dejar de pedir perdón por eso y decir ‘Los amo, siempre los amé y amo hacerlos’. Es algo que tiene que ver conmigo y con el modo en que funcionan mi imaginación y mi mundo de fantasía: adoro poder sumergirme en eso. Tu propio mundo, tu propia vida, tu propia personalidad está completamente perdida porque todo lo que conocés fue incautado y podés zambullirte en una total y completa fantasía. Y adoro eso.”

Knightley acaba de completar The Imitation Game, con Benedict Cumberbatch, que lidia con Alan Turing, el descifrador del código Enigma durante la Segunda Guerra Mundial (interpreta a su ex novia Joan Clarke). Pero, en verdad, han sido sus roles contemporáneos en los que Knightley realmente brilló. Por ejemplo, en su chica loca por el fútbol de Bend it like Beckham, el film de 2002 que capturó la atención de todo el mundo, incluido Jerry Bruckheimer, quien la reclutó para Piratas.... El mismo año, fue la madre adicta a la heroína en Pure, que todavía es uno de los mejores papeles que haya interpretado.

Este año, será vista en la independiente norteamericana contemporánea Laggies y también Can a Song Save Your Life?, el nuevo film de John Carney, quien hizo el musical irlandés Once. En esa película, que Knightley describe como “muy esperanzadora” y “sobre la amistad y hacer un disco”, interpreta a una cantante y compositora neoyorquina llamada Greta. Estrenada en el Festival de Toronto el año pasado, tuvo críticas regulares, aunque la mayoría les pegó más a las canciones que al modo de cantar de la actriz (“canta agradablemente para ser amateur”, dijo un crítico).

Aunque no fue la primera vez que cantó en pantalla (había interpretado el tema de apertura en The Edge of Love, la biopic de Dylan Thomas escrita por su madre), indudablemente la inspiró su nuevo esposo, el músico James Righton, de The Klaxons. La pareja, que se casó en Francia en mayo pasado, vive en Canonbury, y recientemente Knightley declaró que fue Righton quien la ayudó a creer en la idea del matrimonio. “En realidad, eso es muy liberador y agradable”, dijo en referencia a la consistencia que genera la felicidad de casarse.

A punto de cumplir 30 en marzo, Knightley parece más cómoda que nunca. “Creo que cuando era mucho más joven, mucho tenía que ver con demostrar que era mejor que lo que pensaba de mí todo el mundo y que tenía derecho a estar allí. Cuando crecí, me di cuenta de que no puedo hacer nada acerca de lo que los demás opinan de mí”, afirma. “Si algo ha resultado positivo durante el último par de años, es ser capaz de decir ‘Sólo me queda dar lo mejor y no puedo controlar lo que piensa la gente’.”

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Keira Knightley admite no haber lidiado muy bien con los comentarios sobre su supuesta anorexia.
 
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