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Miércoles, 10 de junio de 2015

CINE › OLIVIER ASSAYAS HABLA DE EL OTRO LADO DEL éXITO, QUE SE ESTRENARá AQUí MAñANA

“Estudié la intimidad de una celebridad”

El director de Irma Vep y Carlos vuelve a hacer referencia al mundo del cine en el film protagonizado por su compatriota Juliette Binoche. “Quería hacer una película sobre el paso del tiempo y lo que eso representa para una actriz madura”, confiesa.

 Por Etienne Barjot

Irma Vep, la película que a fines de los ’90 consagró internacionalmente Olivier Assayas (París, 1955), trataba sobre el mundo del cine, con montones de referencias a films y personajes reales, y asociándolo con el vampirismo. Clouds of Sils Maria, que compitió en la edición 2014 del Festival de Cannes, vuelve a meterse entre los pliegues de ese mundo. En ella, el realizador de la extraordinaria Carlos (2010) y la excelente Las horas del verano (2012) retoma las referencias y alusiones pero haciendo hincapié en el paso del tiempo, tan deletéreo como la pérdida de sangre para una gran estrella femenina en la frontera de los ’50. Teniendo en cuenta que el papel de la estrella lo hace Juliette Binoche, está claro que Assayas ha decidido jugar fuerte al juego de espejos. Hablada en inglés y parcialmente en francés, Clouds of Sils Maria se estrenará en la Argentina este jueves, con el título El otro lado del éxito.

Frente a la étoile del cine de arte internacional (recordar sus papeles para Abbas Kiarostami y Hou Hsiao-hsien) aparecen dos competidoras en ascenso, provenientes del cine mainstream del otro lado del Atlántico. Una es, faltaba más, Kristen Stewart, a quien la serie Crepúsculo convirtió en celebrity instantánea. La otra, Chloe Grace Moretz, que tras llamar la atención con su papel de niña karateca en Kick-Ass ya actuó bajo las órdenes de Scorsese en La invención de Hugo Cabret, y del últimamente cascoteado Tim Burton en Sombras tenebrosas. A partir del momento en que el personaje de Binoche le pide a su asistente, Kristen Stewart, que ensaye junto a ella el papel de Moretz –que en una próxima producción será su contraparte y posible némesis– los espejos se multiplican y se quiebran.

–¿Qué relación hay entre Juliette Binoche y su personaje, que se le parece mucho?

–Diría que es una relación especular. Maria Ender, su personaje, es una actriz europea reconocida internacionalmente, y en ese sentido ella y Juliette se parecen. De allí en más, no necesariamente. Maria Ender es una mezcla de lo que sé de Juliette, lo que fantaseo sobre ella, y también de cómo ella se ve a sí misma y a su condición de actriz famosa.

–Ustedes se conocen desde hace tiempo.

–A mediados de los ’80 escribí el guión de Apasionados, de André Téchiné (Rendez-vous, 1985), que fue la película que la consagró. También para mí esa película representó un crédito, al punto de que debuté como realizador al año siguiente.

–Mucho más tarde usted le dio un papel en una de sus películas.

–Sí, en Las horas del verano. Pero era un papel entre varios, en un film de protagonismo coral. De hecho, El otro lado del éxito comenzó con un llamado de ella, que me planteó por qué no hacíamos una “en serio” (risas). Entonces me planteé escribir un personaje que fuera un reflejo de su persona. Maria Ender puede verse también como un diálogo entre la persona que ella es y la que el público imagina que es. Y a mí me da la posibilidad de estudiar un poco la intimidad de la celebridad.

–¿En qué medida el personaje de Maria no lo refleja también a usted?

–Ella va y viene entre las grandes producciones internacionales y proyectos que representan algo más personal. Yo, cuando filmé en inglés (los thrillers conspirativos Demonlover, 2002, y Boarding Gate, 2007; la propia Irma Vep si se quiere; Carlos), no se trató proyectos de encargo sino productos de un deseo personal de abrir un diálogo con el cine de género, tal como lo estableció el cine estadounidense. Más allá de esas diferencias, es verdad que toda producción internacional representa una presión distinta en términos económicos, de elenco, de inversión, y en ese sentido puede ser que haya volcado algo de mi propia experiencia en el personaje.

