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Jueves, 24 de julio de 2014

CINE › LORE, ESCRITA Y DIRIGIDA POR LA AUSTRALIANA CATE SHORTLAND

Otra mirada sobre el final de la guerra

La extraordinaria actuación de la debutante Saskia Rosendahl le da especial peso al film de Shortland, retrato de la familia de un oficial SS en plena debacle de las fuerzas alemanas, en un país ocupado que ya no parece pertenecerles.

 Por Diego Brodersen

Fue un extranjero el encargado de llevar a buen puerto una de las primeras películas (tal vez la más dura y pertinente en la historia del cine) acerca del estado de las cosas en la Alemania de la segunda posguerra, un país vencido, humillado, transformado en la contracara exacta de esa utopía vendida por el nacionalsocialismo a la población germana durante sus años de poder. Hay más de un punto de contacto temático entre ese film, Alemania año cero, del italiano Roberto Rossellini, y Lore, segundo largometraje de la australiana Cate Shortland, aunque el contexto de realización de aquella obra maestra, en la cual las calles destruidas de Berlín se ven aterradoramente auténticas, contrastan con el notable diseño de producción de época de esta producción contemporánea. Mientras una observaba con ojos precisos el presente para imaginar un posible futuro, la otra vuelve hacia el pasado para tratar de encontrar respuestas a preguntas del presente. Lo cierto es que, en ambos casos, se trata de historias de sobrevivientes, de jóvenes y niños subsistiendo frente a las circunstancias más adversas.

La primera escena del film de Shortland presenta a Hannelore Dressler (Lore para la familia) tomando un relajado baño, en la única escena relajada de todo el film. La familia Dressler no es una familia alemana tipo: Mutti y Vati –así, familiarmente, se los llamará a lo largo de la película– forman parte de la elite de las SS, particularmente él, un militar de altísimo rango. Son los últimos días de la guerra y el padre ha regresado a casa, aunque no para reencontrarse con el resto del clan, sino para abandonar juntos el hogar antes de que lleguen las fuerzas aliadas. No pasarán mucho tiempo en familia: Lore y sus cuatro hermanos y hermanas –el menor de ellos una beba de meses– quedarán a merced de su propia fuerza de voluntad, intentando llegar a la casa de su abuela en Hamburgo a través de un territorio ocupado por las fuerzas vencedoras. Un país que sigue llamándose Alemania pero que ya no parece pertenecerles, suerte de inversión de pesadilla del heimatfilme, ese género cinematográfico que volvería en los años ’50 a una visión idealizada del terruño germano.

Partiendo de una de las historias del libro The Dark Room, de la novelista británica Rachel Sei-ffert, Shortland y su coguionista Robin Mukherjee plantean el relato como una fábula de supervivencia, un derrotero de aprendizaje y maduración, particularmente para la adolescente Lore, quien días antes del suicidio de Hitler sigue creyendo en la inminencia de la “victoria final” y las cualidades de superhombre del Führer. También del texto original toman al personaje de Thomas, un joven judío que, aparentemente, acaba de ser liberado de un campo de concentración y que se sumará a la partida a pesar de la reticencia de Lore, nacida y criada bajo la sombra de un antisemitismo visceral.

Shortland hace avanzar con mano firme la historia y encuentra en ciertos pasajes particularmente duros algunos de los momentos más potentes del film, cuando una simple imagen es suficiente para evocar en el espectador los mil y un corolarios del horror. En otros, las intenciones simbólicas le juegan en contra, no ayudadas por esos ralentis con aires poéticos que parecen robados de algún largometraje de Terrence Malick. Es como si la realizadora tuviera miedo de no ser lo suficientemente enfática, echando mano a recursos visuales excesivamente discursivos (la naturaleza sigue adelante aun en medio de la debacle) o a la música algo rimbombante del experimentado Max Richter, que en algunos momentos acompaña y en otros se impone dictatorialmente sobre las imágenes, trocando sutileza por brocha gorda.

De todas formas, Lore no sería la misma película sin la potente presencia de la actriz debutante Saskia Rosendahl, encargada de darle cuerpo, voz y rostro a un papel extremadamente difícil, no tanto por los embates físicos de la travesía como por los complejos y sutiles cambios que el personaje va sufriendo hasta llegar al final del recorrido, a la casa de esa abuela que parece haberse detenido en el tiempo, ajena a los profundos cambios que ya han ocurrido y a los que se avecinan. Cerca del final, Lore dejará de ser rebaño y se transformará en rebelde: se trata de alguien que ha aprendido –de la manera más terrible– que otra sociedad y otras formas de relacionarse y pensar al otro son posibles.

7-LORE

(Australia/Alemania/Reino Unido, 2012)

Dirección: Cate Shortland.

Guión: Cate Shortland y Robin Mukherjee.

Fotografía: Adam Arkapaw.

Montaje: Veronika Jenet.

Música: Max Richter.

Duración: 109 minutos.

Intérpretes: Saskia Rosendahl, Kai Malina, Nele Trebs, Ursina Lardi, Hans-Jochen Wagner, Mika Seidel.

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El film se plantea como una fábula de supervivencia, un derrotero de aprendizaje y maduración.
 
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