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Domingo, 16 de febrero de 2014

CINE › ENTREVISTA A MIKE MENDEZ, DIRECTOR DE BIG ASS SPIDER

Terror encarnado en un bicho cotidiano

Una especie de viuda negra extraterrestre, que estaba en poder de laboratorios militares norteamericanos, es la protagonista del film. “Hay muchos aspectos fascinantes en las arañas, pero son unas malditas bastardas”, asegura el cineasta.

 Por Javier Aguirre

No es nuevo que el cine exija buen metraje y alto tonelaje a la hora de que una bestia de terror resulte, nomás, bestial y terrorífica. El tamaño sí importa, como decía aquel eslogan de la versión 1998 de Godzilla. Por eso, en los últimos años, los monstruos gigantes han honrado la mensurable tradición godzillera y kingkonguera, y la pantalla ha presentado colosos de carne y hueso capaces de romper toda escala, con los descomunales híbridos Kaijus de Pacific Rim arriba de todo. Sin embargo, y a pesar de que su guión necesite explicar que se trata de una criatura extraterrestre –que estaba, cuándo no, en manos de laboratorios militares estadounidenses–, el gran atractivo de Big Ass Spider es que tiene como temible vedette a un bicho de ocho patas, casi cotidiano, muy parecido a los que se esconden en patios y desvanes, bajo papeles y baldosas sueltas, en casi cualquier ecosistema rural y urbano. Sólo que es muy grande, tan grande como para humillar a cualquier tarántula. La madre de todos los arácnidos, una araña imposiblemente gigante que, en inevitable cita a King Kong, trepará un rascacielos desde donde resistirá los embates –pequeños– de helicópteros militares que caerán como moscas. ¿Será acaso que una criatura fantástica asusta aun más si es que, además de monstruosa, resulta familiar? Página/12 entrevistó a Mike Mendez, director de Big Ass Spider, una película que, al esperable clima de humo y gritos propio del maridaje monstruo + desastre, suma cierto humor tenue y sensación apocalíptica, más heredera de las películas de zombies que de las de megacriaturas sanguinarias que engalanan el cine clase B.

–¿Por qué eligió, para el rol protagónico, una araña culona como la describe en el título y no las típicas tarántulas peludas habitués del género terror?

–La variedad de araña que elegí fue una especie de viuda negra y tuvo que ver con cuestiones estéticas. Todas las arañas son seres fascinantes. Siempre tuve la impresión de que son extraterrestres, son muy diferentes a otras criaturas. Muy asquerosas, mortíferas. Tienen toda clase de armas: sus colmillos, sus patas, su veneno. Y tienen armaduras, como un tanque. No son adorables criaturas para nada, sólo tienen un propósito real: matar. Creo que todo eso las hace ideales para una película de monstruos.

–A la hora de decidir cómo actuaría la araña, ¿se basaron en datos científicos de algún tipo, analizaron sus conductas?

–No fue algo demasiado intenso, aunque sí, por supuesto, nos detuvimos en muchos detalles: por ejemplo, las diferentes maneras en las que las arañas observan a sus presas. Cómo se mueven, cómo funcionan las telarañas. Hay muchos aspectos fascinantes en las arañas; sus rituales de apareamiento, su proceso reproductivo. Usan sus redes como pequeños paracaídas para tirar sus huevos y diseminarlos. También se comen sus crías... son unas malditas bastardas.

–¿La idea de secretos biológicos militares sigue asustando o es un rezago de la Guerra Fría?

–No creo que existan ese tipo de monstruos gigantes, la verdad, pero sí deben esconder peligros a nivel microscópico: cosas para la guerra química, biológica; parásitos, virus... Ese tipo de monstruos sí existe y es más terrorífico que mis pobres arañas gigantes.

–¿Conoce la obra de la artista plástica Louise Bourgeois? ¿En particular, su arácnida escultura Mamam?

–No estaba familiarizado con su trabajo, acabo de buscar un poco. Es una escultura hermosa, me encantó. Las arañas son criaturas muy oscuras y macabras, puedo intuir por qué le interesaron a Bourgeois.

–En los trailers de Big Ass Spider usted amenaza de muerte a quien descargue la película en forma gratuita. ¿Le está funcionando el método?

–No maté a nadie aún... Lo que pasa es que es una película independiente, financiada en forma independiente y lanzada en forma independiente. Hace una diferencia, una gran diferencia. Es dinero que la persona que la piratea, literalmente, le está sacando del bolsillo a otra persona. No corresponde. La gente cree que no está haciendo ningún daño, pero no es así. Están realmente afectando la posibilidad de que haya más películas, especialmente, las de tipos pequeños como nosotros.

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En inevitable cita a King Kong, la araña alien trepa un rascacielos y voltea helicópteros militares.
 
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