–La protagonista tiene apellido alemán, y la obra que ensaya con su asistente recuerda a Las amargas lágrimas de Petra Von Kant, de Fassbinder. Se sabe que usted es un realizador cinéfilo. ¿La coincidencia es deliberada?

–Totalmente, hasta el punto de que lo primero que pensé fue usar diálogos textuales de la película de Fassbinder. Pero no quedaba bien, así que opté por reescribirlos. Fassbinder fue siempre una inspiración para mí, un modelo.

–El lado oculto del éxito desarrolla varias líneas: la oposición entre la star europea y la ascendente estrellita del mainstream estadounidense, la relación entre cine y teatro, y cine y escritura, el conflicto entre lo íntimo y la cultura de la celebridad. ¿Cuál de todas diría usted que es la línea dominante?

–Quería hacer una película sobre el paso del tiempo y lo que eso representa para una actriz madura, que empieza a preocuparse con el asunto. De alguna manera, era mi forma de decirle a la propia Juliette que esas cosas son manejables, no tienen por qué ser un peso. También quería mostrar la clase de cosas concretas con las que un actor famoso debe luchar cotidianamente: los llamados continuos, las preguntas sobre toda clase de nimiedades, tener que resolver montones de detalles que no hacen al corazón del oficio. Por eso todos los llamados del comienzo, en el tren, los planos detalles sobre los celulares.

–El diálogo que usted suele buscar, entre el cine francés y el internacional, se hace literal aquí, en la oposición entre los personajes de Binoche y Kristen Stewart. ¿Qué lo llevó a optar por la protagonista de la serie Crepúsculo?

–Que Kristen es mucho más que la protagonista de Crepúsculo (risas). Siempre tuve admiración por ella, creo que puede hacer más o menos lo que quiera. Pero además elige. No hace sólo películas mainstream sino cine indie. Toma riesgos, prueba, y eso fue lo que hizo cuando aceptó este papel, que implicaba pasar dos meses en medio de las montañas, en Leipzig, lejos de todo y sin posibilidades de volver a casa a pasar el fin de semana. Aceptó el ofrecimiento porque le daba la oportunidad de estar dos meses con Juliette, que es un espejo en el que a ella le gustaría reflejarse.

–Otro espejo...

-¡Sí, está llena de espejos esta película! (risas).

–Lo curioso es que el protagonista de su próxima película es Robert Pattinson, el galán de Kristen Stewart en Crepúsculo.

–La diferencia es que El otro lado del éxito la produje en los mismos términos que todas mis películas previas, con un presupuesto acotado, tanto como los tiempos de rodaje. Mientras que Personal Shopper, que es el título de la próxima, se produce con capitales estadounidenses. Lo cual me tiene un poco inquieto, debo confesarle. Hay que mantener reuniones con gente de negocios, contadores, banqueros, abogados... La clase de tipos con los que no pasarías ni cinco minutos. No quiero perder tiempo con esa gente, así que estoy buscando la forma de hablar sólo con el productor de la película y nadie más.

–¿Qué lo lleva a embarcarse en esta clase de producciones internacionales?

–La idea es establecer un diálogo con el mundo contemporáneo, sea en el idioma que sea y filmando donde sea. Creo que el cine francés, en su conjunto, no mantiene ese diálogo. Me parece, con un par de excepciones, un cine aislado.

–¿Cuáles son para usted esas excepciones?

–Claire Denis y Arnaud Desplechin, realizador de Reyes y reina, son dos de los pocos cineastas franceses que logran esa sintonía con el presente del mundo.

Traducción, edición e introducción: Horacio Bernades.

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Assayas quiere dialogar con el mundo contemporáneo, más allá del idioma y el lugar de sus films.
 
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