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Miércoles, 8 de junio de 2016

CINE › ANDREA TESTA Y EL DOCUMENTAL PIBE CHORRO, QUE SE ESTRENA MAñANA

“Hay un sistema que cambiar”

Después de La larga noche de Francisco Sanctis, la ópera prima co-dirigida con Francisco Márquez que presentó en Cannes, la cineasta indaga en este documental en la mirada social que se construye sobre el “delincuente”.

 Por Oscar Ranzani

El mes pasado Andrea Testa y Francisco Márquez fueron noticia porque su ópera prima, La larga noche de Francisco Sanctis, fue la ganadora de la Competencia Internacional del 18º Bafici y también formó parte de la prestigiosa sección Un Certain Regard del Festival de Cannes. Casi paralelamente a La noche..., Testa realizó el documental Pibe chorro, que se estrena mañana en el Espacio Incaa Gaumont. Para conocer la génesis de este film hay que remontarse a 2010. Por aquel entonces, la cineasta se sentía afectada por la construcción mediática que había sobre los jóvenes en situación de vulnerabilidad social y por cómo se alimentaban los prejuicios y los estereotipos del “pibe chorro”. Testa se acercó a dos amigas que militan en un partido político, pero fundamentalmente lo hizo porque son trabajadoras sociales. La idea era hacer un taller de video con un grupo de chicos del barrio 22 de Enero, de La Matanza. “Habíamos empezado actividades con los chicos como jugar con las cámaras y hacer un mural. Terminó el año y uno de los chicos falleció”, cuenta la directora acerca de Gaby, quien fue asesinado por una banda de pibes de una villa cercana. “Ahí sentí que la realidad me estaba golpeando y que, entonces, sí tenía que hacer una película sobre este tema. Ahí empezó otro recorrido”, relata Testa.

Algo que distingue a Pibe chorro es que no muestra a los jóvenes que son así catalogados. Más que detenerse en los pibes que delinquen, el film indaga en la mirada social que se construye . Sólo en algunas oportunidades se vale de recursos visuales como una TV en la que uno de ellos habla. El documental cuenta con la participación del poeta y dramaturgo Vicente Zito Lema (que le aporta una mirada personal al tema); la psicóloga social Silvia Viñas, docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos y Coordinadora General de Barrilete Cultural; la socióloga Ana Laura López, docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos; el abogado Gustavo Gallo, defensor de niños, niñas y adolescentes; la militante político-social Mecha Martínez, y Damián Quilici, un artista vinculado al stand up, la filosofía villera y la cumbia. Pero Pibe chorro no es un documental del estilo cabeza parlante porque no tiene el típico formato de entrevistas a cámara.

–¿Más que un documental sobre los chicos marginados se propuso indagar en la mirada social que se construye sobre ellos?

–La película cambió porque hablando un poco metafóricamente la voz de ellos ya no estaba. Y yo me pregunté: ¿Busco a otro grupo de chicos, emparcho esto y hago una película o me hago cargo que la realidad misma me indica que este chico murió y ya no puede hablar? Y en ese silencio y en esa ausencia empezamos a indagar acerca de qué hacemos como sociedad, qué mundo estamos construyendo, como una responsabilidad político–social. Se pone en debate si hay que bajar la imputabilidad, y todo el tiempo se discuten las acciones de ellos como algo separado e individual. Y no es así.

–¿Cree que la mirada estigmatizadora que hay sobre los jóvenes marginados responde a un odio de clase? Porque la película muestra cómo los discriminan aunque no roben...

–Sí, claramente hay una lucha de clases, tiene que ver con el cuidar cada uno su quintita. Creo que en ese caso Pibe chorro dialoga un poco con La larga noche de Francisco Sanctis. Nos preguntaban por qué hacer otra película de los 70. Y... porque la lucha de los 70, esas ideas y esos cuerpos desaparecidos luchaban por un mundo distinto, por transformar este sistema. ¿Por qué nos olvidamos de eso? Hay un sistema que cambiar. Hay una lucha de clases y está la necesidad de construir a un otro peligroso que hay que encerrar porque “va a desestabilizar mi mundo cotidiano, mis cosas, mi propiedad”. La película habla de la violencia que es constitutiva de este sistema. No es la violencia que ellos generan sino la violencia que generamos sobre ellos.

–En ese sentido, el film da cuenta de que en la sociedad está incorporada la mirada lombrosiana que saca conclusiones a partir del aspecto físico de quienes no tienen asegurada una vida como cualquier persona integrada al sistema...

–Sí, eso se ve ya desde el título: Pibe chorro. Hemos debatido en el equipo si ese tenía que ser el título de la película por la famosa frase “Ningún pibe nace chorro”. Y decir “Pibe chorro” era un modo de etiquetar. Me hago cargo de que estamos etiquetando pero si ven el documental la idea es romper esa imagen.

–¿Por qué decidió incorporar poesías alusivas de Vicente Zito Lema? ¿Qué efecto buscó al abordar de manera abstracta el tema en este caso?

–Primero, tomamos la poesía de él como conductora de su pensamiento. Y tomando su poesía era inevitable intentar llegar a una imagen poética. No sé si es el resultado que imaginé. Creo que ahí se respira algo pero era muy difícil llevar la poesía a la imagen. Como equipo quisimos hacer un documental que también nos atravesara sensorialmente, que pudiera ser contundente desde ese lugar. Si bien hay mucho discurso en la película intentamos que fuera tratado desde otro lugar, no con entrevistas clásicas. No queríamos hacer un documental clásico.

–Si bien el film no plantea una solución a esta problemática, ¿pensaron al hacerlo cómo se puede trabajar socialmente para que “ser pobre” no signifique “ser peligroso” o, en realidad, están interpelando al sector social que piensa de esa manera?

–En principio, la idea era interpelar al sector social que piensa de esa manera. No sé qué alcances reales puede tener nuestra película dos semanas en el Gaumont y listo. No llega a los grandes cines ni a una población más de clase media o alta. Quizás llegue a espectadores más satélites que no hayan conseguido entradas para ver El hilo rojo y entren a ver Pibe chorro. No creo que los llame de por sí. Ojalá el documental empiece a tener un vuelo propio y que llegue, de alguna manera, a esas personas. Por otro lado, con respecto a la otra parte de su pregunta, sí interesa mucho y nos están pidiendo la película sectores que trabajan muy de cerca la problemática: bachilleratos populares, escuelas secundarias, trabajadores sociales, psicólogos. Se va a dar en el ámbito profesional y barrial porque también están interesadas algunas organizaciones políticas. Darla en un circuito paralelo es también una intención: que sirva para el debate.

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La película de Testa se verá desde mañana en el Espacio Incaa Gaumont.
Imagen: Leandro Teysseire
 
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