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Jueves, 18 de enero de 2007

CINE › “EL CAZADOR DE WOLF CREEK”, DIRIGIDA POR GREG MCLEAN

El viaje juvenil menos soñado

 Por D. B.

Grupo de jóvenes de vacaciones se enfrenta a un asesino suelto con ganas de despanzurrarlos uno por uno. Así planteadas las cosas, la ópera prima del australiano Greg McLean puede espantar al más duro de los seguidores del cine de terror. La buena noticia es que hasta la más convencional de las historias puede transformarse en una refrescante bocanada de aire fresco, siempre y cuando sobren ganas de hacer algo diferente y se posea ese algo inasible llamado talento. Más aún cuando el film en cuestión pertenece a un género que no está pasando precisamente por su momento más estimulante.

El cazador de Wolf Creek no se corre mucho de la línea temática de títulos como El loco de la motosierra (el extraordinario tour de force dirigido por Tobe Hopper que este año cumple ya 33 años), sin dudas una de las películas de terror más influyentes de la historia del cine. Aunque en este caso el Medio Oeste de los Estados Unidos, con sus gasolineras polvorientas y hillbilies homicidas es reemplazado por el interior profundo australiano, con otras gasolineras igual de polvorientas y un baqueano de la zona, cazador de alimañas para más datos, tan peligroso como su par americano.

Utilizando un extensivo y pictórico registro de rutas desérticas y extraños paisajes reales como telón de fondo para la historia, el realizador (ayudado, por supuesto, por su director de fotografía) establece un logrado tono hiperrealista para un relato que no posee ni una pizca de elementos fantásticos: el criminal podrá ser un demente, pero se encuentra a años luz de la raza de inmortales asesinos enmascarados de la cual el género ha sabido hacer uso y abuso. A partir del momento en que las dos muchachas y el joven protagonistas terminan su período de vacaciones en la playa, iniciando un extenso retorno a sus hogares con un automóvil desvencijado, la extrañeza y el horror de lo real comienzan a adueñarse de sus vidas. Durante la primera hora de proyección, McLean va preparando el terreno para lo que vendrá, centrándose en detalles nimios de los personajes y su vida en la carretera, acercando apenas algunos indicios ominosos. Algo impensable para los esquemas industriales del horror hollywoodense, donde los sustos y las muertes parecen cronometrados con un segundero.

Luego los viajeros serán ayudados por su futuro victimario, disfrazado de amable e inofensivo parroquiano, y allí el último tramo del film pisa el acelerador y acerca al espectador algunas pequeñas delicias del suspenso cinematográfico. Con referencias a múltiples films de los últimos treinta años –el cinéfilo podrá rastrear algún contacto con The Hitcher (1986, de Robert Harmon) e incluso con el debut de Steven Spielberg, Reto a muerte (1971)–, El cazador de Wolf Creek ofrece su dosis de sadismo, violencia y gore, aunque estos elementos resultan extrañamente púdicos, en parte quizás por la acertada decisión de utilizar la mirada subjetiva de las víctimas durante los momentos más viscerales. Que el film esté basado en un caso policial real es lo de menos, aunque su final, extraño y algo anticlimático, permite cuestionarse seriamente la posibilidad de hacer un viaje de placer al desierto australiano. Por las dudas, una vez allí, salga a la ruta con un rifle y una copia de la película en la guantera.

6-EL CAZADOR DE WOLF CREEK

(Wolf Creek, Australia, 2005)

Dirección y Guión: Greg McLean

Fotografía: Will Gibson

Montaje: Jason Ballantine

Música: Frank Tetaz

Intérpretes: John Jarratt, Cassandra Magrath, Kestie Morassi, Nathan Phillips, Gordon Poole.

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