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Sábado, 31 de enero de 2015

CINE › EL BRITANICO STEPHEN DALDRY PREPARA TODO TIPO DE PROYECTOS

Un director que no le hace asco a nada

A punto de estrenar su nueva película, Trash, el realizador de Billy Elliott prepara su primera gran serie televisiva, tiene tres proyectos teatrales en marcha y está involucrado en el lanzamiento de un gran escenario flotante en Nueva York.

 Por James Mottram

“No –declara Stephen Dal-dry–. No hay vacaciones para mí.” El hombre de pelo platinado debe ser el director británico más ocupado del presente. Está volcado a la preproducción de su primera serie televisiva major, The Crown (“La corona”), tiene tres producciones teatrales en marcha y está involucrado en Pier 55, un parque flotante y escenario para performances en vivo valuado en 100 millones de dólares que busca revitalizar el Lower West Side de Manhattan en Nueva York. Todo esto, y además una posible adaptación cinematográfica del musical Wicked. No hay dudas de que es imposible que tenga planes de escaparse o tomarse una pausa en el futuro inmediato.

Antes de todo eso, el realizador de 53 años tiene que lidiar con el estreno de su nueva película, Trash. El quinto título de su carrera se sitúa bien lejos de películas como Las horas o El lector, las adaptaciones literarias que decidió hacer luego de su sensacional debut en 2000 con Billy Elliott. “No está en esa tradición, para nada”, reconoce. “Esto no tiene nada que ver con eso de ‘oh, mi Dios, estoy deprimido porque soy un guardia nazi’, o ‘soy lesbiana, quiero suicidarme’.” En lugar de eso, está de regreso en el territorio afín a los jóvenes de las danzas de Billy Elliott, aunque esta vez cambia el escenario algo sombrío del norte de Gran Bretaña y el trasfondo de la huelga de mineros de 1984 por el colorido panorama de Río de Janeiro y la corrupción social y política. “Es una película para jóvenes”, dice Daldry. “Espero que sea un film al que se puede llevar a los hijos también. Al menos intenté que fuera eso, que tuviera todas las esperanzas y los sueños y bravura y conciencia de un film sobre los jóvenes y, espero, para los jóvenes.”

Adaptada de una novela escrita por Andy Mulligan, Trash sigue a tres chicos de la calle que se ven envueltos en un escándalo político luego de encontrar en la basura una billetera con material incriminatorio. La película está coproducida por O2, la compañía brasileña del director Fernando Meirelles, director de la seminal Ciudad de Dios, filmada en las favelas. Aunque ya fue señalada por algunos críticos como “la ¿Quién quiere ser millonario? de Sudamérica”, Trash tiene una sensación más de bienestar, lo cual no extraña si se tiene en cuenta que fue guionada por Richard Curtis, de Notting Hill.

Daldry pasó 18 meses en Río, inmerso en la cultura brasileña. “Estuve allí tanto tiempo... cuando el Papa estuvo allí, cuando se jugó la Copa del Mundo”, dice. Incluso terminó involucrándose como productor ejecutivo en un documental, Streetkids United II - The Girls from Rio: una película que documenta la segunda edición de la Streetchild World Cup, jugada a la sombra del gran espectáculo de la FIFA, entre equipos de chicos que viven en las calles de algunos de los países más pobres del mundo.

El elemento más fuerte de Trash pasa por las performances del trío de jóvenes brasileños, Rickson Tevis, Eduardo Luis y Gabriel Weinstein. Aunque Daldry siempre tuvo una habilidad especial para trabajar con los actores, esto fue algo diferente: trabajar en portugués, un lenguaje que no domina, con actores no profesionales. “Los chicos no tenían ninguna experiencia dramática, nunca habían hecho nada antes. Creo que ni siquiera fueron nunca a un cine”, dice y hace una pausa. “Eran muy indisciplinados.” Trabajando con el director teatral brasileño Christian Duurvoort, Daldry explicó minuciosamente la historia a los chicos durante meses, permitiéndoles “apropiarse” de ella a medida que improvisaban cada escena. “Una enorme cantidad de temas relacionados con la Justicia vino de ellos. Tienen un fuerte sentido de la moralidad, de lo que quieren que sea Brasil, y un profundo odio hacia la policía. Muchos de ellos perdieron miembros de su familia a manos de policías, y tienen un sincero sentimiento de furia hacia la corrupción, que sienten que existe no sólo en la policía sino también en sus comunidades locales y en las figuras del gobierno.”

