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Viernes, 21 de noviembre de 2014

CINE › MIKE NICHOLS (1931-2014) FUE UN RECONOCIDO DIRECTOR TEATRAL Y CINEMATOGRAFICO

Adiós a un talento del show business

Premiado con el Emmy, el Grammy, el Oscar y el Tony, el director de películas clave del Hollywood de los ’60, como El graduado, también fue una figura mayor de Broadway.

 Por Luciano Monteagudo

Se diría que Mike Nichols –fallecido ayer, a los 83 años, en su casa de Nueva York, de un paro cardíaco– fue un hombre de suerte. Nacido en Berlín como Mijail Igor Peschkowsky el 6 de noviembre de 1931, tenía apenas siete años cuando sus padres lograron escapar a tiempo de la Alemania nazi y se radicaron en los Estados Unidos. Y allí no le pudo ir mejor: durante más de medio siglo, fue una reconocidísima figura del teatro, la televisión y el cine de su país de adopción, celebrado tanto en Broadway como en Hollywood. Perteneció a la rara aristocracia del show business estadounidense denominada EGOT, por el acrónimo de los premios recibidos en todas sus disciplinas: Emmy, Grammy, Oscar y Tony. En ese sentido, no hubo muchos (Liza Minelli, Barbra Streisand, el compositor Richard Rodgers son otros) como el director de El graduado, la película que en 1967 le valió la estatuilla dorada al mejor director y que fue un éxito de público y crítica en todo el mundo.

A comienzos de los años ’50, en Chicago, el joven Nichols decidió dedicarse al teatro. Allí conoció a quien sería su comedy partner durante esos años, Elaine May. No tardaron en saltar a Broadway, donde tuvieron su propio show, que derivó para Nichols en su primer y único Grammy, el premio de la industria discográfica, por el mejor comedy album de 1962. Al año siguiente le ofrecieron dirigir Descalzos en el parque, de Neil Simon, ganó el primero de sus nueve Tony Awards como director teatral (nadie tuvo más que él en ese rubro) y ya nunca quiso volver a actuar. Descubrió que su lugar era abajo y no arriba del escenario y hacia 1966, después de una seguidilla de éxitos en Broadway, la revista Time –por entonces toda una tribuna de doctrina– lo consideró “el director más requerido del teatro estadounidense”.

Tanto que Hollywood no tardó en cooptarlo para el cine, a pesar de su inexperiencia en ese campo. Lo primero que le dio a dirigir la Warner Bros. fue, claro, una obra de teatro: ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, de Edward Albee, con Elizabeth Taylor y Richard Burton, nada menos. La película le valió a Liz el Oscar a la mejor actriz, fue un tremendo éxito de crítica y público y comenzó a socavar la autocensura de Hollywood al tratar no sólo de manera adulta un tema adulto (la crisis de una pareja), sino también al incluir un lenguaje que en esa época se consideraba demasiado explícito, si no obsceno.

A ese triunfo en Hollywood le siguió uno aún mayor, El graduado, con Dustin Hoffman, Anne Bancroft y Katherine Ross, una película que por su espíritu inconformista marcó toda una época y que, vista hoy, se mantiene sorprendentemente fresca y lozana. Tuvo siete candidaturas al Oscar, entre ellas uno para Nichols, que ganó como el mejor director de la temporada 1967. Mientras seguía sumando Tonys en Broadway, preparó Trampa 22 (1970), basada en la novela de Joseph Heller, sobre un piloto que durante la Segunda Guerra Mundial quiere ser declarado mentalmente insano para abandonar el servicio. El resultado fue dispar pero tan delirante como la novela, al menos en términos de Hollywood, que puso a disposición de esta farsa antimilitarista –en plena guerra de Vietnam– un elenco impresionante, que incluía entre muchos otros a Alan Arkin y Orson Welles, mientras Nichols se divertía con unos complejísimos planos secuencia que incluían todo tipo de acciones y movimientos dentro del cuadro. Al año siguiente, con Conocimiento carnal (1971), protagonizada por Jack Nicholson, Ann-Margret, Candice Bergen y Art Garfunkel, Nichols se ocupó de revisar la sexualidad de su época, en un momento en el que Hollywood también trataba de adaptarse a los cambios que se daban en la sociedad.

Ninguna de sus catorce películas posteriores fueron tan influyentes como estas tres primeras, pero Nichols siempre trabajó con estrellas y nunca dejó de hacer éxitos. Particularmente con Jack Nicholson y Meryl Streep, a quienes reunió en El difícil arte de amar (1986), además de contar por separado con él (The Fortune, Lobo) y con ella (Silkwood, Recuerdos de Hollywood). Protagonizada por Melanie Griffith, Secretaria ejecutiva (1990) fue un batacazo. Y la última película de Nichols, Juego de poder (2007), una sátira política con Tom Hanks y Julia Roberts como dos recalcitrantes y corruptos congresistas republicanos, estuvo entre lo mejor de su obra cinematográfica.

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Nichols ganó nueve premios Tony como mejor director teatral.
 
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