A pesar de su excelente trabajo con los chicos, Trash es la primera película en la carrera de Daldry que no compite por algún Oscar. Nominado tres veces como director –por Billy Elliott, Las horas y El lector–, Daldry también tuvo nominaciones a la Mejor Película por las últimas dos y por su hasta ahora último film, el drama Extremely Loud & Incredibly Close, sobre el post-11 de septiembre. Es un record destacable para cualquiera, sobre todo si se tiene en cuenta que además Nicole Kidman (Las horas) y Kate Winslet (El lector) se llevaron las estatuillas a la Mejor Actriz.

Luego de dirigir la exitosa producción del West End londinense Skylight (de David Hare, con Carey Mulligan), Daldry llevará el show a Broadway, donde también presentará The Audience, obra de Peter Morgan protagonizada por Helen Mirren como la reina Elizabeth II, que ya dirigió en el Gielgud Theatre. El show luego volverá a Londres, con Kristin Scott Thomas en el rol protagónico. Pero no sorprende que Daldry también se haya volcado a la televisión: en breve comenzará a dirigir The Crown, una serie en diez capítulos para el sitio de streaming Netflix. “Es la mayor serie que hayan hecho”, dice. Nuevamente escrita por Morgan, está relacionada con su experiencia en The Audience. De manera similar, se enfocará en los encuentros entre la reina y sus primeros ministros, aunque la primera temporada se centrará en retratar la relación de la monarca recién coronada con Winston Churchill.

“No es algo que siempre haya querido hacer”, admite, aunque parece un paso natural para alguien que está firmemente dedicado a su carrera desde la adolescencia. Nacido en Dorset, hijo de un gerente de banco y una cantante de cabaret, dice que “siempre, desde la escuela, quise ser director, y soy muy afortunado de estar haciendo lo que ya a los 15 años sabía que quería hacer”. Ganó una beca para la Universidad de Sheffield, donde integró la compañía estudiantil de drama; empezó la carrera profesional en el Sheffield Crucible. Luego de dirigir el Gate Theatre en Notting Hill y el Royal Court –todo antes de los 40 años–, alcanzó el primer gran éxito en 1992 con la resonante puesta de Un inspector llama, de J.B. Priestley, por la que ganó el premio Laurence Olivier y, cuando pasó a Broadway, el Tony. El escenario estaba diseñado por Ian McNeil, con quien llevaban cuatro años de una relación de trece; Daldry después sorprendió a todos casándose con la artista Lucy Sexton, en 2001. Desde entonces tuvieron una hija biológica, Annabel, aunque su modo de vida, repartido entre Londres y Nueva York, hace que compartan sus hogares con otros, incluyendo a su segunda “hija”, Louise, y su madre, amiga de la familia.

El tiempo de Daldry en Nueva York se repartirá ahora entre el Consejo que dirige el ambicioso proyecto Pier 55, un parque diseñado por el inglés Thomas Heatherwick sobre pilares en el río Hudson. Luego concentrará la atención en Wicked, su próxima película. Al estilo de su producción de las exitosas ceremonias de apertura y cierre de las Olimpíadas y Paralimpíadas de Londres 2012, Daldry tiene un ojo especial para el espectáculo más grande que la vida. Mezclar el cine y el teatro de este modo puede ser quizá su proyecto más acabado. “Los dos son muy diferentes –dice–, pero siempre amé vivir en ambos mundos.”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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“No hay vacaciones para mí”, reconoce Daldry, el realizador más ocupado del presente.
 
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